La primera vez que se corrieron en mi boca

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Categoría: Sexo Oral Comentarios: 0 Visto: 22013 veces
Ajustar texto: + - Publicado el 19/02/2010, por: Anónimo

¿Hola, qué tal? Antes de nada me voy a presentar: me llamo Tamara, tengo 23 años y soy de Bilbao. Desde hace un par de meses leo relatos eróticos y la verdad es que me gustan mucho. Me encanta acariciarme mientras los leo. Supongo que algunos de los relatos que he leído son ficticios a pesar de que indicaban que eran reales. Yo, por fin, he decidido escribir algún relato, pero eso sí, serán verídicos (si escribo alguno que no lo es, lo indicaré). Aún así, algunos detalles los exageraré o manipularé levemente para un mayor disfrute y goce para todos. Yo, a pesar de mi edad, ya he vivido unas cuántas experiencias sexuales, algunas de ellas bastante curiosas. Por esta razón he tomado la decisión de escribir relatos explicando mis propias vivencias. Espero que os gusten.

Bueno, antes de empezar con el relato, voy a describirme físicamente, ya que supongo que es necesario dar una imagen de cómo es una para que os hagáis una idea. Pues bien, mido 1,70, peso 60 kgs. Tengo el pelo de un color negro; lo llevo bastante largo y es totalmente liso. Mis ojos son de color azul. Mi nariz es pequeña y mis labios bastante finos. Mis amigos me dicen que tengo una sonrisa muy bonita y que mi boca es más bien grande; bueno, si ellos lo dicen :). Sobre mi cuerpo no me puedo quejar; sinceramente, estoy bien y mis amigos no paran de recordármelo. Estoy tirando a delgadita, con unas piernas bastante largas. Mis pechos están bien rellenitos y los tengo bien firmes; y mi cintura está de buen ver :), lo que me deja un culo nada exagerado. Mis medidas, aunque no las sé con exactitud, son de 98-62-93.

Bien, voy a empezar ya con mi relato. Os voy a contar lo que fue una de mis primeras experiencias sexuales con mi primer novio. Fue la primera vez que le dejé que se corriera en mi boca, y por lo tanto, la primera ocasión que probé el semen. Debo decir una cosa: ya sé que no está muy bien visto que a una chica le guste que se le corran en la cara y que se trague el semen, pero quiero dejar claro que esto tendría que ser una cuestión más o menos normal; y por tanto, espero que no tengáis una opinión equivocada de mí (no soy una guarra o una chica fácil, simplemente es una cosa más dentro del sexo). Yo ya lo he probado varias veces, y en verdad, no me desagrada en absoluto, es más, me gusta que me lo hagan, porqué sé que a los chicos les encanta hacerlo (en general) y a mí me gusta que ellos disfruten plenamente, de la misma forma que yo deseo que me hagan gozar completamente también.

Fue hace seis años, es decir, yo tenía 16, los mismos que mi novio. Ya habíamos mantenido relaciones sexuales varias veces (yo perdí la virginidad al cumplir los 15, y desde entonces sólo lo había hecho con él). Pero durante un año y medio prácticamente, nunca le dejé que eyaculara sobre mi cara o en mi boca. Lo máximo que le dejaba era que lo hiciera sobre mis pechos, que a esa edad ya tenía bastante desarrollados. Normalmente, se corría en mi mano, mientras yo le acababa de masturbar. Sí que hacíamos sexo oral, ya que a los dos nos encantaba; pero cuando iba a correrse, me avisaba y le pajeaba hasta que terminaba. Pero un buen día, nuestra relación sexual llegó un paso más adelante.

Los dos íbamos a la misma clase, y siempre que teníamos que hacer un trabajo en grupos, pues íbamos juntos, evidentemente. Así que una noche estábamos en su cuarto haciendo el trabajo en cuestión. Él estaba sentado delante del ordenador y yo estirada cómodamente boca abajo leyendo un libro y dictándole lo que tenía que escribir. En cierto momento, dejó de escribir y se acercó a la cama. Se estiró a mi lado, poniendo una mano sobre mi muslo. Yo le miré medio riendo y ya me imaginaba lo que quería hacer. No me refiero a hacer el amor en toda su expresión, sino a hacernos toqueteos, caricias, besitos… lo cual nos encantaba. Yo dejé el libro en el suelo y nos miramos. Entonces, mientras él me tocaba la nalga izquierda, nos besamos. Nos juntamos más, hasta tocar nuestros cuerpos. Luego, como solíamos hacer, nos desvestimos, el uno al otro. Empezó él: me sacó el jersey que llevaba y quedaron al descubiertos mis pechos, ya que no llevaba sujetador. Me acarició los pezones, lo que me puso muy excitada, pero paró pronto para acabar de desvestirme completamente. Me quitó los pantalones ajustados que llevaba; el calzado, los calcetines; y me dejó en bragas. Eran de color gris, lisas y de un tejido bastante grueso. Antes de sacármelas, le desnudé yo a él: hice lo mismo hasta dejarle sólo en calzoncillos. Podía apreciar que él estaba muy excitado, cosa que la sola visión de su paquete hacía evidente. Entonces él me sacó lentamente las bragas, y mientras lo hacía, yo le bajé los calzoncillos. Realmente, estábamos los dos muy cachondos.

