Con mi secretaria y con su hermano

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Ajustar texto: + - Publicado el 09/04/2009, por: Anónimo

Yo trabajaba para una compañía de telefonía en calidad de Jefe de departamento de Supervisión y tenía a mi mando un grupo de técnicos inspectores, así como una secretaria.

Del grupo de técnicos no vale la pena comentar nada, pero de mi secretaría tengo mucho que platicar porque se trataba de una mujer de regular estatura pero con un cuerpo de ensueño, sobre todo de la cintura para abajo y de las rodillas para arriba que es donde se encuentran las partes anatómicas del erotismo puro. En especial su parte posterior era la que más me llamaba la atención. Era soltera de 26 años de excelente porte además de su excelente cuerpo. Muy eficiente en su trabajo pero también muy eficiente en la cama, sobre todo era muy buena para mamar.

Ella había sido contratada por el Administrador de la Empresa, de nombre Jaime, quien lo mismo contrataba mujeres de gran belleza como muchachos jóvenes y el caso de ella, la contrató para que sustituyera a mi anterior secretaria que desafortunadamente quedó discapacitada después de un accidente automovilístico.

Se comentaba en los chismes de pasillo que Jaime era bisexual con tendencia marcada hacia los hombres, lo cual a mí no me interesaba en lo más mínimo porque siempre he sido respetuoso de las preferencias sexuales de las personas. Lo cierto es que era soltero a la edad de 40 años y vivía solo en su departamento.

Con el paso del tiempo, mi secretaria y yo hicimos buena íntima amistad dentro y fuera del trabajo, a tal grado que llegamos a tener relaciones sexuales con mucha frecuencia en mi oficina y en moteles. ¿Cómo es que llegué a involucrarme con ella?. Que nadie me haga esa pregunta porque no tengo respuesta. Son cosas que se presentan sin ninguna explicación. Son cosas de la vida.

A ella no le gustaba el sexo anal y yo me moría de deseos por penetrar su escondido ano cubierto y protegido por un par de maravillosas nalgas que me cansaba de acariciar, besar y mordisquear, pero ella no accedía a que mi verga traspasara sus lindos pliegues anales. Apenas alcanzaba a meterle un dedo con la intención de prepararla o la punta de mi pene, cuando ella protestaba.

Regularmente yo no uso ropa interior y logré convencerla de que ella no usara pantaletas durante las horas de oficina, lo cual era muy excitante, porque con frecuencia mis manos entraban bajo su falda para acariciarle las nalgas y su panocha que siempre estaba húmeda. Ella usaba pantaletas sólo los días que andaba menstruando.

Ante la situación de que no se dejaba penetrar por atrás y dado mi gusto extremo por practicar el sexo anal a las mujeres, decidí retirarme de ella por un tiempo diciéndole que ya no cogeríamos más mientras ella no me permitiera metérsela por el culo.

-Adonis, me decía, es que el sexo anal a mi no me gusta.

-Si no lo has probado, le respondía yo, no puedes saber si te gusta o no.

-Pero es que a mi me gusta coger contigo porque la pasamos muy bien, me dijo en una ocasión que estaba junto a mí en mi oficina, ofreciéndome una taza de café.

-Pero mejor la pasaríamos si me dejaras metértela por este chiquito tan lindo que tienes, le dije, metiendo mi mano por debajo de su falda para agarrarle la panocha que me dejó los dedos lubricados, así como agarrarle las nalgas y meter mis dedos entre ellas hasta llegar a su ano.

En esa ocasión que entró mi oficina y cerró la puerta con seguro como siempre lo hacía y como era su costumbre, tardó mucho tiempo en servirme la taza de café, con el propósito de que mi mano y en especial mis dedos continuaran haciendo su trabajo sexual. Mientras le acariciaba las nalgas y le metía primero un dedo y luego dos en el culo, cerró los ojos indicando el goce que sentía. En esos momentos pensé que yo iba por buen camino porque ella empezaba a mostrar placer.

-¿Ya te gusta que te meta los dedos en el ano?, le pregunté.

-La verdad es que ya me está gustando, me dijo sin abrir los ojos. Lo que pasa es que he estado practicando con mis dedos y pepinos delgados para que mi culito se acostumbre. Quiero darte gusto de que me la metas por ahí, pero yo también quiero gozarlo.

Cuando me dijo eso con sus ojos cerrados y su respiración agitada, mi verga se puso más tiesa de lo que ya estaba y con la mano desocupada me bajé el cierre del pantalón para sacármela. Ella dejó sobre el escritorio el recipiente de café y mientras yo permanecía sentado en mi sillón se me acercó repegándome los pechos en mi cara pidiéndome sin hablar que le mamara las tetas.

Mi mano continuaba entre sus nalgas y mis dedos entraban y salían de su culo. Se desabrochó la blusa y se bajó el brassier para que sus tetas quedaran libres y se las mamé muy rico. Mi mano tuvo que salir de su escondite pues ella se arrodilló entre mis piernas para mamarme la verga sólo por unos instantes, ya que no era prudente que lo hiciera por mucho tiempo porque nos podrían descubrir los demás empleados, aunque era frecuente que nos cachondeáramos en esas condiciones, pero siempre con el temor de ser sorprendidos en el acto. Ya se habían presentado varias ocasiones que tocaban a la puerta para tratar asuntos de trabajo, con la consecuente molesta interrupción de nuestro cachondeo.

No sólo cachondearnos sino que en varias ocasiones me la había cogido en un diván que yo tenía en la parte trasera de mi bien equipada oficina. Mi oficina era cómoda pues además de contar con el mobiliario necesario para trabajar, a mis espaldas contaba con un área de descanso donde había un cómodo diván, un gran televisor con reproductor DVD, una pequeña cocineta con horno de microondas, un refrigerador que mi secretaria se encargaba de mantener lleno con lo necesario, una cafetera, galletas y panecillos que no faltaban, además un baño con regadera que siempre tenía agua caliente y fría. En el perchero siempre tenía un cambio de ropa completo, porque a veces me quedaba a dormir ahí y al día siguiente era la ropa que usaba.

