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Mis inicios y mi primera vez

Enviado por Normando el 2/7/2009

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Mis inicios y mi primera vez Publicado el 02/07/2009, por: Normando

MIS INICIOS

Hola mi nombre es Eduardo, pero desde hace mucho solo me llaman Lola. Y este texto, es la narración de cómo y porque comencé mi transformación. Soy el segundo hijo/a de una familia de clase media del norte de México. Mi padre y mi madre son, y siempre fueron, trabajadores constantes, siempre buscaron darnos, a mí y a mi hermana lo mejor, en la medida de sus posibilidades. Mi hermana es dos años mayor que yo, y desde siempre ha sido mi mejor amiga, no se podría...

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entender lo que soy, sin conocerla a ella.
Desde pequeño, fui un niño, sensible y de buen corazón, pero mi verdadero despertar, surgió cuando tenía nueve años. Mis padres iban a salir por un fin de semana a visitar a mi abuela, la madre de mi padre que se encontraba sumamente delicada y mi hermana y yo, por la esuela no podíamos acampanarlos. (Eso dijo mi padre, aunque creo que la verdadera razón, es que buscaba protegernos ante la inminente muerte de la abuela)
La cuestión de los hijos quedó resuelta cuando mi tía Eva, hermana mayor de mi madre, ofreció alojarnos en su casa mientras por el fin de semana. Mi tía Eva por aquel entonces, tendría 39 años, tenía un par de años divorciada. Tenía tres hijos, un par de niñas gemelas, apenas más grandes que mi hermana y un niño, un par de meses más chico que yo. Mi tía recibía una pensión importante de parte de mi tío, y aunado a su sueldo de médico en el seguro social, les permitía una vida desahogada. Mi tía tenía una obsesión, la belleza, la esbeltez y la juventud. (La causa del divorcio de mis tíos había sido una muchachita, 10 años más joven que mi tía, creo que esa era el motivo de su obsesión) En esta época, la cultura “light” no estaba tan extendida como ahora, sin embargo puedo asegurar que mi tía, fue una precursora. Por la mañana antes de irse a trabajar hacía aerobics y por la tarde al regresar salía a caminar alrededor de 30 minutos, además mantenía una dieta balanceada, que le permitía tener un excelente cuerpo para su edad. Y es que a pesar de todos sus cuidados, la marcha del tiempo es inexorable y no podía mantener todo en su lugar. Su frustración la descargaba consintiendo a sus hijas. Les compraba lo que pedían, y procuraba que no sufrieran ninguna desazón.
Mis primas, entonces, de once años eran unas niñas preciosas, pelo negro, cejas tupidas, pero delgadas, ojos café muy oscuros, nariz recta y labios muy rojos. Además eran altas y comenzaban a exhibir un cuerpo que sería sumamente voluptuoso en unos años. También eran muy activas, incansables, siempre corriendo de un lado a otro y muy traviesas. Sus nombres, eran Lorena y Leticia. Por otro lado mi primo, también era alto para su edad, era ya un par de centímetros más alto que yo, aunque era muy tranquilo, se llamaba Rodrigo. Al igual que sus hermanas, tenía un rostro armónico, con pelo oscuro y ojos oscuros, aunque la piel de los tres era muy blanca. Por nuestra parte, mi hermana y yo también éramos muy parecidos entre nosotros, pelo castaño, ojos café claro, más bajitos que nuestros primos, y mucho más tranquilos y dóciles.
Mis padres nos dejaron en casa de la tía Eva, el viernes por la tarde, apenas salimos de la escuela, y partieron. Mi madre nos había preparado un par de maletas con todo lo que podíamos ocupar. El sábado y el domingo, mis primas, nos mantuvieron muy ocupadas, corriendo de aquí para allá sin parar. En el grupo, los cinco participábamos, sin embargo, por el carácter de mis primas, mi primo y yo nos veíamos obligados a seguir la iniciativa de las niñas.
El domingo por la noche, yo me preguntaba a que horas llegarían mis papas, pero una llamada de mi madre a mi tía solucionó la cuestión. Mi abuela, se mantenía delicada y no podían dar una fecha específica para su regreso. Se disculpó por la molestia con mi tía, a lo que esta respondió que no había problema que éramos unos niños buenos y que no se preocupara por nosotros.
Esa misma noche, mi tía nos llevó a los cinco a la casa para recoger ropa para la escuela y para pasar una temporada fuera de casa. Una vez que estuvo todo listo regresamos y nos preparamos para la escuela al día siguiente. La semana transcurrió sin incidentes, los únicos problemas, es que la hora de entrada a la escuela era igual para nosotros que para nuestros primos, aunque no era la misma escuela, por lo que mi tía entre prisas y molestias tenía que desviarse un poco de su trayecto habitual.
Por mi parte yo admiraba a mis primas, por su belleza, su impulsividad y al mismo tiempo su delicadeza y encanto. Aunque a decir verdad, por entonces estaba más confundido, no sabía que sentía. El verdadero suceso que marcó mi vida ocurrió ese mismo sábado. El calor ya comenzaba y comenzamos a jugar en el patio de la casa. Mis primas sacaron globos de agua y comenzamos a mojarnos.
Antes de que estuviésemos completamente empapados mi tía salió al patio.