Vi su pene totalmente tieso. Tenía una polla bien bonita: le medía 19 cm. y era gorda. Empezamos a tocarnos nuestros sexos; él me acarició con mucha suavidad mi entrepierna y jugueteaba con mis labios vaginales. Yo puse mi mano sobre la punta de su polla y tiré la piel hacia atrás, dejando al descubierto un reluciente y precioso glande. Pasé mis dedos a lo largo de toda su verga y de vez en cuando acariciaba sus tiernos huevos. Él me metió un dedo dentro de mi coño y empezó a masturbarme de una forma muy delicada. Estaba muy caliente y ya me sentía mojada. Entonces decidí pasar a la acción: me acerqué a él, besé repetidamente su cuello, lamí sus pequeños pezones, acaricié su sensual ombligo, hasta que llegué a su erecto miembro. Él se puso cómodo pensando en lo que le iba a hacer: se estiró totalmente boca arriba extendiendo los brazos hacia los lados y abriendo sus delgadas piernas, dejando su durísima polla apuntando hacia el techo. Ocupaba prácticamente toda la cama; yo me puse encima de él; nuestros pies se tocaban, yo estaba puesta a cuatro patas y mi cabeza quedaba justo encima de su polla. Acerqué mis labios a su glande. De momento, no usaba mis manos, lo quería hacer sólo con la boca. Empecé a darle tiernos besitos en la punta de su polla. Él se estremecía a cada contacto. Saqué la lengua, y comencé a lamerle su gran capullo. Le iba dando lametazos; y su polla se balanceaba ligeramente, pero pronto se ponía de nuevo recta como una estaca debido a su gran excitación. Fui pasando mi lengua a lo largo de todo su miembro, hasta llegar a los huevos, que también mojé bien con mi saliva. Entonces, empecé a comerme su polla pero por los costados; le pegaba unos bocados agarrándole su polla con mis labios. Cómo me gustaba sentir esa dureza y esa calentura entre mis labios. Él disfrutaba como nunca; cerraba los ojos y gemía débilmente, aunque de vez en cuando me miraba para ver cómo jugaba con su aparato.

Al cabo de unos cinco minutos, paré un momento, me incorporé un poco y me dispuse a hacerle una buena mamada. Puse mi boca encima de la punta de su polla, abrí tanto como pude mi boca y fui bajando. Noté cómo iba entrando su hinchado glande y seguí bajando hasta comerme un poco más de la mitad de su polla. Mientras la tenía adentro, jugaba con su polla con mi lengua. Fui subiendo poco a poco, adecuando mis labios al grosor de su polla, ya que me encantaba notar el desnivel de su glande. Durante otros cinco minutos más me la fui comiendo sin prisa y nunca hasta llegar al final. De repente, él levantó sus brazos y colocó sus manos encima de mi cabeza, acariciando dulcemente mi pelo. Tenía media polla dentro de mi boca y él me presionó un poco con sus manos para que me la metiera más adentro. Así lo hice; fui bajando y su polla iba desapareciendo en mi boca. Él arqueó el cuerpo y levantó ligeramente su espalda y su culito, intentando ponérmela toda adentro. Aproveché ese momento para poner mis manos en sus nalgas e hice un poco de presión, hasta que mis labios hicieron contacto con su vello púbico y con la parte superior de sus huevos. La tenía toda adentro; su glande estaba explorando las partes más recónditas de mi boca. Hice aún más presión sobre él; mis labios apretaban su bajo vientre; y durante cinco segundos me quedé así, con su polla totalmente enterrada y devorada por mi golosa boca. Yo estaba muy caliente; a pesar de que no me masturbaba, notaba que tenía el coño bien mojado. Luego, levanté la cabeza rápidamente, contemplando, una vez más, su espléndida polla en su máxima expresión. Me preguntaba cómo podía caberme todo eso en mi boca. Continué chupándosela, bajando y subiendo a un ritmo dinámico. Cada vez que bajaba llegaba hasta el final; y cuando subía, me sacaba el glande de una forma muy sensual.