-Ahorita que ya te dilaté el chiquito, le dije con voz entre cortada, siéntate en mi verga.

Dejó de mamarme para voltear a verme.

-No, me respondió, aún no estoy lista, pero dentro de poco lo estaré.

Terminó de decirme que no quería que se la metiera por el culo y se me prendió de nuevo de la verga. Yo estaba a punto de acabar con tan linda mamada y decidí interrumpirla para ir al baño y terminar de masturbarme, mientras ella le quitaba el seguro a la puerta y regresar a mi escritorio para simular que acomodaba unos documentos que estaban encima.

Después de descargar mi energía masculina en las taza del WC, reposé unos instantes para recuperarme y poder regresar a mi sillón. En cuanto me senté le y le dije.

-Oye…quiero recomendarte algo para que termines de entrenar tu chiquito.

-Dime de qué se trata, me respondió.

-Compra un buen consolador para que lo uses en lugar de pepinos.

-Ya lo había pensado, me dijo, pero me da pena entrar a las tiendas SEXSHOP.

-No tiene por qué darte pena comprar lo que cientos de personas compran, le dije, pero para que no haya problema, saliendo del trabajo yo te lo compraré y mañana te lo traigo, ¿ok?.

-¡Ay, si!, me dijo emocionada, con un consolador estoy segura que me entreno más rápido.

Al día siguiente en cuanto llegué a la oficina de dije que pasara junto conmigo. De mi portafolios que siempre uso (más bien parece maletín) en donde traigo documentos, cámara fotográfica, Etc., también traigo siempre conmigo un estuche con indispensables utensilios sexuales como condones, lubricante anal, loción de feromonas y un pequeño frasco de miel de abeja. De ahí saqué el consolador que había comprado y se lo mostré.

-¡MMMMM!, se expresó mi secretaria al verlo con ojos desorbitados y tomarlo entre sus manos. Se ve exquisito y de buen tamaño.

-Lo exquisito lo vas sentir cuando lo tengas ensartado en tu culito, le dije.

-JAJAJAJAJA. ¡Ay, como eres!, me dijo mientras hacía vibrar el consolador. Pero la verdad es que se ve muy rico y hasta me dan ganas de estrenarlo en estos momentos.

-Espera un rato más, le dije, y yo te ayudo a estrenarlo. Tengo que ir a la oficina del Director, pero en una hora más regreso. Guarda el consolador en el cajón de mi escritorio.

Dicho lo anterior la atraje contra mí para darle un gran beso en la boca mientras mis manos le levantaban la falda para acariciarle sus bien formadas nalgas que para esa hora ya no las cubrían ningunas pantaletas. Me separé de ella para tomar unos documentos e ir a la oficina del Director.

Afortunadamente el director no estaba y llegaría en dos horas más, de manera que me regresé a mi cubículo rápidamente, pues tenía algo muy urgente por hacer que no tenía nada que ver con mi trabajo. Era el culo de Nancy (nombre de ni secretaria) el que me jalaba como un imán y presentía que por fin se lo iba a perforar por primera vez. Las personas que gozan del sexo anal comprenden mis ansias locas por culearme a mi secretaria, después de tanto tiempo de esperar pacientemente a que se decidiera.

Al pasar por el escritorio de Nancy no la vi e imaginé que andaba por otro cubículo o que había ido al baño. Deseé que estuviera en el baño lubricándose sus partes femeninas para darle uso al consolador. Traté de abrir la puerta de mi oficina pero tenía seguro por lo que tuve que abrir con llave sin imaginar la grata sorpresa con la que me encontraría.

Nancy no estaba en el área de mi escritorio y más extrañe su ausencia. Abrí la puerta que da a mi espacio de descanso y sobre el diván estaba acostada completamente desnuda y entre sus manos accionaba el consolador que con lentitud se lo metía y sacaba del chiquito.

-¡MMMMMHHHHH, Adonis!!!!!!!, me dijo al verme, que rico. Cerró los ojos y continuó con su labor resoplando por la pasión que le salía hasta por los poros de su piel. Ahora si…ya estoy lista para que me metas la verga por el culo, terminó diciéndome moviendo todo su cuerpo sobre el diván.

Al ver aquella escena como de una película pornográfica, un escalofrío recorrió mi cuerpo y hasta sentí que mi piel se erizaba. Rápidamente mi quité mis zapatos para darle libertad a que salieran mis pantalones que al bajármelos quedaron en el suelo. Mi verga saltó como impulsada por un resorte y de pie me acerqué a ella quien desesperadamente me la agarró para metérsela en la boca y darme una rica mamada. El consolador lo tenía metido hasta sus intestinos y ahí lo mantuvo mientras me mamaba.

Nancy dejó de mamarme para pedirme suplicante.

-Ya Adonis, métemela por el culo…por favor…ya. Ahora si estoy lista.

Esa petición era la que estaba esperando de mi secretaria desde muchos meses atrás y finalmente había llegado el ansiado momento.

Todavía con el consolador metido por atrás, Nancy se había acomodado boca arriba en el diván y apenas le había metido la verga por la vagina cuando escuchamos que tocaban a la puerta de mi oficina y escuchamos también el clásico ruido que hace una puerta cuando tratan de abrirla. El encanto se rompió y rápidamente me separé de Nancy, me vestí y me puse los zapatos para ir a abrir la puerta.

-Quédate aquí, le dije a Nancy mientras te vistes. Rápido por favor, que nos descubren.

Aparentemente tranquilo llegué hasta la puerta y la abrí.

-Buenos días, me dijo una de las compañeras de trabajo de Nancy. ¿Interrumpo?.

-No, Carmelita, para nada, pasa por favor. ¿Qué se te ofrece?.

Pinche vieja, pensé molesto, más inoportuna no pudo haber sido.

-Busqué a Nancy por toda la oficina pero no la encontré. ¿Está con usted?, preguntó la vieja inoportuna a la que me dieron ganas de estrangular.

