Martina me había dejado sorprendida. La encontré en el piso que compartimos con Laura, compañera nuestra de la universidad. ¿Cómo la encontré? Haciendo el amor con su novio, Christian. ¿Y donde hacían el amor? En mi cama, que mide como una de matrimonio (bueno, en realidad, es una cama de matrimonio, pero como me muevo mucho, necesito camas grandes desde que era pequeña).
Estaban tan ocupados en su coito, que ni siquiera se dieron cuenta de que yo les había visto. Pensé llamar a Laura,...
pero se había ido con unos amigos y amigas de fiesta, y tras los sábados de fiesta y alcohol nunca vuelve hasta bien entrada la noche del domingo (a veces me pregunto en que tipo de orgías debe participar). Había salido a las seis, con una maletita llena de maquillaje y ropa de fiesta, y ahora eran las siete y cuarto. Vagué por las calles de Barcelona, y me senté en un banco a esperar a… hhm, a nada, supongo.
Laura (una ninfómana de tres pares de cojones) y Martina (nacida en Argentina. Experimento que salió rana, ya que a ella le encanta el placer sexual, y sus padres son unos católicos beatos que reniegan de ella por eso), se burlaban de mí porque tenía veinte años y aún era virgen. La razón: nunca he tenido novio, nunca he ido a una puta discoteca y mi madre me advirtió sobre los tíos y los peligros de enrollarte con ellos (tenías toda la razón, mamá: Laura se ha vuelto una alcohólica semi-drogadicta por follar en orgías y Martina ha tenido por lo menos 35 novios en dos años y necesita echar veinte polvos al día). No es que sea una católica sumisa (ni siquiera soy católica, cuanto menos sumisa), pero con los tíos hay que tener cuidado, mucho cuidado.
-¡Hey, Clara! –dijo una voz masculina. Me giré y vi a Alex, el mejor amigo de mi hermano y el hijo de un socio de mi padre. Nos conocemos de toda la vida. Tiene 25 años y es médico en el Taulí, aunque vive en Barcelona. También podría decir que tiene el pelo rizado y negro, los ojos de color oscuro y es moreno de piel. Cuando era más pequeño le llamaban marica, porque es un chico de nariz respingona, ojos grandes y labios carnosos, pero desde que se folló a todas las chicas de su clase en 1º de bachillerato, nadie se ha vuelto a meter con él (eso me lo ha explicado mi hermano, Marc).
-Hola Alex.
-¿Qué haces aquí? –me preguntó sentandose a mi lado. Yo le miré con resignación.
-Nah, lo de siempre: llego a casa después de un terrible día peleando con geometría y mates y me encuentro a una compañera de clase cabalgando sobre su novio en mi cama y gimiendo como una fulana choni.
Él se rió, pero me di cuenta que estaba más pendiente de mis pechos que de mi explicación.
Como soy… a ver, mido 1,70, cosa que muchas mujeres pueden envidiar, soy muy delgadita, tengo unas tetas de la talla 90 redonditas, bien puestas y con los pezones muy pequeñitos y rosados, un culo no muy exagerado, más bien normal tirando para pequeño, los ojos castaños, la piel blanca y el pelo largo, castaño cobrizo y liso, muy liso, con flequillo recto. Tengo unos labios perfiladitos y algo carnosos y la nariz respingona y pecosa.
-Guau, lo que no te pase a ti… ¿y a tu hermano? ¿Qué tal le va en Alemania?
-Bien. Ha conocido una tal Elke y se han comprado un dúplex en Berlín. Ella es maestra. Y mi hermano… ya sabes: médico.
-Bueno… ¿vas a ir a tu casa? Si quieres te llevo en coche.
-Mmmm… no gracias, creo que dormiré en un hotel. Seguro que mi compañera de piso y su novio me han manchado las sábanas y no tengo ganas de dormir allí.
-Mujer, para eso, ven a mi casa. Tengo un sofá cama. Podrias dormir alli… -me propuso. Tras unos cuantos ruegos, acepté, ingenua de mí, que no sabía que podía pasar. Le envié un mensaje a Martina con el móvil. Eran las ocho.
ola wapa sta noxe dormire fuera, en csa d 1 amigo. saluda a chris d m parte
bss martina,
clara
Después entré en el coche de Alex, un todoterreno carísimo de color metal. Durante el trayecto (que duró una hora, gracias a el tráfico horroroso de la City), me rozó la pierna varias veces, y cuando estábamos delante del portal, me besó, primero tímidamente y solo con los labios, y después apasionadamente y con lengua. ¿He dicho ya que a mis 20 años aún no había besado a nadie?