-Niñas, voy a salir un momento.- Al notar que nos estábamos mojando, sólo acotó. –Esta bien, que jueguen, pero si se van a mojarse pónganse sus trajes de baño y no mojen adentro de la casa. Vuelvo más o menos en dos horas pórtense bien.-

Al escucharla, el alma, se me cayó a los pies. Mis primos y mi hermana corrieron adentro de la casa. Yo me quedé en donde estaba, con la cabeza viendo el suelo. Luego de unos momentos me senté en una silla de plástico a esperar a mis compañeros de juego.
Volvieron los cuatro, mis primas y mi hermana vistiendo unos preciosos trajes de baño de una pieza y mi primo Rodrigo, vistiendo un short estampado. Cuando salieron todos me vieron con sorpresa, pero fue mi hermana la que habló.

-¿Qué paso Lalo, porque no te cambias?- Me dijo notando la tristeza de mi cara.

-No empaque mi traje de baño.- Le dije casi al borde del llanto.

-De eso no te preocupes, seguro Rodri, te presta uno.- Dijo mi hermana, mientras volteaba a ver a mi primo.

-Claro, vente vamos…- Comenzaba a decir mi primo, cuando sus hermanas lo interrumpieron.

-También podemos jugar a lo otro Rodri…- dijeron sus hermanas con complicidad.

Rodrigo se mostró inseguro, que podía ser lo otro me pregunte.

-No sé, ¿jugamos en frente de ellos?- Les preguntó Rodrigo a sus hermanas.

-Por supuesto, son de la familia y seguro que a Lalo le gusta, igual que a ti.- Dijeron mis primas sin dejar de mirarme, ni de darme una mirada picara.

-Está bien.- Finalmente dijo Rodrigo y corriendo se metieron los tres, luego de un segundo, Lorena se asomó, y gritó: -Tú también vente Lili.- Liliana es mi hermana.

-No tardamos Lalo, haber que es ese juego.- Dijo mi hermana mientras corría hacia la casa.

Yo me quedé sentado donde estaba, ya no estaba triste, más bien tenía curiosidad, sobre ese juego. Mi hermana y mis primos tardaron cerca de 10 minutos, pero al salir me sorprendí. Ya no eran tres chicas y un chico, sino cuatro chicas. Rodrigo, traía puesto un traje de baño que antes había sido de una de sus hermanas. Y las cuatro se habían pintado ligeramente la cara. Si bien el corte de pelo de Rodri era de niño, su cuerpo y sus facciones hacían que pareciera una niña.
Mi hermana me miró con una sonrisa:
-¿Quieres jugar con nosotras como Rodri?- Me preguntó mi hermana.

Yo estaba más sorprendido que asustado. Mi hermana tomó a Rodri de la mano, y juntas se acercaron a mí. Luego hizo que Rodri-Beca, Rodrigo se llama Rebeca en su verdadero ser. Me tomara por una mano y ella me tomó por la otra.
-Vamos- Dijo mi hermana. Mis primas corrieron dentro de la casa y Beca, Lili y yo las seguimos.

