Os quiero contar hoy una historia de esas que por más que se piensan, hasta que a uno le ocurre no se cree que pueda ser posible.
Un Viernes por la noche sin ganas de salir de mi apartamento y en la soledad de mi habitación, estaba navegando por internet viendo fotos de mujeres desnudas para ponerme cachondo. Ese día reparé en la cantidad de mujeres maduras que se ven por las distintas páginas, y comprobé que había muchos anuncios ofreciendo sexo con mayores de cincuenta años. Como todo...
eso me parecía mentira, me decidí a publicar un anuncio ofreciéndome a mujeres maduras en mi ciudad, para ver cuántas en verdad estaban interesadas o si, por lo contrario, los anuncios eran reclamos sin sentido.
Me decidí por una página de contactos muy famosa, el anuncio era escueto; Chico de mediana edad, soltero, serio y sin malos rollos, se ofrece a mujeres de más de cincuenta años para sexo. No pago ni cobro.
Inserté el anuncio que se publicó de manera instantánea, naturalmente ofrecí un correo que utilizaba poco, pero movido por el morbo decidí abrirlo por si contestaban. Pasaron un par de horas y nada, normal por otra parte, así que yo me entretenía con mis fotos y algún video porno mientras me pajeaba de vez en cuando. El caso es que la ventana de mi correo se encendió avisándome que tenía un mail, lo abrí y pude ver que era relacionado con mi anuncio. Decía lo siguiente; Hola, soy una mujer de 63 años viuda y marchosa, me llamo Angélica y estoy sola en la ciudad, ¿Quieres follar conmigo?
Naturalmente aquello me alteró el pulso, me imaginé a una anciana decrépita al otro lado, pero me daba morbo la situación, así que le contesté – Hola Angélica, ¡Claro que me gustaría echar un polvo contigo! Pero quiero saber cómo eres, ¿Tienes alguna fotografía?-Enseguida me contestó para que la agregara al mesenger y así poder hablar en línea, lo hice y ella me envió una fotografía suya, vestía una blusa negra con círculos de colores, como si fuese un traje de rociero, un pantalón negro y estaba apoyada a un viejo mueble de una vivienda muy fría. Me indicó que la foto la había sacado en Rumanía este verano pasado, que era de ese país pero que vivía en España sola. La verdad es que a pesar de la edad se veía bien, es decir, tenía un cuerpo bonito y no era rolliza, su cara era bella con el pelo corto color negro de tinte, una sonrisa franca me invitaba a más. Le comenté en seguida que no estaba mal y que si estuviese a mi lado ya la estaría follando, se rió y me pidió una foto mía para ver si le gustaba, como no quería enviarle una foto con mi rostro me decidí a hacerme una rápida con la web cam, pero solo de mi polla que estaba a tope, así que cuando se la envié recibí un ¡Uauuuu! Quiero comerla toda, ¿En dónde estás ahora? Ella me dio su dirección, y qué casualidad que vivía a poco más de diez minutos de mi casa, se lo dije y en seguida me invitó a que fuese para allá. Tenía mis reticencias y miedos la verdad, pero no podía dejar el tema a medias. Le dije que en 30 minutos estaría allí y cortamos la comunicación. Me hice una paja rápida porque no aguantaba más, me duché a todo correr, me puse casi lo primero que encontré y me dirigí a la dirección indicada. Conocía la zona, es un lugar de viviendas humildes casi todas de inmigrantes, pero una zona segura. Llamé al telefonillo y una voz con acento extranjero me indicó que subiese, al llegar a la puerta de la vivienda mi corazón iba a mil por hora. Vi que ella me esperaba en la puerta con una sonrisa, llevaba una bata azul puesta y aparte de la sonrisa, me recibió con un beso en los labios, pasa me dijo. Entré muy nervioso pero al comprobar que en la casa no había nadie me tranquilicé, Angélica me miraba de arriba abajo muy contenta, -¿Quieres tomar algo?