Mi yerno Carlos

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Mi yerno Carlos

Categoría: Sexo con Maduras Comentarios: 0 Visto: 30347 veces
Ajustar texto: + - Publicado el 21/01/2011, por: Anónimo

Les voy a contar una historia que es una pequeña parte de mi vida: me llamo Teresa, argentina, de 55 años, viuda hace dos años y con una hija soltera de 20 años. Me casé ya grandecita, con 34 años y en mi juventud me gustaba disfrutar de mi cuerpo; tenía unas tetas bien grandes y paradas, piernas torneadas y largas y un culo que muchas mujeres me la envidiaban y muchos hombres lo deseaban. Disfrutaba de la vida y tuve muchos novios, los que enseguida de salir conmigo me follaban, porque me gustaba mucho sentirme deseada y bien follada. Hasta que se cruzó en mi camino Pedro, un hombre varios años mayor que yo; él también me follo, pero me dijo que quería formar una familia conmigo porque hasta ese momento el no había tenido suerte para formarla, pero para eso, yo debía cambiar mi vida de juergas diarias y portarme como una verdadera dama; con esfuerzo lo logré y al poco tiempo el me ofrecía casamiento, el que acepté de buen grado y muy contenta.

Al poco tiempo quedé embarazada de Delia, la que sería mi única hija por problemas que se presentaron al nacer la pequeña. Entre Victor y yo la cuidamos como el tesoro que significaba para nosotros y le dábamos todos los gustos que la buena posición económica de mi esposo nos permitían. Fue creciendo muy hermosa como yo, y entonces para que no tomara el mismo camino que yo, traté de inculcarle que no debía acercarse mucho a los hombres porque podrían ser su perdición. Mi esposo aprobaba todo lo que yo le transmitía a Delia y ésta, por suerte, se fue convirtiendo en una adolescente muy seria, que tenía su grupo de amigos y amigas, del barrio o compañeros del colegio, hasta que llego a la edad de 18 años.

Cuando llegó a esa edad, mi esposo no pudo aguantar más una penosa enfermedad que lo venía destruyendo y lamentablemente falleció, dejándome sola con mi querida hija Delia. Yo pensé que esa circunstancia afectaría mi relación con Delia, pero por suerte ella siguió tan seria como siempre hasta que a los 20 años conoció a un muchacho llamado Carlos con quien se puso de novio muy formalmente. Al poco tiempo quiso que yo lo conociera, no puse ningún problema y una noche lo trajo a cenar a casa para hacer la presentación formal.

Cuando lo conocí me estremecí: Carlos era un muchacho de 22 años, de buena familia, le faltaba muy poco para recibirse de abogado y tenía una facha irresistible; se notaba que hacía mucho ejercicio por su cuerpo bien formado, estaba bronceado porque había estado ese verano mucho tiempo en un lugar con mucha playa, y a mi me volvieron los recuerdos de mi juventud, me juré a mi misma que si Carlos no hubiera sido el novio de Delia, enseguida lo tendría en mi cama, perdiendo la abstinencia de dos años sin hombre o sea desde el fallecimiento de mi marido, pero como era el novio oficial me propuse olvidarme de todo lo relativo a Carlos.

Pero Carlos era un tipo muy simpático, constantemente me hacía bromas y estaba siempre de buen humor; alguna vez llegó a decirme que le extrañaba que hubiera pasado mas de dos años sin tener ninguna relación, pero yo le dije que el recuerdo de mi marido no me permitía pensar en ningún otro hombre: él me dijo que era una pena porque yo me conservaba muy bien, pero que respetaba mi decisión y me felicitaba por mi empeño en cumplir ese deseo.

Después de seis meses de noviazgo se casaron, hicieron una gran fiesta ya que Carlos se había recibido de abogado y se fueron de luna de miel por quince días a una localidad con playa de la provincia de Buenos Aires. Yo pensaba que Delia había llegado virgen al matrimonio y que ahora estaría gozando de las folladas que le daba Carlos; trataba de desviar mis pensamientos pero siempre me parecía que Carlos estaba arriba mío, yo abierta de piernas y el follandome con ganas; enseguida me ponía a pensar en otra cosa pero nuevamente venía ese pensamiento a mi cabeza; estaba muy caliente con Carlos y deseaba con toda mi alma que me follara.

