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Una aventura con final inesperado

Enviado por agustin5 el 12/9/2011

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Una aventura con final inesperado Publicado el 12/09/2011, por: agustin5

Agustín era un auténtico personaje, un tipo peculiar y dicharachero como una tómbola en la feria del pueblo. Quería y se dejaba querer con la gente, disfrutaba saludando a la concurrencia e intercambiando palabras con casi todos sus vecinos.
Tenía una altura suficiente para no destacar ni por alto ni por bajo, su complexión era delgada y escurridiza como una culebra, su cabeza y su cara estaban cuidadosamente deformadas a imagen y semejanza de un balón de rugby, tenía toda la cara del...

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Una noche de farra con sus amigos y bastante perjudicados por el mamón del último bar, que les había puesto garrafón seguro, ¿ o quizás fuera el hielo?, la cuestión es que iban borrachos como si fuera su última noche con vida.
Estuvieron a punto de quedarse dormidos esperando al hambriento de turno, el que parece que si no come se desmaya y hay que parar por narices. En esa breve espera surgieron varias propuestas para lo poco que les quedaba de noche.
Tras una más que dudosa votación, debido a que varios de los votantes dormitaban, se decidió hacer una segunda ronda o vuelta de votaciones para elegir entre el típico desplazamiento hacia el polígono en busca del sexo pagado o ir directamente al centro de la cama.
A nuestro Agustín le encantaban las meretrices, podemos afirmar que era un auténtico putero. Debido a su escaso presupuesto tan sólo acudía a los “ legalizados “ dos o tres veces al mes. En la mayoría de las ocasiones acababa la noche en el polígono, como el decía para vigilar y proteger a las negritas y del este que alquilaban su cuerpo vulnerable ante la intemperie.
Para Agustín todas eran iguales, pero las del polígono era su harén particular y predilecto, sus princesas de la noche. Se sentía bien cuando paseaba con su coche por las oscuras calles alumbradas por hogueras improvisadas por las trabajadores del sexo, supervisaba su seguridad patrullando las zonas, a menudo charlaba con ellas e incluso ponía música alta en el coche con el fin de animarlas y que se pusieran a bailar.
Para Agustín era como ser el héroe que todos soñamos de niños, realmente le motivaba comprobar que mujeres exuberantes y bien proporcionadas trataban de seducirlo, era maravilloso que cada noche que acudía al polígono ligaba con una mujer distinta. Su perdición eran las negritas porque a pesar de su trabajo siempre sonreían e incluso parecían simpáticas.
En plena votación final y cuando estaba a punto de decidirse el último destino de la noche apareció un ángel, lo primero que llegó al grupo de amigos fue el olor, un aroma suave y penetrante que les embargó los sentidos, una potente voz autoritaria les pidió atención.
Cuando las miradas se centraron en el esbelto cuerpo femenino que les requería su atención el tiempo se detuvo un instante, era la mezcla más salvaje entre una amazona y una mulata, una mujer generosa en sus carnes y tremendamente sensual. Una vez captada su atención y visto el éxito de su exposición se ofreció a guiarles hacia la discoteca nueva de la que era relaciones públicas.
En seguida todos siguieron a la chica como perros falderos, todos menos Agustín que contrariado y cabizbajo seguía de lejos a sus amigos, caminaba pensativo qué había fachado en su poderoso poder de convencimiento que tenía, normalmente no fallaba cuando trataba de convencer a sus amigos para alquilar una limpieza de sable.
La entrada les costó 5 euros a cada uno con una consumición, entraron expectantes ante lo que se encontrarían y no les defraudó, era muy amplia y con numerosos grupos de mujeres bailando, lo único extraño era la escasa iluminación que tenía la discoteca.
Agustín estuvo a punto de irse a casa pero lo reconsideró mejor dado su penoso estado etílico, pensaba que borracho es mejor siempre estar acompañado, al menos para que te cuente las cosas que no recuerdas.