- No, la verdad le dije poniéndome enfrente suya. –Eres muy guapo ¿sabes? Y tienes un pajarito muy hermoso y grande ahí escondido- y diciendo esto se llevó una mano a mi paquete para tantear el terreno, yo le dejé hacer y la arrimé a mí, pude ver sus arrugas en la cara, sus ojos verdes brillando por el deseo y uno labios carnosos que me esperaban, su lengua se juntó con la mía al primer beso mientras Angélica ya sobaba mi polla sin pudor. Yo le quité la bata y la dejé con un picardías blanco muy bonito, tenía un cuerpo aún muy apetitoso, las tetas grandes y con la piel fina y blanca, estaba algo rechoncha pero no gorda, apenas tenía el típico flotador en la barriga. Lo que estaba claro es que con 63 años o sin ellos aquella mujer me gustaba. Después de los sobeteos de rigor Angélica me cogió la polla con una mano y así me dirigió hacia su habitación, una estancia austera con una cama, una mesilla y un viejo armario, para mí eso era lo de menos. Se sentó al borde de la cama y empezó a sacarme el pantalón mientras se llevaba mi polla a su boca, yo estaba acostumbrado a que mujeres jóvenes me la chupasen, pero Angélica al instante demostró que la veteranía es un grado, así que me vi desnudo y con mi polla en su boca en un plis plas. Naturalmente yo no era un actor pasivo en la escena, mis manos las dirigí a sus pechos, el tacto con su piel me estimulaba aún más si cabe, pero rápidamente tuve que llevar una mano a su cabeza, le agarré su pelo corto sin hacerle daño y la empujé más hacia mi polla. Aquel día me había pajeado unas cuantas veces, así que mi polla tenía cuerda para mucho rato, por lo que dejé que la mamada se prolongase. Angélica lo hacía muy bien, paseaba su lengua de arriba abajo con suavidad, lamía mis pelotas con mucho arte y engullía todo el miembro con movimientos que bien podían ser frenéticos o lentos. Aquella vieja rumana me estaba dando una mamada de diez, pero yo soy un caballero y me gusta que las mujeres disfruten, la aparté pues de mi polla, le di un par de morreos y la tumbé en la cama, la dejé con el culo en el borde para poder levantarle bien las piernas, arrodillarme y empezar a comerle el coño. Lo hice lentamente, estaba húmedo, muy mojado, pero limpio y olía bien y sabía mejor. Era un viejo coño sin duda follado muchas veces, pero Angélica recibió mi lengua con entusiasmo, enseguida su cuerpo daba ligeros espasmos de placer y de su boca salían jadeos que fueron in creschendo conforme mi sabia lengua recorría sus puntos más erógenos. Su clítoris era grande y rosado, lo chupé besándolo con mis labios, ella me agarró la cabeza con sus manos empujándome más a ella, arqueaba el cuerpo para ofrecerme toda su vulva y se movía ya con frenesí. Hacía tiempo que no tenía sexo y por ello la escuché emitir un gemido prolongado mientras se venía en mi boca, naturalmente no paré, más al contrario aumenté el ritmo de mis movimientos, la intensidad de cada uno de mis lametones, pero hay que saber parar o por lo menos bajar el ritmo para seguir sin pausas innecesarias, así que me levanté del suelo y la miré, tenía los ojos como idos por el placer, la boca abierta buscando aire y sus manos estrujaban su tetas llevándose un pezón a la boca. Aquella vieja era más mujer que muchas jóvenes y estaba en éxtasis, así que sin perder el tiempo le abrí las piernas, se las alcé para dejarlas apoyadas en mis hombros y de un movimiento le clavé mi polla hasta los huevos. Angélica me miró con deseo, con morbo y más, su vieja cara arrugada emitía satisfacción y yo estaba como un caballo en la monta de una yegua en celo. No me anduve con remilgos y la velocidad en las penetraciones era todo lo más que yo podía, me movía de forma circular para abarcar todo su coño, Angélica ya no era persona cabal en aquellos momentos, chillaba y se estrujaba sus tetas que de vez en cuando yo mordisqueaba, nuestras lenguas danzaban dentro de nuestras bocas, le lamía la