Me desnudaron rápidamente, y me pusieron el otro traje de baño, igual al que traía puesto Beca. Luego me peinaron un poco más femeninamente, me pusieron unos aretes de presión y me pintaron los labios ligeramente. Ya no salimos al patio. Nos quedamos dentro de la casa y comenzamos a jugar a cosas que nunca antes habíamos jugado con mis primas. Jugamos al té y a las muñecas. Como dije, mi tía consentía mucho a mis primas y su cuarto tenía muchísimos juguetes, vestidos e inventos varios. Entre las cuatro me regañaban cuando me sentaba con las piernas separadas. Me decían que las niñas no se sentaban así. El tiempo pasó rápido y antes de que me diera cuenta, sonó en la cochera el carro de mi tía. Yo me asuste, pero mis primas me calmaron:
-No pasa nada Lola.- Y luego mirando a Beca le dijeron. –Llévatela y ayúdale a limpiarse, ya sabes como.- Beca me tomó de la mano y me llevó a su cuarto, me limpio y me ayudo a quitarme el traje de baño y me puse mi ropa de niño. Cuando mi tía nos saludó, éramos otra vez Rodrigo y Lalo, no Beca y Lola.
Pase el resto del día muy nervioso. No sabía como conducirme frente a mis primas, ni frente a mi hermana. Sin embargo ella, me trataban con naturalidad, incluso, creo que eran más calidas que antes. Igualmente Rodrigo parecía no darle mayor importancia a la situación.
La estancia se prolongó, por dos semanas, más. En ellas mi introducción al mundo femenino creció. Mientras no estaba mi tía, siempre me vestía con ropa de mis primas, Beca y yo nos vestíamos iguales. Aprendí mucho esas dos semanas. Pero todo concluyó cuando mis padres volvieron. Sin embargo mi vida cambió a partir de esas tres semanas en casa de mi tía He decir, que por aquel entonces, no tenía ninguna inclinación de tipo sexual, ni por niñas, ni por niños. Lo que me atraía del mundo femenino no era la admiración de los hombres, sino la idealización de su belleza, de su delicadeza y encanto.
Mi atracción sexual por los hombres llegaría después.






MI PRIMERA VEZ

Como dije anteriormente, cuando empezaba en el mundo femenino no me atraían los chicos. Eso llegó después. Luego de esas tres fantásticas semanas en casa de mi tía, mi hermana se volvió en mi cómplice, en cuanto teníamos la casa sola para nosotras, Lola aparecía. Lili y Lola eran mejores amigas, ella me contaba sobre la escuela, sobre sus problemas, pero mientras crecíamos comenzó a hablarme más y más de los chicos. Que si un chico de su clase era muy guapo, que otro muy fuerte, que uno platicaba mucho con ella, etc. Con mis primas también me sentía con libertad, sólo que la presencia de mi tía y mis padres hacía difícil que mi verdadero ser salera con ellas.
Desde que éramos pequeño se hizo habitual que cada domingo fuera toda la familia a casa de unos tíos por parte de mi papá. Esos tíos tenían dos hijos hombres, uno 4 años más grande que yo y otro de la misma edad que Lili, es decir dos años más grandes que yo. Lili decía que nuestros dos primos estaban muy guapos, pero que era una lastima, porque entre familia, no puede haber nada. Y yo coincidía con ella, en las dos cosas. Cuando yo tenía 14 años y Lili 16 empezó a ser normal, que mi hermana no nos acompañara los domingos. Salí con alguna de sus amigas o amigos/novios. Igualmente mi primo más grande, que ya tenía entonces 18 años, tampoco se presentaba eso domingos.
Esas idas, que cuando era pequeño me encantaban, con el tiempo se volvieron cada vez más aburridas. Siempre era lo mismo. Mi papá y mi tío se pasaban horas platicando, ¿de que? De todo, era como esas pláticas de café donde ellos solos pueden arreglar el mundo. Mi mamá y mi tía por otro lado también duraban horas platicando, por supuesto muy aparte de la conversación de los caballeros.
Por mi parte, me quedaba con mi primo, viendo como gastábamos el tiempo. Jugábamos al Atari, luego salió el Nintendo y pasábamos horas jugando hasta que nos cansábamos. Luego mirábamos la tele. Yo fiel a lo que decía mi hermana, sabía que mi primo estaba guapo, pero no podía tener nada con él. Además nadie, excepto ella y mis primas sabían sobre lo que me gustaba hacer. Por lo que tenía que guardar el secreto.
Uno de esos domingos, luego ya de un largo maratón de juegos de videos, nos pusimos a ver la tele. Comenzó una de esas películas de finales de los ochentas, donde chicos universitarios, buscan ligarse chicas universitarias e intentan verlas desnudas y cosas así. Mi primo le dejó ahí, y no dedicamos a ver la película. Me encantaba ver, como las chicas en esas películas eran tratadas como objetos, y debían complacer y dar placer a los muchachos. Y estando absorto en la película, no note, como el paquete de mi primo comenzaba a crecer.
Ciertamente si bien yo era bastante ingenuo, sabía lo suficiente para entender que era un pene y que una vagina y para que servía uno y otro. Si bien mi hermana no era una zorra, tampoco era una santa. De pronto repare en el paquete de mi primo y una sensación nueva se apoderó de mi vientre. Sentí un calor terrible, en el vientre. Era un calor que pedía ser saciado con el pene de mi primo. Mi primo estaba recostado en su cama, traía puesto un short de tela delgada y una camisa de la misma tela. Yo estaba sentado en un sillón junto a la cama y estaba vestido un poco más formal. Como mi familia era la que visitaba mi mamá me exigía vestir relativamente bien. Ese día traía una camisa tipo polo guinda y un pantalón de mezclilla azul.
Su paquete se dibujaba contra la suave tela del short. Y mientras lo miraba me sorprendió.

