Mi hijo me avisó que esa tarde iba a traer a casa a sus amigos Maximilian y Alejo para hacer un trabajo práctico para la escuela. Los dos chicos vinieron como a las 4 de la tarde, se la pasaron hablando de compañeras del curso, pero terminaron de escribir el trabajo de filosofía que tenían que hacer. Luego de que finalizaron les ofrecí algo para tomar y unas galletitas que tenía. Los dejé hablando y me fui al patio a terminar con algunas tareas hogareñas que tenía.
Los padres de...
Maximilian son alemanes y vinieron al país cuando él tenía tres años. Habla bien castellano, pero el acento es muy marcado. Es un chico serio, alto, rubiecito y de ojos celestes. Realmente es muy apuesto. Alejo, el mejor amigo de mi hijo, es flaco, alto y tiene el pelo castaño oscuro, si no se lo ve a la luz del sol uno podría decir que es morocho. También es bonito aunque conserve los rasgos un poco más aniñados.
Volvía a entrar a la casa y me fui a bañar. Cuando estaba enjabonándome sonó la puerta y era mi hijo porque Maximilian tenía muchas ganas de orinar. Entró y escuché el pshhhhhh. La cortina estaba apenas corrida y me hice la distraída para poder verlo, sinceramente reconozco a mis 43 que me calentó uno de 18. El miraba para abajo cómo caían las últimas gotas. Su pene estaba totalmente flácido y el tamaño me pareció normal. Giró la cabeza y apagué la ducha. No dijo nada y salió.
Cuando salí del baño los dos chicos ya se habían ido. Una compañera del trabajo me había invitado a tomar algo para festejar su cumpleaños en un bar que hay en el centro. Le avisé a mi hijo Tomás y me dijo que estaba cansado y que no iba a salir ese sábado a dar vueltas con sus amigos, se quedaba en casa.
A la noche llegué al bar, tomamos unas cuantas cervezas y nos reímos mucho. Ya eran las tres de la mañana y la mesera no venía con la cuenta así que la fui a buscar a la barra. De camino veo que en una de las mesas de pool estaban jugando Maximilian y Alejo. Me acerqué a saludar y Maximilian me dio un abrazo, lo cual me pareció bastante raro, y me agradeció lo bien que lo había tratado esa tarde, lo cual también me pareció raro. “Te gustó que hayamos ido a tu casa porque no paraste de mirarme ¿Te calentaste un poco?”, dijo. Me alejé y le contesté que estaba ebrio y que tuviera un poco de respeto.
Alejo enseguida pidió disculpas y yo seguí a la barra. En ese momento imaginé que se había dado cuenta de que lo miré en el baño. Pedí la cuenta y mientras regresaba a la mesa, Alejo me dice que se habían quedado sin plata y que si podía prestarles algo para volver en taxi. Como ya estaba por irme, y sus casas quedan de camino, le dije que se volvieran conmigo.
Salude a las chicas de la mesa y nos fuimos los tres. Nadie emitió palabra en las 15 cuadras que hay hasta la casa de Alejo. Se bajó y le dije que se quedara tranquilo que lo iba a llevar a Maximilian a su casa. Ni bien Alejo cerró la puerta de entrada, Maxi pasó del asiento de atrás al de adelante. Arranqué y me puso la mano en la pierna. Lo miré fijo y le dije que no se equivocara.
- “Está bien. Prometo no decir nada si me das un beso”.
- “Estas loco?”
- “Si me das un beso prometo que nunca más te voy a molestar”
Dudé dos segundos y le dije que no. Acercó su cuerpo y me besó. Yo no me resistí. Con una mano me acariciaba las tetas y la otra la tenía en mi pierna haciendo fuerza. Lo corrí y dije: “Ya está. No me molestes más”.
- “Tengo un problema”
No contesté. Ya estábamos a pocas cuadras de la casa.
- “Perdí mis llaves y en casa no hay nadie”
- “No me vengas con ese cuento”
- “De verdad, se me deben haber caído”
Llegamos y frené en la puerta.
- “Bueno, dormiré en la calle”
- “¿De verdad me estás diciendo que no tenes las llaves?
- “Si”
No podía dejarlo en la calle en ese estado. En casa hay un sillón, dormirá ahí, pensé.
- “Bueno, te llevo a casa”
- “Gracias, muchas gracias”
Llegamos y, hablando en voz baja para que no se despierte Tomás, le indiqué que se acostara en el sillón. Se recostó y yo me fui a la cama. Mi habitación está abajo y la de mi hijo, arriba. Me acosté, pero a los diez minutos, cuando estaba a punto de dormirme, siento que se mete en la cama.
- “No me podes dejar la pija así de dura”, tomó mi mano y la llevó a su verga. Estaba muy excitado. Yo estaba igual. Con sus dos manos hacía fuerza para que se la chupara.
No aguanté y me descontrolé. Me agaché para chupársela. La agarré y le pasé la lengua por su cabezota. Me la metí en la boca y el suspiró. Se abrió de piernas y se acomodó en la cama, prendió un velador y me dijo que me quería ver en acción.
Me calentó más verle la cara de placer. Su pija tendría unos 20cm y era bastante gruesa. Estaba saboreando y disfrutando como nunca el pene de un jovencito hermoso. Lo masturbaba como si quisiera que me acabara en la boca. Sus piernas se retorcían de placer.