-Pasa, le dije, me está preparando café en la cocineta.

Si Carmelita vio la erección que todavía tenía bajo el pantalón, la verdad es que no me importó.

-Gracias, me dijo la pinche vieja imprudente y pasó hacia donde estaba Nancy, seguramente ya vestida.

-Nancy, le dijo te estamos buscando porque ya vamos a hacer el sorteo de los regalos de fin de año y tú tienes los boletos que pondremos en el ánfora.

Efectivamente, Nancy ya se había vestido y estaba "ocupada" en la cocineta.

-¡Ay, de veras!, expresó mi secretaria dejando lo que supuestamente estaba preparando y salió de mi oficina. Disculpe arquitecto, me dijo en voz alta para que Carmelita escuchara, en cuanto termine el sorteo regreso para terminar con lo que nos quedó pendiente.

-Espero que así sea, Nancy, porque ese trabajo es muy urgente y ya no puedo dejar pasar más tiempo, le dije demostrando algo de molestia. Más que molestia, era frustración.

-Si arquitecto, no se preocupe, me respondió. En cuanto hagamos el sorteo me regreso con usted porque a mí también me urge terminar ese trabajo. De espaldas a Carmelita guiñó un ojo.

Nancy cerró la puerta tras de si y con mi puño di un golpe al escritorio, por mi coraje y frustración. Era mía…la tenía…y la dejé ir, pero yo sabía que ese culito iba a ser mío en unos minutos u horas más. Al menos eso era que pensaba, pero por diversas razones, las horas pasaron y mi ansiedad no pudo ser satisfecha lo que me puso de mal humor.

-oOo-

Ya eran las ocho de la noche y me sentía cansado después de un largo día de trabajo. Mi computadora ya estaba apagada después de darle la última revisión al trabajo que al día siguiente tenía que presentar en una reunión de accionistas de la Empresa.

Cerré los ojos y me recosté en mi cómodo sillón para descansar un poco antes de salir rumbo a mi casa, a donde no tenía ganas de ir porque me encontraba en uno de esos momentos en que uno quiere estar solo con sus pensamientos. Por supuesto que mis pensamientos estaban fijos en la imagen de Nancy revolviéndose en mi diván con el consolador metido hasta el tope en su culo. Ese culo que tanto deseaba penetrar y que se había convertido en mi obsesión y que durante el día no se presentó la oportunidad de penetrarlo, después de que la vieja tonta de Carmelita nos interrumpió.

Continuaba con los ojos cerrados y no me di cuenta que Nancy había entrado a mi oficina y se había colocado de pié justo a mi costado izquierdo como siempre lo hacía para dejar sobre mi escritorio algunos documentos. La gruesa alfombra del piso de mi oficina impidió el ruido de sus zapatillas. Me colocó su mano en mi hombro y yo di un salto sobre mi sillón por la sorpresa.

-¿Estás nervioso?, me preguntó, tuteándome como era nuestra costumbre cuando estábamos a solas.

- No, lo que pasa es que no sentí cuando llegaste.

Estiré la mano y la metí por abajo de su falda color azul para acariciarle el culito que tanto deseaba, pero me topé con sus pantaletas que ya se había puesto pues era hora de salir del trabajo. Sin embargo mis dedos se abrieron paso entre su ropa interior buscando aquel apretado agujero, mientras mi verga se ponía tiesa. A esa hora ya no había riesgo de que alguien nos viera porque todos en la oficina se habían retirado.

-Este culito tiene que ser perforado por mi verga ahora mismo, le dije apretando mi mano sobre sus nalgas. Vamos al diván.

-No, Adonis, me dijo, ya es tarde y tengo que irme. La verdad es que a mi también me anda porque me la metas, pero lo hacemos mañana. ¿Pero para qué esperas a perforar mi chiquito, habiendo en la oficina quien se muere por que le metas la verga por atrás?

-¿De veras?. ¿De cual dama se trata?, le pregunté muy interesado.

-No se trata de ninguna mujer, sino de Luís, el chavo que está en el departamento de fotocopiado.

-¿Luís es gay?. ¿Y quiere que me lo culee?

-Claro que es jotito. ¿A poco no te habías dado cuenta?. Él y el administrador se entienden muy bien. Recuerda que Luís entró a trabajar aquí porque el administrador lo recomendó diciendo que era su sobrino, pero ni madre de sobrino que es.

-Bueno, la vida íntima de las personas a mi no me interesa. Además tú también entraste a trabajar en esta Empresa porque Jaime (el administrador) te contrató.

Cuando Nancy me comentó la preferencia sexual de Luís, inexplicablemente más se me paró la verga. Yo había notado los modales afeminados de Luís, un muchacho que tenía escasos meses trabajando en la Empresa, pero más me había fijado que su juvenil trasero de 22 años de edad era digno de meterle la verga, porque siempre usaba muy ajustados sus pantalones y era evidente que así los usaba para provocar. Total…pensaba…un culo es un culo y en tiempo de guerra cualquier hoyo es trinchera, sobre todo en ese día que mi la lujuria se había apoderado de mí durante tantas horas.

-Ya le dije a Luís que no tiene caso que se haga ilusiones contigo, porque tú no eres de esos, pero él me insiste que no pierde las esperanzas. Anda caliente contigo. Así que si te decides… ya sabes que tienes muy cerca un culito para perforar. Por cierto…ya te diste cuenta que Luís tiene un excelente trasero, casi tan bueno como el mío?

-Claro que ya me di cuenta, pero el culo que quiero penetrar es el tuyo.

-Vamos…lo hombre no se te va a quitar, aun que se la metas a Luís o él te la meta. El sexo es sexo, ¿no?.

-Tienes mucha razón y ya me hiciste pensar en ese culito. Muchas gracias por la información, le dije. Pero mira como estamos perdiendo el tiempo con esta plática, cuando ya te debería estar metiendo la verga por donde ya sabes.

-JAJAJAJAJA, mañana será tuyo mi agujerito que tanto deseas, pero ahorita ya es tarde y tengo que irme.