cara, los lóbulos de las orejas, ella gemía, chillava, se retorcía pero no daba muestras de querer parar en ningún momento. Las pajas que me había hecho durante el día hacía que pareciese incansable yo también. El culo, también el culo mi amor me gritó la muy zorrona, quiero que me la metas por ahí, fue escuchar eso y mi corazón redobló la furia de mis envestidas, ni siquiera me había dado cuenta de que la estaba follando a pelo, a una mujer desconocida que podía haber pasado por la piedra a cientos de hombres, es más, podría incluso ser una profesional, pero en esos momentos ya todo me daba iguala, saqué mi polla de su coño, le masajeé el clítoris con ella un poco mientras tanteaba con una mano su agujero negro, lo tenía dilatado y húmedo, aquella vieja había recibido antes por aquel conducto y le gustaba por lo que veía. Dirigí mi polla a la entrada, Angélica se levantaba las piernas para dejarme hueco y facilidades y con sus manos abría todo lo que podía su agujero, me di cuenta enseguida que entraría fácil y así fue. Me gusta follar por el culo tanto o más que por el coño, hace años que no hago ascos a tirarme a un hombre si hace falta, pero aquel culo era especial ya que su dueña, la muy puta sabía contraer las paredes como muchas mujeres lo hacen con las paredes vaginales, así que imaginaros el placer de tener mi miembro en un agujero caliente y más estrecho que un coño y que por encima se contrae para aprisionar más tu polla. Bramé a cada envestida, me desenfrené por completo, tanto, que la cambié de postura casi de forma violenta, la puse a cuatro patas sobre el suelo de la habitación y la jodí así como si montase a una yegua. Los dos éramos pasto de la lujuria y yo estaba a punto de estallar, Angélica se dio cuenta, se apartó de repente y buscó mi polla para metérsela en su boca y mamármela mientras me la pelaba con una mano. ¡Puta, puta, puta! le grité mientras salía un chorro de semen caliente que se fue parar directamente a su garganta, mis rodillas flaqueaban y ella no soltaba el pene ni a tiros, me la siguió chupando de tal manera que me sentí succionado por completo, se la restregaba por la cara, seguía lamiéndola, parte de su pelo estaba lleno de semen. Pensé, aquí se ha terminado este polvazo, pero resulta que aún había más. Estando yo que me flaqueaban las piernas y casi ni me sostenía en pie, Angélica me empujó hacia la cama, me tumbó boca arriba y me levantó las piernas, la muy vieja sabía que me agradaría aquello, metió su lengua en mi culo, mi verdadero punto erógeno, ahí no puedo resistirme a nada. ¡Qué putón joder! Y la tenía a diez minutos de mi casa. Su lengua hizo virguerías en mi culo, algún dedo me taladraba y yo, naturalmente, agradecía los cuidados, pero echaba de menos un polla en mi culo a esa alturas. Sin problemas, Angélica parecía leerme la mente, sacó un vibrador de la mesita, de esos que se ponen a modo de cinturón y que utilizan las lesbianas para simular ser chicos, se lo abrochó a la cintura, apuntó a la dirección correcta y ¡zas! Sentí un placer enorme, tanto, que mi polla estaba tiesa otra vez, y es raro, porque cuando me follan el culo no se suele poner firme casi nunca, quizás la ocasión lo requería. Angélica me folló bien, no hay duda, y yo a ella otra vez y otras dos más. Aquella noche me hice adicto a las mujeres maduras, Angélica me presentó a un par de jóvenes de más de 60 años, incluso a un anciano más marica que un palomo cojo al que tuve que desatascarle el culo un par de veces, hasta que se murió de un infarto. Esas historias os las contaré una por una en otra ocasión
QUE RELATO MAS CALIENTE, CARAY... HICISTE QUE SE ME PARARA LA VERGA. ME ENCANTA TU ESTILO PARA NARRAR,ES EL SEGUNDO RELATO TUYO QUE LEO Y YA TIENES UN FAN MAS. TE INVITO A LEER LO MIO Y OPINAR
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