-Así es primito, esta película me ha puesto a tope.- Me dijo. Luego de lanzar una breve mirada a mi entrepierna, preguntó: -¿Tú como andas?-

-Ahí, más o menos.- Dije, intentando al mismo ocultar mi nerviosismo, mi falta de erección y restarle importancia al tema.

-Perra madre- Dijo mi primo. –Hace tanto que no me la jalo.- Luego mirándome. -¿Tú no te la jalas?- Me preguntó.

-Pues si, a veces hace falta- Dije, intentando sonar machin y nuevamente restándole importancia al tema. Ciertamente si me había masturbado un par de veces, pero siempre eran chicos quienes protagonizaban mis fantasías, y justamente mi primo había estado presente en varias.

-Bueno primo, no digas nada más.- Comenzó decir, mientras se levantaba de la cama. Abrió la puerta de su guardarropa, y desde lo más profundo de él, sacó una cinta VHS. –Mi hermano me la dio hace unos dos meses, es la mamada, espera a que la veas.- Prendió la video casetera y puso la cinta. Al instante, en la pantalla apreció un negro coguiendose a una rubia muy hermosa. No era como la mayoría de las actrices porno, con senos enormes plastificados, y maquillaje de payaso, era una chica realmente hermosa, muy natural, siendo destrozada por un negro enorme y fuertísimo. Con una riata del tamaño de un pepino grande. A pesar del descomunal tronco, la chica parecía gozar. Quedé nuevamente prendido del televisor, soñando ser la chica y solamente la voz de mi primo me despertó.

-Ahí, disculpas compa, pero tengo que aplacarme.- Mi primo saco su verga, que no tenía comparación con la del negro, pero a mí me parecía mortalmente atractiva. El calor en mi vientre se hizo insoportable, y comencé a sentir una ligera erección. No podía dejar de ver la riata de mi primo. Él por su parte miraba la pantalla.

-Hija de su puta madre, como le gusta la verga. Con confianza primo a mí…- Se interrumpió, porque al voltear a verme, se dio cuenta que miraba extasiado su propia verga, en lugar de la pantalla. Yo aparte mi vista de su miembro y mire la pantalla, pero estaba terriblemente nervioso.
¿Qué pensaría mi primo? ¿A quien le diría?