Los primeros minutos estuvo de sujeta columnas muy serio y apagado, estaba ejerciendo su derecho al pataleo por no ir al polígono, trataba puerilmente de incordiar a sus amigos. Su rostro avinagrado y su cara de nabo se diluyeron cuando un bombonazo de mujer pasó por su lado.
La moza estaba tremenda e hipnotizado la siguió por la discoteca. La chica llegó a la altura de su grupo y continuó bailando al son de la música. Agustín se dedicó a espiarla de lejos tratando de localizar a su acompañante masculino, cuando se percató de que tenía el camino libre se acercó despacio deleitándose con lo que veía.
A medida que se acercaba notaba que se le aceleraba el corazón, el grupo estaba sobre una plataforma que las elevaba levemente por encima del resto como endiosándolas porque para Agustín eran auténticas diosas de la fertilidad. Si hubiera sido por él se hubiera acostado con todas, todas le parecían guapas.
Estaba cachondo como una perra en celo porque su mente y su pene ya se habían puesto de acuerdo para hacer horas extras por la noche, el alcohol le invadía el organismo y se veía con la valentía necesaria para intentar ligarse al grupo entero y montarse una orgía.
Ralentizó el paso seleccionando bien su presa, no quería fallar y armándose de valor aceleró el paso dispuesto a comerse el mundo y no atragantarse con la primera esquina. Cuando estaba casi encima del grupo y con la primera sílaba saliéndole de la garganta una mano le agarró de la camiseta y le detuvo en seco.
Extrañado Agustín se giró y vio a un joven de su edad que le decía gritándole al oído por la música que no eran exactamente mujeres, más extrañado aún Agustín lo apartó un poco del altavoz y entonces comenzaron sus cavilaciones.
El chaval parecía majo, fue delicado y directo al informarle que en esta discoteca nada es lo que parece, y más concretamente en ese grupo al que se dirigía no todo eran mujeres completas, vamos que alguna poseía órganos de ambos sexos.
Agustín comenzó a cavilar: ¿ realmente es cierto lo que me dice o es que se está quedando conmigo?, ¿ es posible que envidioso por mi determinación y valentía quiera asustarme para no lograr lo que él no se atreve?. Le desconcertaba el altruismo del joven ya que no ganaba nada previniéndole.
Continuó cavilando mientras rodeaba la pista de baile , se sentía atraído por el morboso grupo y no pudo evitar acercarse sigilosamente. Cuando estuvo bastante cerca un hombro le rozó y de inmediato una cara angelical le pidió disculpas a la par que le dedicaba una espléndida sonrisa.
Un escalofrío recorrió su cuerpo, era impensable ese comportamiento en un grupo de mujeres esculturales, normalmente son arrogantes y bordes pero ella había sonreído y además cuchicheaban y se reían a sus espaldas.
Barajaba dos opciones con distintos argumentos, una era que el chaval decía la verdad y otra que era su noche, pensó que ¿ porqué no podía pasarle a él?, de pronto se vio hasta guapo y comprendió que todos los hombres tienen su noche, el destino le tenía preparado una alternativa maravillosa al polígono.
Los nervios le bloquearon y decidió ir a pedir una copa, al girarse una mano se puso en su hombro y al oído le susurró sensualmente, ¿ estás sólo?, las piernas le temblaron, creyó desmayarse porque había notado sus duros pezones en su hombro y en su espalda.
Al girarse contempló a una morena azabache de ojos profundos y misteriosos, labios gruesos y carnosos, cara redonda bien proporcionada, hombros anchos como sus enormes pechos y cuerpo de modelo. Al no contestar Agustín provocó que la joven volviera a susurrarle al oído, ¿ te pongo nervioso?.
Su rostro varió de color en cada segundo a partir de escuchar esta frase, al principio se puso pálido y blanco como el papel, cuando recibió el leve mordisco en el cuello se puso colorado y cuando le cogieron el culo su rostro se desfiguró.
La duda le corroía el alma porque por una parte se percataba de que era imposible que una mujer normal y sin pagar le sedujera de esa forma tan directa, por otro lado se auto convencía afirmando que le podía pasar a él alguna vez.
