Quizás sea uno de nuestros deseos heredados de nuestro antepasado animal. En la mayoría de las especies de mamíferos, el macho de la especie se aparea con distintas hembras. Son muy escasos los casos de monogamia. El ser humano, el más evolucionado de ellos, en cambio ha organizado su estructura reproductiva basada en el apareamiento con una única hembra.... Disgresión filosófica mediante, yo quería emular a nuestros hermanos animales y tener un encuentro con al menos dos mujeres.
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Quiénes participarían de este triángulo amoroso ya estaba decidido hace casi tres meses. El inconveneinte a sortear era de carácter logístico. Ambas mujeres que compartirían el lecho conmigo se encuentran a 1.399 kilómetros de donde yo vivo y trabajo... Se necesitaría de paciencia y del alineamiento de los astros para que todo tenga un final feliz.
Para elegir un combo se pueden recurrir a distintas opciones: dos mujeres de características similares, de características opuestas, de rasgos fisonómicos análogos u opuestos. El factor no negociable era no arriesgarse con desconocidas y concretar este "ménage à trois" con féminas que me hayan hecho tocar el cielo con las manos.
Tras mi inolvidable regalo de cumpleaños, un lado de este triángulo sería Roma, a quien definí como la mejor escort de La Plata (*). Por este lado, el inconveniente sería encontrarla en esa ciudad los días que yo viajase. El segundo lado de esta figura geométrica sería Florencia, una amiga con derecho a roce que entra y sale del negocio. En este caso se trata de mujeres de carácter opuesto: Roma tiene un perfil alto, Florencia, bajo; Roma es morocha de ojos verdes; Florencia, rubia de ojos celestes. Roma es más una "comehombres" y Florencia una "novia mimosa". Ambas coinciden en ser obscenamente hermosas, rozando la ilegalidad. De las que más me gustan.
Había una única salvedad que podría atentar contra el resultado feliz de este trío... Roma y Florencia, aunque del mismo rubro y ciudad, no se conocían. Podría haber frialdad, e incluso incompatibilidad. Pero guiado por mi intuición y mi deseo, decidí afrontar este sensual riesgo.
Había hablado en diversas oportunidades con Roma sobre este encuentro. Al principio no encontré demasiado entusiasmo por parte de ella, nunca se había manifestado en forma categórica al respecto. Sentí como que la idea no la entusiasmaba demasiado, que iba a participar, pero sólo para cumplir... Y a Flor le iba a hacer la propuesta sobre la fecha, porque a veces no resulta fácil encontrarla.
Mi determinación estaba firme, habría encuentro entre tres. Pero hubo un hecho que disparó mi líbido. En una comunicación con Roma, y tras hacerle una pregunta con respecto a otra chica, ella me dijo, contundente "quedate tranquilo que lo vamos a hacer con Flor...". Ahora sí, sólo faltaba arreglar con la rubia.
Y pasó dos días antes del encuentro. Yo estaba en Necochea en unas minivacaciones, y llamé a Flor y la invité a conformar esta partuza. Aceptó con gusto. Fui a la plaza de artesanías, y compré dos collares que tenían una piedra símil zafiro una e ídem esmeralda la otra...
Llegó el día. Tenía que pasar a buscar a Flor y llevarla a lo de Roma. El corazón pasó de mis habituales 60 pulsaciones a 100 y se estabilizó allí. Tomé un taxi y me dirigí al punto de encuentro. A pocas cuadras le envío un mensaje,
-Estoy llegando.
- Yo ya estoy- fue la respuesta de la blonda.
Hice al taxista que doble en la esquina, me bajé a esperarla y ahí la ví, en la esquina opuesta. Florencia es rubia, de uno 1,68 de altura, pelo lacio hasta los hombros. Tenía un look "casual": minifalda de jean, una remera escotada y ajustada color púrpura y unas sandalias. Nunca le había pedido esa vestimenta, pero conocedora de mis gustos eligió este atuendo que tanto me eleva.