-Bueno…que le voy a hacer. Buenas noches y te recomiendo que sigas ensayando con el consolador.

-Eres un desgraciado pero me fascina estar contigo. ¿Te vas a quedar un rato más?

-Sí.

-Te ves cansado. Deberías quedarte a dormir, me sugirió.

-No es mala idea. Me voy a quedar esta noche.

-Que descanses. Nos vemos mañana.

Nancy me plantó un beso y se retiró, dejándome con la verga a punto como buscando algún rincón donde meterse y pensé en el culo de Luís, pero me tallé la frente como deseando borrar de mi mente esos pensamientos. Además…hasta Luís se había retirado. Entonces…¿a quién podría culearme en esos momentos de soledad en la oficina?. Tendría que masturbarme para acabar con la calentura que me agobiaba. Nancy dejó abierta la puerta de acceso a mi oficina y yo no la cerré. No era necesario porque estaba solo.

Me incorporé de mi sillón para pasar al área de descanso y también dejé abierta la puerta. Me preparé una taza de café el cual acompañé con unas galletas. Coloqué en el reproductor una película PORNO GAY con el fin de ver algo diferente a lo que comúnmente se ve. Encendí el televisor y me desvestí completamente para darme una ducha de agua fría para bajarme la calentura, pero antes llamé por teléfono a mi casa para avisar que no iría a dormir. Mi esposa nunca me cuestiona cuando me quedo en mi oficina por las noches, porque ella sabe que a veces el trabajo así lo requiere.

Salí de la regadera y completamente desnudo como a mí me gusta estar en cada ocasión que puedo, me dejé caer pesadamente en el diván, cubriéndome un poco con la toalla húmeda que acababa de usar. Yo estaba solo en la oficina, por lo que subí el volumen del televisor para escuchar los gemidos de los actores.

Con mi mano izquierda tomaba la taza de café y las galletas, mientras mi mano derecha aprisionaba mi verga para hacerme una puñeta (masturbarme).

Inesperadamente en el umbral de la puerta de mi área de descanso, apareció la silueta de quien no escuché sus pasos. Mi sorpresa fue mayúscula, e instintivamente cubrí mi cuerpo desnudo lo más que pude con la toalla que tenía encima.

- ¡Luís!, ¿Qué estás haciendo aquí?. Pensé que ya se habían retirado todos de la oficina.

-Yo me quedé a terminar un trabajo que me ordenó el señor Jaime para la reunión de mañana.

Luís estaba exagerando sus ademanes afeminados y era obvio que lo hacía para coquetearme, porque su comportamiento normal no era de esa manera.

-¿Y ya lo terminaste?

-Sí, pero vi que esta oficina estaba iluminada y vine a apagar las luces antes de retirarme. Entré hasta acá porque escuché unos gemidos como cuando están cogiendo. No imaginé que usted estuviera aquí.

-Es la película que estoy viendo. Son puros gay los que están culeando.

-Si, ya los estoy viendo. Se ve interesante. Pero disculpe, no pensé que se encontrara usted descansando y así desnudo como está. Estoy interrumpiendo su intimidad…pero me gustaría acompañarlo un rato para ver la película, pero… no sé si esté de acuerdo en que lo acompañe.

-No te preocupes. ¡Claro que quiero que me acompañes!, pero con la condición de que no se lo comentes a nadie. Ya ves cómo es de chismosa la gente.

-¡Ay!, de ninguna manera, señor. Usted no me conoce, pero quiero decirle que soy la persona más discreta que puede haber.

-Está bien, pero no te quedes ahí parado. Pasa para que veas un rato la película. ¡Ah!, pero antes ve a cerrar con seguro la puerta del acceso principal. ¿Te gustan las películas porno?.

-Me encantan y sobre todo estas donde aparecen puros gay. Son de los míos. Usted sabe…¿no?. ¿Pero dónde me siento?. No se preocupe por la puerta principal porque ya le puse seguro.

- Aquí a un lado de mí. Te doy espacio en el diván. ¿Quién más sabe que te quedaste en la oficina?

-Nadie. Tuve el cuidado de encerrarme en el departamento de copiado para que nadie se diera cuenta.

-Bueno…eso me tranquiliza.

Yo no dejaba de pajearme por debajo de la toalla mientras platicaba con Luís, quien empezaba a manifestar un notorio nerviosismo mientras su respiración empezaba a agitarse. Era evidente que Luís no se encontraba junto a mí por obra de la casualidad. Era muy claro que él y Nancy me habían puesto una trampa en la que no me molestaba en absoluto haber caído en ella. Luís se sentó tímidamente a mi lado, pero su respiración se aceleraba cada vez más.

-¿Por qué no se quita la toalla?, me preguntó

- Quítamela tú.

Por supuesto que me la quitó rápidamente.

-¡Qué linda verga tiene!. ¿Se la puedo agarrar unos momentos mientras vemos la película?

-¡Claro que sí!. Nada más no me la jales mucho porque no quiero que se me salga la leche.

-De acuerdo. Pero antes voy a pasar al baño a lavarme las manos.

-No. Mejor date un regaderazo.

-Está bien, me respondió

Luís empezó a desvestirse lentamente y de espaldas a mí. Antes sacó de su bolsillo un sobre con tres condones y un tubo con lubricante anal que colocó muy junto de mí. Me sonrió pícaramente mientras lo hacía. El muchacho era joven pero se notaba su experiencia.

Al quitarse la pequeña tanga que usaba, coquetamente me mostró a plenitud su trasero al que yo suponía bien formado pero no tanto. Lo tenía exquisito o al menos así lo veía yo en esos momentos quizás por lo caliente que estaba. Su cuerpo de piel blanca no mostraba ningún vello porque me di cuenta que era lampiño natural, a excepción de sus largos vellos púbicos de color negro.

-Ahorita que te bañes, aprovecha para rasurarte esos pelos tan feos que tienes. Ahí hay un rastrillo, le ordené.

-Está bien.