La morena comenzó a bailar rozando su cuerpo contra el de Agustín al son de la música, Agustín comenzó a mover los pies pero un voluptuoso cuerpo femenino se lo impidió, una pelirroja despampanante se frotaba con él delante suya, le estaban haciendo un sándwich dos pedazo de mujeres.
Agustín estaba desatado y descontrolado, había perdido el juicio y su capacidad de deducción brillaba por su ausencia ya que estaba besando a las dos de forma alternativa y no parecían estar muy enfadadas, sobó sus cuerpos con ansia y se le encendió la alarma cuando les besó en el cuello.
Había notado en ambos pescuezos una prominente nuez al mordisquearlos, recordó un viejo rumor que decía que las mujeres no tienen nuez pero decidió creer que eran leyendas callejeras. Cuando le cogieron la mano comprobó aterrado que eran casi tan grandes como la suya, se encaminaba hacia la verdad funesta del cuarto oscuro.
Durante ese trayecto se dio cuenta de su error, estaba abocado a enrollarse con dos hombres si no huía de forma inmediata, se detuvo en seco y las contempló por última vez, que injusta era la vida con él, se preguntaba atormentado, ¿ porqué tienen que ser hombres con lo buenas que están?.
Las chicas se detuvieron también y se abalanzaron sobre su bragueta arrodillándose, habían intuido que se arrepentía por momentos y se agarraron a una verga como último recurso. Agustín ni pudo ni quiso reaccionar, se dejó hacer por ese par de lenguas juguetonas y expertas que le llevaron a un mundo cálido y húmedo.
Al entrar en el cuarto oscuro le embriagó el denso y fuerte olor agrio a hormonas segregadas a puñados, pensó en irse por última vez pero se sacó una nueva ley de la manga, por decreto Agustiniano exprés queda aprobada la siguiente afirmación; si se sienten mujeres es que son realmente mujeres.
Se dejó hacer de todo, su pene fue relamido a conciencia e introducido en estrechos agujeros humanos, sus testículos no daban abasto en la producción de esperma y la orgía parecía no acabar. Cuando se quedó su pene flácido y su organismo exhausto, sus dos amigas reclamaron su parte con una mirada.
Agustín no era desagradecido ni un traidor, comprendía perfectamente que en el juego del sexo hay que satisfacer a la otra persona y más aún cuando te han proporcionado mucho placer. Entonces las dos mujeres rodearon sus penes erectos con las manos temblorosas de Agustín que de forma inconsciente comenzó a menear las manos.
Fueron momentos de agobio y terror para Agustín que agilizaba al máximo el movimiento de sus manos y brazos, de forma compulsiva y nerviosa con el fin de que acabara la delicada escena lo más rápido posible. En el momento que Agustín notó el cálido líquido en sus manos y le llegó el denso olor a semen desbordado salió corriendo aprovechando el estado de relajación de sus pajeados acompañantes.
Salió de la discoteca y no paró de correr hasta llegar a su casa, afortunadamente vomitó en el jardín y no en su cuarto y se acostó después de ducharse como limpiando y eliminando su sucia y desviada aventura.
Al día siguiente no quiso recordar nada pero retiraba las manos sin quererlo cuando cogía algún alimento, pasaron semanas hasta que volvió a masturbarse por sí mismo, se lavaba las manos más veces al día que Poncio Pilatos y usó toda su higiene mental para hacer memoria selectiva y olvidarlo completamente.
Lo mejor vino cuando todos los amigos que entraron en la discoteca se volvieron a ver, todos reían de forma exagerada comentando los travestis que había en el garito, que alguno había ligado y tuvo que salir por patas, otro juraba y perjuraba que la suya era una tía completa, provocando las carcajadas de los demás y Agustín pensaba sonriendo que un par de meneos era un justo peaje por tanto placer recibido, quizás vuelva solo a la discoteca.

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Categoría: Transexuales | Comentarios: 0 | Visto: 3937 veces

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