Mientras cruzaba la avenida, llamaba la atención de todos. Esas piernas equilibradas y esas tetas hermosas moviéndose por cuenta propia me hicieron recordar los mágicos momentos pasados con Flor...
-¡Hola Lenny! ¿Cómo estás?- me preguntó con una radiante sonrisa en la cara, a la vez que me daba un tierno beso en la mejilla.
-¡Optimo ahora que te veo! - fue mi respuesta y de inmediato maldije para adentro por lo básico de la misma.
Le abrí la puerta, aguardé a que se sentara, pasé al otro lado del auto y me subí. Comenzamos a hablar de temas varios, sobre el tiempo que no nos habíamos visto, sus desengaños amorosos, mis vacaciones... pero luego Flor comenzó a indagar sobre lo que venía. Admito que me costó hilvanar las frases, porque tomé conciencia no sólo que iba a curtir con esa descomunal rubia, sino también que al final del viaje había otra morocha de similares atributos esperándonos.
-¿Vos tenés pensado qué vamos a hacer?- me preguntó a mitad de camino entre la seriedad y la lujuria.
-¡Lo que salga!- atiné a decir. Quedaba demostrado que ese no era mi mejor dia para la confección discursiva.
Y era cierto, no había pensado demasiado en el cómo del encuentro. Pero decidí en ese momento hacerme caso a mi mismo, y dejaría que pasase lo que debía pasar. Aunque tenía una intuición...
Llegamos a destino. Esa media cuadra desde la esquina hasta la casa de Roma fue mágica. Fueron infinitos los pensamientos que me atravesaron. Si bien yo ya había estado con dos mujeres en otras oportunidades, nunca tan hermosas como este dueto en ciernes y con las que tenía esta particular química. Llegamos a la puerta, toqué timbre. Segundos interminables y Roma que abre la puerta y nos invita a pasar.
Tenía una minifalda ajustada color gris claro y una remera ajustada del mismo color. La saludo con un beso y le presento a Flor... tendría que tener la pluma de los 1.000 mejores poetas de todos los tiempos para poder expresar lo que sentí cuando se saludaron. Ahora sí, tenía en un mismo lugar a las dos mujeres que hoy en día más me encienden y a mi disposición. Para lo que yo quisiese.
Era previsible que cada palabra que dijese cualquiera de las dos féminas me iban a provocar una sobreexcitación, aunque fuese algo banal. Y así fue. Las presenté, creo, tartamudeando, se dieron un beso, y el primer golpe bajo.
-¡Qué linda nena me trajiste!- dijo Roma.
-¿Te gusta?- le contesté. No cabían más dudas, lo mejor era que yo no hablase.
Roma nos dijo que subiésemos la escalera, pasó primero Flor.
-Primero las damas- dije yo, y tomé de la mano a Roma para que empezase a subir, gesto que agradeció.
Lo mío tuvo un pequeño porcentaje de caballerosidad, y mucho de calentura. Así tenía adelante mío ese monumento al culo que es Roma, moviéndose peligrosamente cerca. Llegamos arriba y nos dirijimos a la habitación. Cualquier idea previa que tuviese, desapareció sin dejar rastros. Estaba completamente a merced de estas dos mujeres. No existía voluntad alguna, salvo el deseo irrefrenable de estar adentro de ambas a la vez.
Florencia salió de la habitación y quedé a solas con Roma.
-¿Te gusta la rubia que te traje?- pregunté, conciente que ya me había dicho que sí.
-¡Es un bombón!- fue su respuesta.
Enseguida volvió Flor. Yo saqué de una bolsa de cartón que había llevado los dos colgantges que había comprado en la costa.
-Zafiro para la diosa de ojos azules- dije y le coloqué el pendiente a Florencia, quien me agredeció con un beso.
-... y esmeralda para la diosa de ojos verdes- e hice lo mismo con Roma.
-¡Ahh! ¡Qué lindo gesto! ¡Te ganaste un premio a la dulzura, mi príncipe de chocolate!- dijo Roma.
