Tu web de Relatos Eroticos de Sexo con Maduras

Relatos Eroticos

Doña Marta

Enviado por LuchoKafka00 el 30/8/2010

Ingreso de Usuarios Disfruta del mejor contenido erótico ahora mismo !!

REGISTRARME !!
Buscar Relatos

Búsqueda Avanzada
Leer Relato Erótico
Doña Marta Publicado el 30/08/2010, por: LuchoKafka00

Después de la cena, nos dispusimos a jugar a las cartas, doña Marta, don Humberto, Sebastián y yo. La noche transcurrió en un abrir y cerrar de ojos. Don Humberto ya cansado de la semana de trabajo, cabeceaba de a ratos y no prestaba atención al juego. Sebastián envuelto y ansioso por ganar la jugada no llevaba interés por la actuación de su madre. Doña Marta voluptuosa, daba a cada movimiento, acrobacia sin sentido alguno. Hasta que, de su sincera y desaforados contoneos, me di cuenta que...

Cams XXX Reales Online

traía algún juego entre manos. Don Humberto cabizbajo dio el primer batacazo con chinchón a lo que quedamos todos sin ninguna oportunidad de ganar. Volvimos jugar otra partida pero fui más precavido a Sebastián y por supuesto a don Humberto. Con intención de

proponerme a calentar a doña Marta, propuse que cambiáramos de lugares. En principio, don Humberto refunfuño y contempló como doña Marta con una mirada de hiena le adjudico el asiento a mi lado, justo frente a su hijo. Ella muy astuta, me miro inquisitivamente, como celebrando su cometido. Tomó las cartas y empezó a mezclarlas como si fuera un crupié profesional. Don Humberto cada pasada de cartas, con indirectas repelía a su hijo que no hiciera trampa. Doña Marta habría como abanico las cartas y nos miraba por arriba de reojo. En la sexta vuelta don Humberto cortó con menos diez, pero por su desgracia el resto ya teníamos juegos armados. Ésta vez me tocó a mí barajar las cartas. Una vez que ya hubieron estado las cartas sobre la mesa, doña Marta con un movimiento dudoso e hizo deslizar una de mis carta por debajo de la mesa. Sebastián con educación le dijo a su madre: ¿que hacía, porqué había tirado la carta? Yo me interpuse y les dije que no era para tanto. Bajé a recogerla y miré confundido la entrepierna de la mamá de mi amigo. Creo fueron segundos, pero para mí fue una eternidad. Su pelada concha dejaba descubrir los labios de su vagina. Cuando volví a mi posición, doña Marta me acechaba en cada jugada. Sin que lo previera sentí los pies de la señora en mi bragueta. Me sonrojé y la contemplé y me dio una señal como diciendo que me callara. Frotaba sin cesar con sus piececitos hermosos. De a rato observaba sus dedos prolijos y pintados de color rojo sangre. Mi verga estaba que estallaba. A cada momento presionaba con más firmeza. Esta vez le tocó ganar a Sebastián. Cortó la jugada y con un gritó dijo: ¡Gané! Doña Marta me guiño un ojo y ordenó a su marido que ya era tarde y que se fuera a dormir. Lo mismo le indicó a Sebastián. Por lo que Sebastián preguntó: ¿Y él dónde duerme? Sin duda, se refería a mí. Vos quédate tranquilo que le preparo la habitación de tu hermano que hace bastante tiempo que no se usa. Lo dijo muy tranquila. En la habitación, doña Marta extendió la sabana y acomodó una pequeña almohada. En ese momento no me percaté como estaba vestida. Llevaba un vestido suelto hasta las rodillas y unas pantuflas de terciopelo rosa. Cada movimiento dejaba ver la diminuta ropa interior. Yo tragaba saliva y contemplaba a la mamá de mi amigo. De un giro, me tapó la boca con una la mano y con la otra me frotaba la verga. Entre susurros me dijo: ¡Ahora vengo! Escuché ruido en el baño y pasos que iban y venían. Advertí las buenas noches a Sebastián y doña Marta se paró en la puerta como una leona. El vestido se traslucía con las luces del pasillo. Me preguntó si tenía frío y le contesté que sí. Llamó a su hijo y no obtuvo respuesta alguna. Desapareció y volvió con una manta. Me cubrió con la sabana y la manta. Apagó una de las mesa de noche y quedó el ambiente en penumbras. Me miró y sonrió. Se arrodilló me frotó la verga y empezó a chuparla desenfrenadamente. Me la estiraba como si fuera a arrancármela. Temí que entrara mi amigo. Pero ella seguía obsesionada. Le dije que en cualquier momento terminaría. La mamá de mi amigo me dijo que esperase, que iría a ver a su marido y su hijo. Cuando regresó parecía una gata en celo. De un tirón corrió la sabana y la manta, se subió arriba y me agarró la verga y se metió en la concha ya lubricada. Emitía ademanes consecutivos y violentos. Bajaba y subía con una rapidez que creí que no duraría tanto. Me susurraba al oído. ¿Te gusta? ¿Te gusta que te coja así? Lo decía con vos entrecortada. Sí afirmaba nervioso. Sí así me gusta. Ahora te toca vos, me dijo con entusiasmo. Se arrodilló en la cama en posición de perrito. Me paré de detrás y tomó mi verga y se la metió bien adentro de la concha. Creo que fue la primera vez que duré tanto tiempo. Me quedaba quieto, parado, y ella hacia sus ademanes hacía mí. Cada contacto emitíamos chasquidos. Sin embargo por la experiencia de ella, sé dio cuenta de que terminaría. Salió y empezó a sobar mi verga. Tragó toda la leche sin dejar nada en el glande. Se limpió con una remera y se fue como si no hubiese ocurrido nada. No medí cuenta en que momento quedé dormido, pero fue un una situación bastante riesgosa.

Calificación: 5 | Votos: 1
Categoría: Sexo con Maduras | Comentarios: 0 | Visto: 20385 veces

Últimos Comentarios Agregados
No hay comentarios para este relato

Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar
Registrate Aquí