Cuando volvieron de su luna de miel, Carlos me pareció más lindo que nunca; mi calentura iba en aumento; Delia también estaba muy bonita; le pregunté como le había ido y me contó que fue lo mejor que le había pasado en la vida; Carlos es un dulce completo y siempre tuvo mucha suavidad y la primera vez fue algo inolvidable; ella había perdido la virginidad sin ningún sufrimiento, solamente gozando del momento; todo eso que me contó aumentó mi calentura y entonces me puse en la cabeza que era yo la que debía conquistar a Carlos y lograr que me follara.

Empecé a vestir más llamativa para que el lo notara; el siempre lo notaba y me decía palabras que me agradaban mucho pero siempre dentro del respeto que un yerno debe tener con su suegra; empecé a pensar que la mia era una misión imposible principalmente por la diferencia de edad; yo tenía casi 35 años mas que él; pero como buena cabeza dura no ceje en mi empeño.

A los tres meses de casados, me informaron que Delia estaba embarazada y los dos estábamos refelices porque buscaban el hijo desde que se casaron; fueron pasando los días y Delia empezó a mostrar su pancita; Carlos venía de trabajar y se dedicaba a acariciársela, dando a su vez muchas besos en la boca y palmaditas en el culito; yo la verdad que los veía y me ponía muy contenta, pero siempre esperando por recibir la polla de Carlos muy dentro mío.

Cuando llegó el momento del nacimiento, tuvieron que hacerle una cesárea para que naciera Eduardito, que llegó al mundo en muy buenas condiciones, pero Delia tuvo problemas con sus costuras y debió estar cinco días internada.

Durante esos cinco días, yo lo atendí a Carlos de la mejor forma posible; además trataba de llamar su atención para ver si reaccionaba; me ponía blusas bien escotadas para que se me vean las tetas; también mu agachaba delante de el para que las pudiera observar mejor; me ponía polleras cortas y al sentarme cerca de el cruzara mis piernas para enseñar mis muslos; él a pesar de su seriedad empezó a mirarme en forma interesante; en un momento noté un gran bulto sobre su pantalón y sonriendo pensé que la primera batalla estaba ganada.

Le pregunté que era ese bulto que se notaba, y me dijo que la causa de ese bulto era que hacía mucho tiempo que no tenía relaciones con su esposa Delia y que por otro lado la mamá de Delia (yo), lo estaba calentando. Yo entonces, sonriendo le dije que si quería perder el calor conmigo, me tenía a su disposición cuando el quisiera; me dijo que lo iba a tener en cuenta.

Al otro día, cuando vino de trabajar, apenado me dijo que Delia debía quedarse dos días más internada y si yo mantenía lo que había dicho el día anterior; por supuesto le dije que sí, y entonces el me agarró de atrás; cruzo sus brazos por mi pecho y se aferró a mis tetas mientras me apoyaba su enorme pene en mi culo, así me llevo hasta mi dormitorio y ahí entonces me dijo:

- Suegrita querida, demostrame que todo lo que me dijiste es cierto, acá estoy para sacarme la calentura
- Carlitos, espero estar a la altura de las circunstancias, hace mucho tiempo que no estoy con un hombre, pero espero cumplirte como te mereces

Me soltó las tetas y se empezó a desnudar mientras yo hacía lo mismo; vi su enorme pene que me pareció hermoso, pensé que toda esa hermosura iba a estar dentro de mi concha, y mis fluidos me mojaron todas las piernas; el me empezó a chupar las tetas con ansias mientras yo acariciaba su cabello, los pezones se me pusieron duros como piedras, hacia muchísimo tiempo que no lucían tan grandes y duros; me los siguió chupando un rato largo mientras me metía toda su palma de la mano sobre mi concha; yo vivía a puro estremecimientos; cuando dejó de chuparme las tetas yo ya estaba a punto de acabar del gozo experimentado: entonces me agaché, la agarré la polla y me la puse entera en la boca; casi no me cabía pero tenía un muy rico sabor; le di una buena chupada y el enseguida me lleno la boca con su espeso semen que fui tragando despacito hasta no dejar nada dentro de mi boca y además con su polla bien limpia con mi lengua.