-¿Qué vamos a hacer con Lenny?- le preguntó a Flor, y ambas me rodearon de inmediato. Roma por delante, Flor por atrás y me tiraron en la cama sin ningún tipo de resistencia de mi cuerpo ni de mi alma.
El recreo, la presentación, el instante inicial, habían terminado y a partir de ahora se destarían los siete infiernos en esa cama.
Mi temperatura subió a límites peligrosos, y comenzó a dispersarse por la habitación. Entre ambas me sacaron mi remera, mis pantalones, volaron mis zapatillas mi boxer de Estudiantes y sin darme en cuenta estaba en bolas. La pija ya estaba al mango hace rato, pero al aparecer en escena ambas fijaron la vista en él. No obstante, Comenzaron mi faena de arriba hacia abajo. Ambas empezaron a darme besos de lengua, alternándose con besos entre ellas. Esta escena hizo que se me dispararan todos esos flashes en la garganta, boca del estómago, pelvis y pija. Luego siguieron mis oídos, mi cuello en forma alternada: la blonda se encargaba de uno, la brunette del otro. Así bajaron hasta que ambas se quedaron chupando una tetilla cada una. Y con esos ojos verdes y celestes clavados en los míos... imposible de describir ese espectáculo lumínico. Luego se miraron y se dieron un beso que casi me hace explotar. Supongo que ambas lenguas estaban enredadas como dos serpientes en celo. Se soltaron, un hilo de saliva pudo advertirse en el aire y fueron directamente a mi amiguito.
Roma fue quien se la puso en la boca primero. Con los labios rodeó la cabeza y le dio algunas lamidas. Mientras, Flor se dirigía a los gemelos, lamiéndolos primero y luego poniéndoselos de a uno en esa boca de ensueño. Roma me miró fijo, se rió, y se la tragó toda entera. Se la dejó en el fondo de la garganta un rato, hizo una arcadita, y se la sacó tosiendo y con algunas lágrimas.
-¡Mmmmmm! ¡Qué rica que está! ¡Me encanta!- dijo Roma, y volvió a chuparla con fruición
Al escuchar esto, Flor dejó los huevos en paz y comenzó a mamarla ella también. Pensé que me moría. Roma tenía la cabeza adentro, Flor venía desde el tronco hacia arriba y cuando se encontraron ambas bocas, se dieron un apasionado beso que me encendió aún más. Después Flor se la comió toda, subió y bajó unas tres o cuatro veces, y la soltó para que la chupara Roma. Así estuvieron un rato, intercalando besos y mucha baba que caía por mi excesivamente dura pija. Me empezó a latir.
Pero yo no era el único caliente ahí. Las dos nenas tienen la particularidad de que cuando se ponen cachondas no pueden ocultarlo, se les nota en la cara en forma evidente. Además estaban chupando casi con desesperación y los besos que se prodigaban eran cada vez más obscenos. Se les pusieron las mejillas rojas a ambas. Vi cómo la mano de Flor buscó la almeja de la mocrocha, y la debe haber encontrado enseguida porque Roma no aguantó.
-¡Cogema ya!- me ordenó casi con desesperación.
De fondo comenzó a sonar "Blow out" de Radiohead. Me incorporé de inmediato, la tomé de la cintura y me traje el culo hacia mí... ¡Qué espectáculo que es Roma en cuatro! Traté de reprimirme y sólo atiné a apoyarle la cabeza de la pija en la concha para hacerme esperar. Pero ni bien la sintió cerca, tiró el culo para atrás y adentro mi alma...
Por el grito que dio pareciera que le hubiera roto algo en su túnel de amor. Pero no, había comenzado a bombear y sabía que esos alaridos son marca registrada. Entre la baba y los jugos amorosos de Roma, mi pija entraba y salía con una facilidad. No pude aguantar y me puse a bombear con fuerza, y de no ser por los gritos, el ruido de las embestidas se hubiera escuchado en la calle.
