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Un afortunado Santa Claus

Enviado por LuchoKafka00 el 21/10/2009

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Un afortunado Santa Claus Publicado el 21/10/2009, por: LuchoKafka00

La noche buena la habíamos pasado en casa de la familia Rodríguez, amigos de la juventud de mis padres. En la víspera la madre de Sebastián y mi madre me propusieron que me disfrazara por la noche de navidad de Santa Claus o Papá Noel (como le llamamos en argentina) para que repartiera los regalos y recibir a cuantos parientes nos visitasen. Mi decisión fue afirmativa y jubilosa. La noticia repercutió en todo el barrio. Mi amigo Sebastián, contento, me dijo que no preocupara porque su mamá es...

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el mejor sastre de la ciudad. En seguida recordé cuando doña Marta me había tomado, casi por la fuerza, de las manos para que me sentara en la silla y cabalgara insaciablemente en la cocina. La idea del disfraz me satisfizo.

Doña Marta compró el disfraz en la calle Sarmiento de la zona de Once. Mamá ese mismo día me avisó que pasara por lo de Sebastián para probarme la muda roja. Tan pronto que salí de la escuela fui a lo de mi amigo. Cuando llegué golpeé la puerta, y de repente, salió Santa Claus de sorpresa y con OH, OH, OH repetitivo gesticuló con los brazos mi bienvenida. Sin saber quien era, asombrado, lo saludé con un abrazo. Antes de sacarse la barba, pude reconocer a doña Marta.

Entre risas sarcásticas me preguntó si me había asustado. Le dije que no, pero que me sorprendió su recibimiento. Una vez que estuve adentro, me hizo señas para que pasara al living. Doña Marta se sacó las botas que le quedaban bastante grandes y quedó descalza en la alfombra. La chaqueta y el pantalón le iban enormes. Sin embargo la señora cuando se decidió a bajarse el pantalón, no tuvo vergüenza de inclinarse y mostrarme su despampanante culo. Puesto que la ropa de ama de casa le fuera mejor, una remera cubría su torso y la pollera de algodón se traslucía con el reflejo del sol. Sentado en el sofá pude contemplar a la madre mi amigo de pies a cabeza. Cuando yacía frente a mí y de espaldas a la ventana, sin duda se percató que le miraba la vulva inflamada. Los labios vaginales mostraban una hinchazón increíble. Me hablaba y no entendía lo que decía pues la veía muy sexy.

Se acercó y me dejó una plataforma de más de treinta centímetros con dos escalones. Antes de subir me ordenó a que me probara el traje para dar los últimos retoques finales. Cuando estuve arriba, por orden de ella, extendí los brazos hacia arriba como si fuera a levantar vuelo. Con los alfileres en la boca y algunos sujetándolos con los dedos índices y pulgares, zurcía la medida exacta del largo y ancho del pantalón. Muy entusiasmada por su trabajo, se detenía a la altura de mi verga, y a propósito, hacia rozar disimuladamente su cabeza. Este ejercicio lo repitió varias veces. Me decía que me quedara quieto que ya terminaría. Yo le hacia caso para que no se enojara. La veía desde esa altura, cerca de la ventana, buscando aguja e hilo para consumar el trabajo.

Tal como me había dejado, hice un movimiento, y acomodé la verga erecta. Doña Marta entre dientes murmuraba no sé que cosa que no llegué a escucharle. Cuando estuvo frente a mí, con las dos manos, me tomó de la cintura y con la cara comenzó a frotar su rostro con mi verga que se escondía detrás de pantalón. Estupefacto dejé que prosiguiera. Su determinación fue objetiva. Bajó el pantalón de cuajo y con besos apasionados pues empezó a chupar la verga. Yo me quedé quieto y temía a que alguien llegase. Supuse que la mamá de mi amigo era una experta en estas correrías. Me estiró la verga con ímpetu, pues succionó como si fuera que se lo iba tragar. Con la mano derecha agitaba mi verga y con otra me sostenía los testículos y con la lengua untaba el tronco hasta la punta del glande.

Cuando dejó de chupar, me tomó de la mano guiándome hasta la mesa que estaba pegado a la ventana. Desató la cortina de ambos lados para que nadie no nos viera por fuera. Se agachó y apoyó los codos encima de la mesa. Divisé el culo blanduzco. Se levantó la pollera y con la mano derecha se sacó el hilo dental de la raja. Me bajé el pantalón hasta las rodillas y manipule mi verga hasta introducirla en concha de doña Marta. Mis movimientos electrizantes hacían estremecer a la mamá de mi amigo. Un fuerte dolor surgió dentro de mí cuerpo. La fiebre dentro de la concha de doña Marta me hizo terminar rápido. Expulsé todo mi esperma dentro de la mamá de mi amigo. Tieso largué toda mi leche y a su vez doña Marta, al sentirme inmovilizado, sus ademanes concluyeron nuestra lujuria de fin de año.

Por la noche, nuestra llegada a la casa de la familia Rodríguez fue pura alegría de don Humberto y doña Marta. Mis padres depositaron los regalos junto al árbol de navidad. Doña Marta me dio un fuerte abrazo muy comprometedor, aunque nadie percibió lo sucedido.

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Categoría: Sexo con Maduras | Comentarios: 2 | Visto: 8227 veces

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Fotografia de calientesexy81
calientesexy81

te la has vuelto a trabajar

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empuja

un buen final... le falta un embarazo para ser perfecto.

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