Él se quedó en silencio. Dejó de sobar su verga, pero no la guardo. Luego comenzó: -Oye, Lalo.- Su voz era calmada y dulce, inspiraba confianza. –Hey, bato.- Quería que lo mirará. Yo me resistí, pero insistió. Se incorporó, sin guardarse la verga. En la pantalla, la rubia comenzaba a darle una fantástica mamada al negro. –Lalo – Dijo. Finalmente volteé. –Mande.- Intenté hacer como si nada pasara. –Hey no te molestes, pero… ¿te gustan los batos?- No dije, nada, estaba demasiado asustado, creo que lo más normal habría sido negarlo y hacerme el molesto, pero el pánico que se apoderaba de mí me impidió reaccionar de ninguna manera.

-No hay pedo hombre, mi hermano y yo ya nos lo imaginábamos.- Yo me sorprendí, ante lo que oía. –No es que se note mucho, pero te juntas mucho con tu hermana, y tus otras primas, que están bien buenas, pero nunca te hemos visto con otras mujeres.- En ese momento el negro se venía y un enorme flujo de semen mancho el rostro de la chica. Ésta lejos de asquearse o retirase, continuo la mamada, con la cara llena de leche. La imagen me agrado, a pesar de lo tensa de la situación en la que estaba. –Mira, yo no digo nada, ni Luis (Luis es su hermano), pero creo que te gustaría sentirte como esa chica.- Mientras lo decía volvía a acariciarse el miembro y se levanto.
En la pantalla, la imagen reflejaba, que el miembro del negro perdía rigidez, y un poco de tamaño, aunque ciertamente la disminución del tamaño, era mínima. Sin embargo la chica parecía ignorante a todo esto y seguía mamando con delicia, esa sabrosa pinga. Diego (mi primo) se acercó a mí, tomó mi mano derecha. La puso sobre su verga y me preguntó: -¿Te gusta?- No dije nada, pero aunque el dejó de sujetarme la mano yo mantuve la mano donde el la había puesto.
-Bien- Dijo. Yo experimentaba un cúmulo de nuevas sensaciones y sentimientos. Por un lado, sentía la calidez de mi vientre en aumento, la firmeza de la verga de mi primo. Y por otro la idea terrible de que era mi primo, y aunque guapo, no podía tener nada con él, como decía mi hermana. Además el gusto de ver la expresión de su rostro que denotaba placer. –Muy bien, empieza a masturbarme.- Me pidió. Y así lo hice.
-Levántate- Me pidió. Me levante, y él se sentó en ese sillón. Se bajó los shorts, hasta los tobillos y me pidió que me hincara entre sus piernas. La chica del video estaba en esa misma posición. Sin que me lo pidiera, me lleve su pene a la boca y como había visto a la chica, comencé a darle mi primera mamada. Era algo difícil y lo raspé un par de veces con los dientes, pero de todos modos, sentí como su verga adquirió firmeza dentro de mi boca. Intenté mirarlo y creo que eso lo excitó más, porque mientras nuestras mirados se cruzaron por un segundo, soltó un gemido sordo. Y un perra madre, mientras sentía por primera vez la calidad leche en mi boca. Sólo que al llegar de improviso y sin saber que esperar, estuve a punto de atragantarme y vomitar.
Saque la riata de mi boca, y mientras intentaba controlar mis nauseas, trallazos de esperma, me salpicaban la cara. Finalmente logré controlarme, y al igual que la chica, estaba decidido a seguir la mamada. Me reintroduje el pene en la boca y esta vez la sensación fue diferente, más tierna. El pene de mi primo perdía rapidamente firmeza, pero la humedad, de su semen y mi saliva me parecían sumamente excitantes. Y mientras seguía mamando, mi primo comenzó a acariciarme la cabeza y ahí fue el acabose. Le di placer a mi macho y el me lo agradecía. Luego de un par de minutos y ya que su pene estaba totalmente flácido, lo deje, me limpié y me prepare para irme. Ya era tarde. Mi primo se limpio también, quito la película y nos pusimos a ver la tele en silencio.
Mi padre me llamó y yo salí del cuarto sin despedirme. A partir de ese día las visitas a casa de mis tíos ya no serían tan aburridas.

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Categoría: Transexuales | Comentarios: 0 | Visto: 23997 veces

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