Mientras Luís de bañaba yo seguí viendo la película y pajeándome impaciente porque saliera de la regadera. Así lo hizo ya seco y completamente depilado de sus vellos púbicos, y desnudo se acostó a mi lado. Inmediatamente me agarró la verga y me empezó a masturbarme. Estaba rica la puñeta que me estaba haciendo.

Yo cerré mis ojos para gozar el momento y lo que menos me importaba era ver la película. Yo hice lo mismo con su verga la que noté del mismo calibre que la mía. Nos estábamos masturbando mutuamente mientras veíamos sin ver la película porno. Mientras nos masturbábamos continuamos con nuestra conversación.

-Debes tener muchos amigos jóvenes como tú para relacionarte. ¿Por qué quieres culear conmigo?, le pregunté.

-Porque se ve que usted tiene mucha experiencia y además es muy varonil. Así me gustan los hombres, me respondió.

-Pero de seguro hay quienes tengan la verga más grande que la mía.

-Sí, pero a mí me gusta más la calidad que la cantidad. Yo se que usted me dará calidad.

Nuestras respiraciones estaban cada vez más agitadas porque la lujuria nos había invadido.

-¿Y eso como lo sabes?

-No se lo puedo decir.

-No es necesario que me lo digas, porque ya sé quien te lo dijo.

Luís guardó silencio y nuestras manos aceleraban el ritmo de la puñeta que nos estábamos haciendo.

-¿Quiere que se la mame?

- Eso no es necesario que lo preguntes. Tú mámame todo lo que quieras.

Rápidamente Luís apresuró su viaje rumbo a mi verga que lo esperaba ansiosa. Enredó su lengua en el glande y me quitó los jugos preseminales. Siguió lengüeteándome y de pronto se la tragó toda. Sentí que le llegaba hasta su garganta pero no se la sacó, sino que abrió más su boca para sacar la lengua tratando de lamer mis huevos. Repitió la acción en varias ocasiones mientras yo me retorcía de placer.

Sus dedos que ya había lubricado se encontraban en mi culito tratando de entrar en mi recto. Finalmente dos de ellos lograron entrar hasta el fondo y los empezó a girar dentro de mí para que mi ano se dilatara, seguramente con la intención de penetrarme.

Mientras me mamaba la verga, curvaba sus dedos dentro de mi recto para tocarme el punto "G". Mi respiración estaba muy agitada pero más agitada estaba la de Luís que lanzaba unos "MMMMHHHHHHHH" de satisfacción. El chavo sabía mamar a tal grado que yo ya estaba a punto de eyacular y para evitarlo lo tome suavemente por los cabellos para retirarlo de mi verga.

-Espérate un poco porque me haces acabar.

-Quiero mamarle por atrás.

-Ya te dije que me mames lo que tú quieras, le dije.

-Voltéese. Después de mamarle el culito, ¿quiere que le meta la verga?, me preguntó Luís.

-Tú no preguntes nada. Sólo actúa.

Me puse una almohada bajo mi vientre para que mi trasero quedara respingado. Luís me abrió las nalgas con sus manos y aunque yo no lo veía, sentí como su rostro completo se introdujo en mi canal para que su boca ansiosa llegara hasta mi culo. Lo primero que hizo fue darle un mordisco lo que me hizo dar un brinco y aprisioné su cara entre mis posaderas.

-No me lo muerdas, porque me duele.

-Está bien. Sólo se lo voy a mamar.

Efectivamente su boca se convirtió en una potente ventosa que succionaba mi ano como queriendo extraer de allí algún néctar que él sabía que nunca encontraría. ¿O si sabía?. De cualquier manera, Luís me abría las nalgas a todo lo que podía y yo me relajaba para que me ano se abriera lo más posible para que su lengua entrara y saliera con la mayor facilidad, pero parecía que Luís no solo quería meterme la lengua, porque yo sentía que su boca entera se metía en mi culo dilatado. Contra lo que yo esperaba, el chavo resultó todo un experto.

Los ímpetus juveniles de Luís eran arrebatadores y sus manos me aprisionaban con fuerza mis nalgas además de que me las aruñaba de arriba a abajo. Increíblemente me estaba provocando sensaciones que nunca había experimentado por lo que me tenía extasiado. Luís retiraba su boca y me metía hasta donde podía dos de sus dedos. Los sacaba y me volvía a mamar con ansias locas y hasta con rabia, haciendo que mi cuerpo se aplastara contra la almohada. Mi culo palpitaba de emoción indescriptible. El aliento caliente que desprendía la boca de Luis me quemaba los pliegues del culo.

-¡PARA!, ME VAS HACER ACABAR!, le dije casi gritando.

Sus manos me tomaron por las caderas y sentí que su cuerpo ardiente se pegaba al mío. Entonces la cabeza de su verga traspasaba mis pliegues anales pero lo interrumpí. Yo estaba a punto de hacer erupción cual si fuera un volcán, por eso mi ano deseaba la penetración, pero en ese instante mi verga era la que más deseaba penetrar un culo.

-No, no me la metas, le dije, mejor te la meto yo. Todo el día mi verga ha deseado penetrar un culito.

Giré de nuevo para quedar boca arriba y rápidamente Luís me puso un condón. Entre sus dedos tomó un poco del lubricante anal que llevaba y se lo untó en su culo para lubricarlo. Se me subió dando de frente su rostro y él mismo me tomó la verga para colocársela a la entrada de su ano y se dejó caer arrebatadamente sobre mí.

Se le fue hasta el fondo y cabalgó frenético sobre mí hasta que mi leche salió a borbotones para depositarse en el condón que se encontraba en sus intestinos. Mientras mi verga desfogaba su leche, Luís se quedó quieto y ensartado para hacerse una puñeta (masturbarse) y derramar su semen en mi vientre. Nuestros fuertes pujidos de satisfacción se confundían con los pujidos de los actores gay de la película que hacía rato habíamos dejado de ver. Mientras acabábamos, Luís se derrumbó de frente hacía mi rostro. Habíamos acabado.