Me besó y me sentó arriba de él. Sentí el calor de su verga entre las piernas. La acomodó y me la metió toda con facilidad, yo estaba bien excitada. Sentí su carne ingresando y empecé a mover mis caderas para aprisionar esa hermosa herramienta que tenía. No me importaba nada. Seguí cabalgando ese palo y entregada completamente hasta que sus bolas se vaciaron mesclando mis jugos con su leche. Nos besamos apasionadamente y su pene se quedó adentro hasta que se derritió.
- “Me la chupaste como nadie y me garchaste con muchas ganas”
- “Acostate en el sillón, la pasé muy bien, pero no quiero problemas”
- “El que dice que hacer soy yo, pero te hago caso solo porque te portaste realmente muy bien”
Me dio otro beso en la boca y me acomodé en la cama. Estaba exhausta. “Te olvidas de despedirte de alguien”, dijo señalando su pene. Masajeé sus bolas y me metí su pija en la boca para darle el gusto. Rápidamente me dormí entre las sabanas.
Cuando desperté, escuché que Maximilian le explicaba a Tomás que me había cruzado en el bar y que había perdido las llaves. Tomás, ingenuo, se alegró de que lo salvara que durmiera en la calle. Yo me sentía muy avergonzada por haber tenido sexo con un amigo de mi hijo y con miedo de que llegara a enterarse.
Fui a la cocina y los salude. No podía mirar directamente a los ojos a Maximilian y le pregunté si había dormido bien. Respondió que se sintió muy cómodo. Les empecé a preparar el desayuno mientras jugaban a la play. Maxi le dijo a Tomi que me iba a ayudar a prepararlo y sin darle importancia asintió con la cabeza.
Se acercó con una sonrisa que me puso muy incómoda. “Vos te vas a tomar la leche calentita del pico” y se desabrochó el pantalón. Tarde, pero me di cuenta que había cometido un gran error. Le dije que no. “Entonces se enterará todo el mundo que me trajiste a tu casa y que me cogiste… Tomiiii…” – “Callate. Esto queda acá y muere acá”, dije. Tomás gritó: “¿Qué pasa?” y Maxi le respondió: “Cuántas cucharadas de azúcar?”. Dos, volvió a gritar.
“Te está esperando tu desayuno” y señaló su pija que estaba semiparada. Se la volví a chupar. Él me la refregaba en la cara, la metía en mi boca y la seguía refregando. Se masturbaba rápido y cuando estaba por terminar me la metió bien adentro de la boca y acabó. Se había convertido en un abuso, no podía creer que me había cogido la boca sin mi consentimiento.
En la mesa le pregunté cuándo llegaban sus padres a la casa y me confirmó que a la noche. Tomás lo invitó a que se quedara y que lo acompañara a un partido de fútbol a la tarde. Yo dije que los acompañaba así veía a un sobrino que juega después que Tomi que siempre le prometía que iba a ir y nunca iba.
Mi miedo era quedarme y que invente alguna excusa para no ir al partido. Maxi se mostró de acuerdo. Ese sería el plan: Ir a un lugar bastante público donde no podría hacerme nada.
Salimos en el auto, llegamos a la cancha, pagamos la entrada y Tomi se fue al vestuario a cambiarse porque jugaba en un ratito. Aproveché y saludé a mi sobrinito y su entrenador me preguntó si podía ir a buscar las camisetas al depósito porque su asistente se había enfermado y no quería dejar a los chicos solos. A Maxi se le iluminó la cara y se me adelantó y preguntó donde quedaba.
Pasamos por la cafetería, abrimos con la llave una oficina y luego otra para ingresar al depósito. Desde ahí había una ventana donde nos esperaba el entrenador y le pasé las camisetas. Cierro la puerta del depósito y Maxi me impide el paso a la puerta de la oficina, que también tenía una ventana, pero con las persianas abajo y con una cortina que no se veía nada.
- “Parece que otra vez solos”, dice sonriente
- “Correte del medio, ya dejó de ser gracioso”
- “Podría gritar que me violaste cuando estaba borracho y te pueden hacer análisis y podría salir mi esperma en tu boca o en tu pelo o tal vez en tus sabanas. Sería muy triste para Tomi”
- “Bueno ¿Qué querés?
- “Te voy a devolver el favor”
Me sentó en un escritorio lleno de papeles, me levantó la falda y me empezó a comer. Metía un dedo y lo sacaba, lengüeteaba toda mi vagina mientras me estimulaba. Rápidamente me excité y su dedo empezó a salir húmedo y luego mojado…
- “Ves que te gusta, te quejas por compromiso, pero te encanta”
Algo de razón tenía porque me había puesto a mil. Siguió comiéndome y se paró mientras jugueteaba con un dedo adentro mío. Me besó y se sumergió en mis tetas, me chupaba y me soplaba los pezones, era obvio que este chico tenía mucha experiencia. Se bajó los pantalones y me ensartó su carne. Me cortó lo respiración. Quería gemir, pero no podía. Yo sentada en una mesa abrazándolo con las piernas y con las manos y su pene escarbando mi interior con fuerza. Acabé al instante y él seguía con su ritmo. Entraba y salía, me la metía bien hasta el fondo y la giraba adentro. La sacaba toda y la volvía a meter. Hasta que no aguantó más y acabó mucha cantidad. Me sorprendió porque acabó en parte adentro y luego la sacó para dar tres disparos bien cargados en la ropa.
Nos recompusimos y salimos de la oficina como si nada pasara. Yo me puse una blusa para tapar la acabada que tenía en la camisa. Cuando llegamos al sector de la cancha, el partido de mi hijo ya había empezado.
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me excito tu relato.me encantaria hacer un relato juntos.tapy68@hotmail.com
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