Entonces, cuando ya hacía casi veinte minutos que había empezado a besarle, lamerle, chuparle y comerle la polla, me dijo que ya no podía más, que se iba a correr enseguida. Yo, como era la costumbre, me la saqué rápidamente de la boca, y dejé de chupársela. Me disponía a pajearle y que él acabara en mi mano; cómo solíamos hacer. Pero se me pasó por la cabeza que esta vez podríamos hacer algo nuevo; es decir, pensé en dejarle que se corriera en mi boca y en mi cara. Aunque a mí no me agradaba demasiado el olor y el tacto viscoso y gelatinoso del semen, me dije a mí misma que algún día u otro tenía que probarlo y creí que ése era el momento adecuado. Así que, sin decirle nada, acerqué de nuevo mis labios a su glande y me la metí de golpe adentro. Empecé a bajar y subir deprisa, como si le estuviera masturbando con la mano. Entonces, recuerdo que él me dijo:

– ¿Qué haces, Tamara? ¡Que me voy a correr ya!

Él era muy bueno conmigo. Me lo repetía por si no me había enterado la primera vez. Aunque él soñaba con hacerlo alguna vez, me respetaba mucho y anteponía mis peticiones a sus deseos. Eso aún me hizo estar más convencida de hacer lo que ya había iniciado en ese momento. A pesar de su segunda advertencia, yo seguí mamándosela. La tenía completamente dura y muy hinchada. Estaba claro que estallaría de un momento a otro. Viendo que yo no paraba, él se dio cuenta claramente de cuál era mi intención. Antes de eyacular, sólo tuvo tiempo de decir:

– Ohhhh, madre mía, Tamara…

Yo tenía más de la mitad de su polla en mi boca cuando noté su primer chorro de caliente y espeso semen. Me llegó directamente a la garganta. Intenté no tragármelo, pero se coló un poco de su leche y bajó por mi cuello. Al ser la primera vez que hacía semejante cosa, y al no estar acostumbrada al sabor y tacto del esperma, saqué su polla de mi boca. Justo cuando salía su glande, soltó un segundo chorro, mucho más abundante y con más presión, que se coló por entre mis labios. Ese lechazo hizo que en mi boca hubiera un hilera de semen desde mi campanilla, hasta la punta de mi lengua. No supe qué hacer con el semen en mi boca, así que lo dejé caer encima de la polla de mi novio.

Yo continuaba con la cara encima de su miembro, aún sobresaltada por todas las nuevas sensaciones que estaba viviendo. Estando en esa posición, vi claramente cómo se abría el agujerito de la punta de su polla y cómo salía de ahí un tercer chorro de semen, que esta vez fue a parar parcialmente a mi mejilla izquierda. Soltó un cuarto chorro que me dejó toda mi pequeña nariz repleta de su leche calentita. Luego ya no hubo más lechazos, pero aún le seguía brotando semen de la punta, ya sin fuerza. Le cayó una buena cantidad de semen sobre su propia polla. Le masturbé con la mano para que acabara de salir toda la leche que llevaba dentro. La verdad es que cuando terminó, me sorprendí bastante de todo lo que había sacado. Sin duda, había sido la corrida más abundante de las que yo había presenciado.

Entonces yo no supe muy bien qué hacer. Estaba con semen en la nariz y en la mejilla izquierda, tenía algunos restos en la boca y mi mano estaba pegada a su polla, llena de semen. No sabía si debía chupársela otra vez un poco más, o limpiarnos y hacer otra cosa. Ciertamente, la visión de aquella polla, aún tiesa, repleta de semen viscoso y pegajoso, me quitó la idea de volver a ponérmela en la boca. Lo único que hice fue besar de nuevo su hermoso glande. Me quedaron los labios con restos de leche. Inconscientemente, me los limpié con la lengua y tragué saliva; entonces aprecié mucho mejor el sabor del semen, junto con lo que me quedaba de esperma por entre los dientes y en la lengua, ya que en el primer chorro que me lanzó fue directamente hacia adentro y casi no noté su sabor. Ahora que lo sentía bien, no me desagradaba del todo. Supuse que haciéndolo más veces me acostumbraría al tacto, al olor y al sabor del semen; y así ha sido, ya que actualmente, ya no tengo ningún reparo en que me lo hagan. Es más, me vuelve loca el semen y que se corran en mi boca… Siempre que es un chico conocido me lo trago y a ellos parece encantarle!

Pero bueno, lo que pretendía con este relato era contaros la primera vez que un chico se corría en mi boca y en mi cara y la primera ocasión que probaba el semen, y así lo he hecho. Espero que os haya gustado. Un besito a todo el mundo.

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