Luís me desmontó y ambos fuimos a lavarnos a la regadera. Él salió primero y se secó. Esperó a que yo saliera para delicadamente secar todo mi atribulado cuerpo. Se vistió rápidamente y sin decir nada más salió de mi habitación improvisada. Apagué el televisor y me acosté a dormir, conciliando el sueño rápidamente.

-oOo-

Eran la 7 de la mañana del día siguiente y me encontraba aseado y vestido para salir a tomar mi desayuno en un restaurant cercano, pero cual fue mi sorpresa que al salir a la parte de mi oficina donde se encuentra mi escritorio, ver que en las sillas de visita se encontraban cómodamente sentados Nancy y Luís esperando a que yo saliera. Sobre la cubierta de mi escritorio se encontraban unas aromáticas viandas que en esos momentos ellos degustaban.

Nancy se levantó para darme un abrazo un beso en la mejilla mientras Luís continuaba desayunando.

-Buenos días. ¿Cómo amaneciste?, me preguntó Nancy.

-Bien. ¿y ustedes?

-Yo amanecí muy bien, pero creo que Luís amaneció más contento que de costumbre y con mucho ánimo de venir a la oficina, pero antes tuvo la idea de que trajéramos desayuno para compartirlo contigo. Espero que no te moleste.

-De ninguna manera me molesta. Al contrario, se los agradezco mucho.

Me acerqué a mi sillón y me senté en él para tomar los alimentos que me ofrecían, los cuales me supieron a gloria pues había amanecido con gran apetito.

-¿Qué tal pasaste la noche?, me preguntó Nancy.

-Muy bien. Estuve viendo una película y luego me dormí. Lo que me extraña que los dos estén juntos y aquí conmigo, porque nunca lo habían hecho. ¿A qué se debe su agradable compañía?

Nancy y Luís intercambiaron una mirada y sonrieron.

-Bueno…es normal que estén juntos un hombre y una mujer que son hermanos, me respondió mi secretaria, recalcando la palabra HERMANOS

-¿Qué dijiste?…ustedes son…

-Lo que escuchaste. Luís y yo somos hermanos.

-Entonces es obvio que se pusieron de acuerdo para que las cosas sucedieran anoche.

-¡Claro que sí!. A mi hermano le gusta mucho la verga y a ti dar sexo anal, entonces…¿Por qué no ayudarlos a los dos para que vivan un rato de felicidad?. Además es muy cierto que tú le gustas mucho, como me gustas a mí. Pero no te preocupes, porque el secreto queda entre nosotros. También quiero decirte que Luís y yo tenemos más planes para ti, que estamos seguros que no podrás rechazar.

-Está bien. Luego platicamos de esos planes, pero…¿cómo pude estar tan ignorante del parentesco que ustedes tienen?, pregunté.

- ¡Ay!, amor!…tu te metes en tu trabajo y no te das cuenta de muchas cosas que existen y suceden a tu alrededor.

- De acuerdo, pero hay algo que todavía no entiendo.

-¿De qué se trata?, me cuestionó Nancy.

- Si tu y Luís fueron contratados para trabajar en esta Empresa por Jaime el Administrador, entonces…¿Cuál es la relación que tienen con él?

- ¿Todavía no lo adivinas, amor?. La misma que tenemos contigo. Un día de estos nos vas a tener juntos. Haremos un trío fenomenal como lo hacemos con Jaime

-Mmmmhhh!!!!, eso sería rico, le respondí. Aunque en realidad, Nancy… tú sabes muy bien el pendiente que tenemos tu y yo. Pero en fin…¿Qué les parece si lo hacemos hoy en la noche?

-¡Claro que si!, dijo Luis. Saliendo del trabajo nos vamos a casa.

-Es buena idea, respondió Nancy.

-Pero…ustedes son hermanos y…¿entonces practican el amor filial?

-Pues yo no sé cómo se le llama a eso, pero mi hermano y yo cogemos muy rico, jajajajaja, respondió Nancy divertida. Aunque a él le gusta coger por los dos lados, jajajajaja.

-Pues cuando yo te la meta por atrás también te gustará coger por los dos lados, jajajajaja. Pero no se diga más, les respondí. Mi duda es que si van a estar solos o esperan visitas.

-Vivimos solos y el que nos visita con frecuencia es Jaime, me dijo Nancy, pero ya ves que ahorita está en el norte organizando el Congreso. Por cierto que Luís será su acompañante.

-Me parece bien, le respondí. Y tu… ¿no quieres ser mi acompañante en el congreso?.

-¡Claro que si quiero!, me respondió Nancy.

Ese día transcurrió con más lento de lo normal. Batallé para concentrarme en mi trabajo porque mi mente estaba ocupada imaginando los momentos de placer que tendría esa noche. Yo sabía que en esta ocasión era inevitable meterle la verga por el culo a mi secretaria, lo cual me trajo ardiente durante el día. A eso le agregaba que haríamos un trío con su hermano y un morbo súper especial se apoderaba de mí, porque no sabía cómo se comportaría una pareja de hermanos al momento de coger conmigo.

Tú que lees estas líneas te preguntarás. ¿A qué se debía la obsesión de Adonis por perforar el culo de su secretaria?. Pues para que te des una idea exacta del deseo incontrolable que me provocaba, enseguida puedes ver la única foto que conservo de tan exquisito manjar.

Creo que después de ver el apetitoso culo que me traía loco de deseo, se puede comprender mis ansias desenfrenadas por cogérmelo.

Pero comentaba que ese día…

Eran las ocho de la noche cuando los tres a bordo de mi automóvil nos dirigíamos a su casa, pero antes de eso, una vez más me reporté por teléfono a mi casa diciendo que en esta ocasión llegaría muy tarde. Tenía mucho trabajo por hacer en mi oficina que requería de tiempo extra.

Antes de llegar a la casa de mis acompañantes, pasamos a comprar unas pizas y refrescos. Yo quería beber algo de vino blanco que no fue necesario comprar porque Nancy y Luís tenían una buena dotación en su hogar.