Total, que llegamos a la cama de Alex sudorosos y entrelazados en un mar de caricias y besos. Me dio un último beso en la mejilla, y cuando pensaba que todo acababa ahí, sus labios se deslizaron lenta y dulcemente hacia mi cuello. Gemí de placer cuando me quitó la camisa, y el gimió de placer cuando le desabroché los pantalones. Me desanudó el sujetador con suavidad, y yo le quité la camiseta. Me bajó las braguitas y yo le bajé los calzoncillos. Ya desnudos, nos acostamos en la cama. Entonces, él se echó a un lado y empezó a acariciarme. Yo gemía con los ojos cerrados y el suspiraba con delectación. Empezó a acariciar sutilmente mis pechos, rozando con las yemas de los dedos mis pezones erectos. Luego, bajo por la barriga, se saltó mi vagina y empezó por las piernas y los muslos. Al cabo de unos tres minutos, acarició mi clítoris y me besó en los labios. Paseó sus dedos por mis labios vaginales hasta llegar a mi agujerito. Metió el dedo índice y sentí como una especie de capa protectora se rompía. Abrí los ojos y me miró, extrañado.
-¡¿ERES VIRGEN?! –preguntó. Yo asentí, y volví a cerrar los ojos. Masajeó mi clítoris rítmica y dulcemente, extasiado y excitado ante la idea de desflorar a la dulce e inocente (error: sarcástica y perspicaz) hermana pequeña de su mejor amigo. De la mesilla de noche extrajo un condón que se colocó en el miembro, que era bastante grande, y empezó a lamer con suavidad mi vagina, pegando lametones a mis labios vaginales, jugando con mi clítoris y penetrando con su lengua mi vulva. Cuando se disponía a penetrarme con su pene en la postura del misionero, le quité el condón.
-Soy mayor de edad: puedo comprar la pastilla. No hace falta hacerlo con protección.
Alex no meditó y asintió. Antes de que pudiese penetrarme, me arrodillé ante él y tomé su pene entre mis manos. Me metí lo que pude en la boca, y después lo saqué. Empecé a hacer círculos con la punta de la lengua en el glande.
-Joder, Clara, joder… hostia puta, Clara… -gemía Alex. Le miré a los ojos con carita de niña inocente, y se excitó aún más. Chupé el pene de Alex y lo lamí hasta la saciedad. Entonces, Alex me tumbó sobre la cama y me penetró. Dolió. Durante un cuarto de hora dolió. Pero el resto fue placer. Me penetraba violenta y rápidamente, mientras yo gritaba y gemía. Empezó a pellizcarme los pezones, causándome placer. Luego, me los retorció. El mete-saca era más rápido y profundo que nunca.
-¡Mmmmh, si, Alex, sigue así!
-¿¡Te gusta, eh, zorra!? ¡Pues toma, puta de mierda!
Con la mano izquierda me pellizcaba los pezones y me los retorcía, y con la derecha, restregaba mi clítoris fogosamente. Me corrí, llegada ya al orgasmo. Y él también. Sentí su leche, abundante y cálida, dentro de mí, resbalando por su polla. Entonces, se le cruzaron los cables. Dejó de penetrarme, me ató a la cama con unas corbatas suyas y se corrió en mi boca.
-Toma, guarra asquerosa. Bébete la leche de tu amo.
Y a mi, que me ponía cachonda que me diese órdenes de esa manera, obedecí, tragándome su semen. Salió de la habitación, no sin antes haberme limpiado de semen. Volvió cuando yo estaba medio dormida, junto con un amigo suyo.
-Hola, pequeña zorra… -me dijo Alex con una siniestra sonrisa. El otro tío se dejó ver y me quedé pasmada: era Marc, mi hermano.
La pregunta es: ¿que hacía Marc allí?
¡CONTINUARÁ!
Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar
Registrate Aquí





© RelatosEroticos.com 2010 Relatos Eroticos no tiene vinculación alguna con los links exteriores , y se exime de toda responsabilidad respecto a sus contenidos. Web para uso exclusivo de adultos. Todos los relatos de RelatosEroticos.com son enviados por los navegantes y usuarios de la web.