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La mujer mayor y su hijo postizo

Enviado por LuchoKafka00 el 11/12/2009

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La mujer mayor y su hijo postizo Publicado el 11/12/2009, por: LuchoKafka00

El jardín tupido de flores ubicado delante de la casa y a pocos metros de la entrada, puesto que a un costado la cascada con luces sectorizando las gemas de colores, provocaban un impacto visual increíble por las noches. Dado que por las mañanas el sol con sus rayos ultravioletas barría la sala de comer y la cocina de la planta baja. Pablo pasaba, de vez en cuando, por la casa y se trepaba de la reja para robar una rosa blanca.

Con el correr del tiempo Pablo creció y la familia...

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García ni bien lo descubrió robando una rosa, lo increpó y luego obligándolo reparar el daño, tuvo que trabajar diariamente con el consentimiento de sus padres en el kiosco de los García.
Pablo a los dieciocho años, trabajaba en el kiosco de periódicos, pues ya hacía más de siete años. Don Armando comandaba la organización del comercio, Pablo ayudaba en la distribución de revistas. Doña Paulina se encargaba de la casa. Pablo recorría con su bicicleta destartalada por las aceras revoloteando los paquetes para los clientes. A las nueve en punto, había tomado por costumbre, pasar a visitar a doña Paulina en el momento en que disponía a curar sus plantas o a regar el césped verde. Pablo se apoyaba contra la reja negra y conversaba asiduamente. Doña Paulina en camisón traslucido mostraba sus partes íntimas. Pablo de vez en cuando trataba de no mirarla, pero se sonrojaba y se retiraba por vergüenza ajena.

Los momentos que más disfrutaba, era cuando en su casa, imaginábase a doña Paulina caminando por el jardín en camisón y descalza, por desgracia finalizaba con una masturbación para aliviar la calentura. Los días pasaban y doña Paulina proseguía con su trabajo meticulosamente. Pablo forzaba a no concurrir diariamente por la casa. Pero el morbo era más fuerte. La situación se hacia insostenible. No aguantaba más. Se masturbaba todos los santos días.

El hecho gratificante ocurrió el día de aniversario del matrimonio. Cuando doña Paulina disponía a servir la cena para los comensales y paseábase de un lado a otro. Hasta que camino hacia la cocina, tropieza con la alfombra persa, y como intentando levantar vuelo con los brazos, dio motivo para que se diera el incidente inesperado. La fractura en el cubito y radio del brazo derecho, un esquince en el tobillo izquierdo, ocasionó en la señora por un tiempo largo la incapacidad de los quehaceres de la casa. La única persona que podía ayudarla, fue Pablo, pero por orden unánime de don Armando. Por un tiempo, le duplicaron el sueldo para que ayudase en lo que hiciera falta de la casa a la señora. Imponiendo don Armando a doña Paulina que no hiciera nada, porque tenía que recuperarse lo más pronto posible. Con el objeto de organizar el hogar, don Armando insistió a Pablo en que la ayudara en todo lo que pudiera. Los maltratos de doña Paulina hacia Pablo, enceguecieron los ojos y la mente del joven. Don Armando no se enteraba de la reprimenda de la señora. Hasta lavaba el pelo largo a la señora. Cocinaba a mediodía y preparaba café, cuidaba del jardín.

Los días transcurrieron y la señora fue cambiando de actitud. Se aprovechaba de la inocencia del joven. Desde la cama, por la mañana temprano, gritaba al muchacho para que le llevara el desayuno. Pablo respetuoso y sin inmutarse, escuchaba las ordenes de doña Paulina. A pesar de su edad, 52 años, en camisas arremangadas y los botones desprendidos, mostraba sus enormes pechos. En el living de la casa, justamente en el sofá, descansaba todo el día viendo televisión. Su cordura de mujer seria, excitaba a Pablo aun más de lo pensado. Desde la cocina contemplaba las bellas piernas de doña Paulina y se masturbaba sin hacer el menor ruido posible para que no sospechara de nada.

Habían pasado ya dos meses y la señora, en pleno verano, vestía ropas sueltas. Por las mañanas y hasta la tarde nadie la sacaba del sofá. Doña Paulina se empeñaba a mandar ¡Pablo vení para acá! ¡Pablo hace esto! ¡Pablo hace lo otro! Hasta la acompañaba al baño, pero en presencia de don Armando, se las arreglaba sola. Don Armando la consentía muchísimo. Hubo una ocasión que, una tarde noche, Pablo fue a buscar un bolso que se había olvidado y entró silencioso y vio al matrimonio en el sofá, en un acto obsceno. Doña Paulina le chupaba la verga a Don Armando y le metía en el dedo el culo. A Pablo se le entumeció el cuerpo y quedó perplejo. Trató de evitar a ser descubierto, pero la doña se percató de la presencia del joven y se entusiasmo más. Cuando don Armando echó toda la leche en la cara de la señora, Pablo quiso salir de la casa. Pues don Armando se quedó dormitando en el sofá.

A tientas doña Paulina fue hasta al pasillo de entrada en busca del joven. Se limpió la cara y lo obligó al pobre muchacho a que se bajara el pantalón. La muy puta comenzó a chuparle la verga en presencia del marido. Pablo en silencio, miraba de a ratos, si don Armando se levantaba. La señora Paulina obligó al joven a que se tirara al piso, pues se subió la pollera y como pudo se movía con dificultad. Como la señora tenía inconveniente en sus ademanes, Pablo la giró boca abajo y la penetró agresivamente. Sus movimientos desataron a la señora un gemido incontrolable. Don Armando había quedado abatido, muerto de cansancio. Pablo metía y sacaba la verga en la concha de la señora. Se retorcía de placer. Pues la energía inconfundible del joven viril era incomparable con la de don Armando. Pablo la sujetaba del pelo y le tapaba la boca para que no largara gemidos. Muda sin dar señales de moverse, doña Paulina con la voz entrecortada le dijo a Pablo que se la metiera por culo. Escupió la mano y se embadurnó la verga y el ano de la señora. Al principió costó entrar pero al intentar varias veces entró y doña Paulina largó un alarido de dolor o placer. La respiración de ambos se agitaba aun más. Doña Paulina se retorcía y sacaba culo hacia Pablo.

El joven con más ganas, metía y sacaba abruptamente hasta que la señora le avisó que terminará. Pablo sacó la verga con mierda y la agitó para largar el semen en el culo de la señora. Mientras largaba toda la leche, emitía un grito de dolor. Doña Paulina se limpió con el vestido y lo beso en la boca y se fue dejándolo solo como un huérfano. .

A la mañana siguiente Doña Paulina lo recibió con todo los honores y Pablo como no entendía nada, se encogió de hombros. La señora le confesó que fue la primera vez que le metían la verga en culo y que sintió la sensación más placentera que jamás había llegado a tener en su vida.

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Categoría: Sexo con Maduras | Comentarios: 0 | Visto: 15237 veces

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