Vivían en un segundo piso de un edificio de apartamentos y finalmente entramos. Pusimos nuestra cena en la mesa del comedor y mi corazón latía con mayor ritmo de lo acostumbrado. Estaba nervioso y excitado.

Nancy estaba junto a mí y aproveché para darle un fuerte abrazo y empezar a cachondearla. Me volvía loco sentir entre mis manos y por encima de la tela de su falda aquel fabuloso par de nalgas, que dentro de pocos minutos estarían junto a mi pelvis. Metí las manos bajo su falda y mi pasión terminó de encenderse al sentir su piel libre de ropa interior. En esta ocasión no se había puesto pantaletas.

Mientras la abrazaba, Luís había aprovechado para abrazarme por atrás y sentía su respiración en mi nuca y en mis nalgas la dureza de su verga. El momento era sensacional y por demás erótico por lo inusual (al menos para mí). Nancy se separo, pero Luís seguía abrazándome por atrás y me manoseaba las tetillas pero en especial mi verga que la tenía como el acero.

-¿Quieres bañarte?, me preguntó Nancy.

-Me encantaría, le dije.

-Ven conmigo a la regadera, me dijo Luís que de pronto empezó "tutearme".

-ok, respondí, pero que nos acompañe Nancy.

-Vayan ustedes mientras preparo la mesa para cenar. Ahorita los alcanzo, dijo Nancy.

Fuimos a la sala y nos desvestimos de manera apresurada para quedar desnudos frente a la mirada curiosa y libidinosa de mi secretaria. Luís y yo entramos a la regadera y bajo el agua tibia me empezó a enjabonar. Me talló en forma especial mi pene y mi culo en donde con gran habilidad me metía y sacaba dos de sus dedos llenos de jabón. Luego yo repetía las acciones con él, cuando se nos unió Nancy.

El baño que tomó Nancy fue rápido pues entre los dos nos encargamos de que su piel quedara limpia y fresca. Sus rincones sexuales fueron enjabonados tanto por su hermano como por mis propias manos. Nos secamos unos a otros y salimos desnudos rumbo a la habitación. En un buró había tres copas de vino y las tomamos entre las manos y las chocamos para brindar por el encuentro triangulado en el que nos encontrábamos.

Aún estábamos de pié y yo dejé mi copa en el buró para besar a Nancy en tanto una de mis manos buscaba desesperado su trasero y la otra mano aprisionaba las nalgas de su hermano. El rostro de Luís se acercó al nuestro y nos besaba las mejillas y los oídos. Me retiré de los labios de Nancy y se besaron como si fueran amantes sin parentesco consanguíneo. Luís me acariciaba el trasero. Sus dedos buscaban llegar hasta mi chiquito y una de las manos de Nancy se había apoderado de mi verga para masturbarme.

Su hermano se encargó de ponerse un condón y luego me puso el mío. Nancy se acostó en la orilla de la cama, quedó boca arriba y yo me abalancé sobre su lindo cuerpo desnudo. La abracé para besarla apasionadamente mientras mi verga restregaba sus vellos púbicos y mis huevos quedaban a la entrada de su vagina.

Me bajé un poco para aprisionarle con fuerza y algo de rudeza sus tetas que empecé a mamar como niño recién parido. Sus pezones erguidos eran sensacionales y los envolvía con mi lengua, los lamía y mordisqueaba y finalmente le metí el pene en la vagina de un solo golpe.

Mientras tanto, sentía que Luís me abrazaba por atrás. Me besaba y me lengüeteaba la espalda. Sentía su lengua recorrer mi columna vertebral desde la nuca hasta el coxis y terminaba dándome un lengüetazo en el ano. Antes de eso me había aplicado una buena cantidad de miel de abeja que devoraba ávidamente. Yo ya había hecho tríos con dos mujeres, pero en esta ocasión las cosas las sentía muy diferentes (es obvio), lo que me provocaba una carga extra de morbo que me encendía a grado máximo.

Los momentos eran calientísimos, pero la verdad es que (no sé cómo explicarme) no le daba gran importancia o al menos no cruzaba por mi mente lo que yo podría hacerle a Luís porque mis deseos estaban dirigidos hacia la anatomía de mi secretaria, sino más bien lo dejé que él me hiciera lo que quisiera, pues todo lo que me hiciera serviría para excitarme como pocas veces y eso me ayudaría para gozar más el ansiado momento por culearme a Nancy, quien levantó sus piernas para trenzarlas alrededor de mi cintura.

La posición adoptada por Nancy permitió que su culo quedara libre a orilla de cama, lo que su hermano aprovechó para aplicarle lubricante en el ano y lo mismo hizo conmigo. Era evidente que el jovencito sabía que el ano de su hermana sería atravesado por mi verga.

El joven pero experto muchacho me lubricaba el culo metiéndome y sacándome los dedos. Mientras tanto yo le metía y sacaba la verga de la vagina a Nancy con ritmo cadencioso, acoplándome a la lubricación anal que Luís me propinaba.

Todo estaba listo para el momento cumbre y con el que había deseado durante tanto tiempo, emocionado y excitado como si nunca antes hubiera penetrado un culito, además (lo confieso) se iba a ser realidad una de las fantasías que yo traía en mente, que consistía en que me culearan, al mismo tiempo que yo me culeara una mujer.

El momento era lujurioso. Sentí que Luís me tomaba por las caderas al mismo tiempo que su verga resbalaba suavemente entre mis nalgas en busca de mi lubricado ano. La noche anterior yo se la había metido y ahora a él le tocaba metérmela. La verdad es que estaba deseoso de que me cogiera pues para mí era algo fuera de lo común, además que me encontraba en el lugar ideal y en el momento justo para permitirlo. Son de esos momentos en que uno piensa y siente que lo que está haciendo es lo adecuado para gozar del sexo a plenitud, por lo que uno está consciente de que no hay razón ni habrá razones para arrepentirse en el futuro.