Despues de eso, me tiró sobre la cama y empezó él la mejor chupada de concha que me hicieron en muchos años, me metió la lengua lo más adentro que podía; no pude aguantar mucho y dando un tremendo grito acabé en su boca llenándola con mis fluidos que el degustó con placer.

- Bueno Teresa, ahora viene lo mejor

Eso me dijo, entonces yo me abrí de piernas y lo esperé muy esperanzada; su polla fue entrando en mi concha con toda su fuerza; el empujaba como un desesperado demostrando sus ganas porque enseguida acabó y me lleno la concha con su leche calentita; había acabado dos veces pero su polla no perdía fuerza, quería seguir follando y yo feliz; me abri de piernas nuevamente y ahora me la metío otra vez hasta el fondo; su polla hacia un ruido raro dentro de mi concha que todavía estaba llena de su acabada anterior; me levantó las piernas, las puso sobre sus hombros y en esa posición me clavó, haciéndome sentir la punta de su polla prácticamente hasta la garganta.

Me folloó de esa forma hasta que terminó de vaciar sus bolas dentro mío. Despues de esos polvos maravillosos, se arrepintió y me dijo que no debimos haber hecho eso, porque yo era la madre de su señora y me debía respeto; yo le dije que por follarme no me faltaba el respecto, al contrario, era un gusto para mi poder serle útil y permitirle desahogarse de su calentura.

Nos dimos muchos besos, fuimos los dos desnuditos al baño y ahí parecíamos dos colegiales primerizos amándonos a pesar de la diferencia de edad. Yo estaba muy muy feliz porque se había cumplido mi sueño y había sido bien follada por Carlos.

Al otro día, su esposa fue dada de alta en el sanatorio donde estaba; vino a casa pero debía cuidarse por varios días por los problemas de su herida; entre los dos la atendimos como una reina, pero no la dejábamos levantar de la cama a pesar que ella quería levantarse para atender a su hijo. Pero entre Carlos y yo la convencimos y entonces quedó conforme; una vez en la cama se sentía mejor y le dio la teta al nene, Carlos la miraba y se le endurecía la polla de solo mirarle las tetas; cuando el nene estuvo satisfecho quedaron tranquilo los dos, al ratito estaban durmiendo como dos angelitos.

Carlos vino para el comedor, pero con un tremendo bulto en el pantalón, yo me acerqué y le empecé a acariciar la polla; enseguida se bajó los pantalones y los calzoncillos y afloró su –para mi- hermosa polla; me hizo dar vuelta, me subió la pollera, me bajó la bombacha, me hizo apoyar la cabeza sobre la mesa y así como estaba con el culo en pompa, empezó a buscar con su polla mi agujero más deseado; poco a poco la fue metiendo causándome un gran dolor debido al tiempo que no tenía uso; poco a poco fue entrando hasta el fondo, mientras el jugaba con sus dedos en mi concha; eso me calentó muchísimo y creo que fue por primera vez que acabé con una polla metida en el culo; esta vez me acordé que Delia estaba durmiendo y me contuve de gritar pero la verdad que mi gozo fue tremendo.

Carlos me dijo que mi culo era un poema y que en adelante se iba a controlar porque tenía que atender a dos mujeres; por supuesto que la primera sería Delia pero que también me iba a utilizar para calmar mis ardores. Yo estaba feliz porque se cumplia mi sueño, por fin Carlos me iba a tener en cuenta y me tendría como su segunda mujer. Delia se mejoró y se levantó, atendía a su hijo con toda dedicación, pero durante la cuarentena, Carlos me follo prácticamente todos los días; me decía que me deseaba y que había encontrado a la madurita perfecta para saciar sus instintos.

Cuando terminó la obligada cuarentena, muchas veces, sin que se entere Delia voy a visitarlo a su estudio y de ahí vamos a un hotel donde follamos como dos enamorados; yo muy feliz con el follandome y el a su vez muy feliz follandose a una joven como su señora y a una madura como su suegra.

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