Sentí que su glande se abrió paso entre mis pliegues anales y confieso que el placer que sentí fue sensacional. Me llenaba el recto y el masaje prostático era fantástico y más excitante que cuando me meten los dedos o un consolador. Mi verga que estaba metida en la vagina de Nancy reaccionó poniéndose más dura. Cuando se la sacaba y hacía mi culo para atrás, Luís aprovechaba para darme unas extraordinarias embestidas para metérmela toda. Sus vellos púbicos que empezaban a brotar después de habérselos rasurado una noche antes me picaban gratamente las nalgas. Tomamos un ritmo cadencioso y el chapoteo de la cogida era música para mis oídos.

Los espasmos vaginales de mi secretaria me indicaron que estaba teniendo un orgasmo y detuve mis movimientos pero su hermano seguía con el mete y saca en mi atribulado culo. Al oído le dije a Nancy que se volteara para metérsela por el chiquito y me retiré de ella poniéndome de pié. Luís no me la sacó y me mantenía abrazado por atrás todo el tiempo. Sentía sus resoplidos en mi nuca y la fricción de su verga en mi próstata me provocaban, además de placer, unas ganas enormes de eyacular pero tenía muy claro en mi mente que no debía hacerlo, pues hubiera sido fatal hacerlo antes de penetrar el culo que tanta ansiedad me había producido y que en unos segundos más iba perforar.

Nancy se volteó y puso sus rodillas en la orilla de la cama como se muestra en la foto y como loco desesperado me agaché para chupárselo. MMMMHHHH¡¡¡, que rico sabor combinado gocé al degustar el lubricante anal y su sabor natural a culo. Mi cuerpo temblaba de pies a cabeza y no por nerviosismo, sino por la intensa emoción que sentía, como si mi fogosidad no pudiera salir de mi cuerpo.

Agachado como estaba, sentí en mis intestinos los espasmos de la verga de Luís que estaba acabando. Jadeaba y me la sacó cuando su pene empezaba a ponerse flácido. Se retiró de mi cuerpo y fue al baño.

Tomé a Nancy por sus amplias caderas y le coloqué mi glande en el agujerito que tan loco me traía. Mis piernas temblaban. En otra ocasión me hubiera detenido un poco para esperar a que se le dilatara, pero mi agitación era tan grande que no me puse a pensar en eso y en cambio lo que hice fue jalarla fuertemente contra mí para que la estocada se le fuera hasta la empuñadura.

¡MMMMHHHH!, que tibieza tan rica la que sentí en mi pene cuando estaba atravesando sus pliegues anales, y mayor mi gozo cuando sentí lo ardiente de su caverna intestinal. Se la saqué y se la metí varias veces en forma arrebatadora y con la lujuria que me consumía. No era para menos, después de soñar con ese momento durante tantos meses. Por un instante se la dejé metida hasta el tope se su culo. Nancy soplaba y resoplaba y la sábana de la cama la apretaba entre sus manos.

-¡Por fin…tu culo es mío!, le dije. ¿Te gusta mi verga en tu culo?.

-MMMHHHH!!!!, me encanta, me respondió con voz que apenas salió de su garganta. Está rica, muuuuuy rica. ¡Métemela duro!, dame duro.

Sus palabras me enardecieron aún más y tome un ritmo más que acelerado de la culeada que le estaba dando. Mi verga entraba y salía de su apretado agujero y yo sentía que la sangre me hervía en todo el cuerpo. Toda mi piel empezaba a perlarse de minúsculas gotas de sudor. Se la saqué y me senté a la orilla de la cama sosteniendo mi arma sexual con una mano.

-Siéntate en mi verga, le dije con mi voz apagada y sin aliento.

De manera obediente Nancy se me sentó y una vez más mi verga era arropada por sus intestinos y abrazada por su esfínter que lo apretaba como para que mi pene se quedara metido en su cuerpo para siempre. Yo le manoseaba las tetas y la jalé contra mi pecho para recostarme hacia atrás. Nancy giraba sus nalgas contra mi pelvis en tanto su culo lo tenía ensartado con mi pene. En esa posición su panocha quedó en excelente posición para ser penetrada por otro pene.

-Dile a Luís que te la meta, le dije.

-¡Luís, ven!, le habló a su hermano. ¡Métemela tu también, hermanito!

Luís se había sentado en una silla muy junto a nosotros para observar la escena, lo que lo mantenía con su pene erguido. Acudió al llamado de su hermana y sin más ni más se lo metió por la vagina, en esta ocasión sin ponerse condón.

-¡JJUUUUMMMM!, gimió Nancy haciendo su cabeza hacia atrás. ¡Qué rico!, ¡Qué rico!, decía con respiración más que agitada. Me gusta. ¡CÓJANME, CÓJANME!

Su hermano la abrazó por la cintura y le besaba la boca de manera asombrosa. Tomó ritmo para metérsela y sacársela y Nancy gritaba de delicia al sentir las dos vergas dentro de su cuerpo. En la mía yo disfrutaba una sensación nunca experimentada, pues sentía la verga de Luís al entrar y salir de la panocha de aquella mujer que tanto tiempo tardó en decidirse a prestarme su chiquito.

El clímax me llegó y mi pene empezó a lanzar su fuego dentro de los intestinos de Nancy. Le aprisioné las tetas con mayor fuerza mientras eyaculaba.

-¡AAHHHHHH!, grité junto a su oído y lo mismo hizo Luís al acabar en la vagina de su hermana.

Nos quedamos quietos durante unos segundos. Yo sentía sobre mí, el peso de ambos mientras mi verga gozaba de los últimos espasmos en la cavidad anal de mi secretaria. Su hermano se incorporó y Nancy se separó de mi cuerpo. El acto sexual más apasionante de mi vida (hasta ese momento) había terminado.

Después de esa primera vez que me la cogí por atrás, Nancy no quiso saber más de su vagina y en cada ocasión que me la cogía era solamente por el chiquito. Fueron muchas las culeadas que le di en los siguientes días previos al congreso que asistiríamos en una ciudad del norte de México, sin imaginar que en ese lugar me esperaban unos días y momentos de sexo desenfrenado. Conocería a Miriam, pero esa es otra historia que contar.

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