Ver cómo ese culo se acercaba y se alejaba hipnotizaba, y no pude advertir como Flor se había acomodado para que Roma le diese una lamida. El tema es que mis bombeadas no ayudaban a ese propósito, ya que la morocha iba y venía. No obstante se las arregló para comerle el conejo a la rubia, y comenzaron a oirse esos gemidos más suaves pero inmensurablemente calientes de Flor.
Unos minutos después empecé a notar que la rubia extaba por explotar.
-¡Hay... pará... pará... me viene... pará!- le dijo Flor a Roma, mientras sus manos le agarraban la cabeza para mantenerla entre sus piernas y para que por nada del mundo termine de chuparle su ostra.
-¡No pares nada!- grité desesperado. Igual, no hacía falta. Roma siguió chupando esa concha inalterada.Yo veía ese espectáculo en el espejo de la pared y pensé que soñaba. Pero ese "trencito del amor" era real, de carne y hueso. De carne, seguro.
Sin dejar de agarrarle la cabeza a Roma, Flor se empezó a agitar, jadear, gritar con fuerza... la cara y el cuello se le pusieron rojos, las tetas parecían que iban a estallar. Esos ojos celestes se iluminaron como nunca. Se incorporó de golpe y dio un grito que nunca antes le había oído. Después se cayó sobre su espalda y se quedó tirada arañando las sábanas.
Roma se levantó, se dio vuelta, me empujó y quedé yo abajo. Se puso arriba mío dándome la cara, se sentó sobre mi pija, se la metió toda y empezó a bombear.
-¡Quiero que me la des toda! !Quiero toda tu leche! ¡Toda, toda!
Ella ya tenía la cara descolocada, estaba en el cielo. Se acercó a mi cara y me comió la boca de un beso, y pude saborear el gusto a Florencia que tenía su lengua. Estaba empapada y colorada. Empezó a hacer un movimiento de cintura realmente iaguantable. Gritó, gritó y gritó.
-¡Haceme acabar! ¡Dámela toda!- dijo Roma y se puso a cabalgar con fuerza. Se incorporó, y Flor se acercó y empezó a chuparle los pezones. Mientras, mi pija entraba y salía y sentía los movimientos previos a la acabada.
Roma se puso a gritar como una marrana, agarró a Flor de la nuca y le dio un beso interminable. La soltó, dejando un hilo de baba entre ambas bocas, me clavó las uñas en el pecho y pude ver como todo su vuerpo se sacudía, y la concha se contraía contra mi atribulada pija.
-¡Dámela toda! ¡Dámela toda! ¡Quiero toda tu leche!- dijo en forma entrecortada, casi como suplicante.
No aguanté más y sentí como billones de espermitas llenaban su caliente y jugosa concha. Era muchísima leche, y Roma se quedó quieta con mi pija toda adentro. Le estaba acabando casi en el útero.
-¡Hay sí, cómo la siento! ¡Me llenaste toda! ¡Me encanta! ¡Me encanta! ¡Me encanta!
Tuve esos instantes posteriores a un polvo antológico donde no se entiende nada. El corazón mío no latía, giraba como una turbina. Roma se la fue sacando de a poco, y cuando salió se tapó la concha con su mano para que no cayese todo mi jugo amoroso. Se sentó sobre el borde de la cama y abrió las piernas. Le dijo a Flor que se ponga de rodillas adelante de ella, le agarró la cabeza y se la acomodó entre sus piernas.
-¡Saboreala pero no te la tomes!- le dijo con cinismo, y le volcó en la boca casi toda la leche que me había sacado instantes antes.
Flor hizo tal cual. Con las rodillas en el suelo, se incorporó, abrazó a Roma y le dio un beso inolvidable. Se podía ver cómo la leche se pasaba de una boca a la otra, se manchaban los labios y mejillas. Se separaron, se miraron a los ojos, se dieron un último beso y, riéndose, me miraron a los ojos con lujuria mientras tragaban lo que con tanto esfuerzo obtuvieron de mí.
-¿Te gustó Lenny?- me dijo dijo Flor mientras Roma le limpiaba con la lengua las gotas de semen de la cara. Yo maldije para mis adentros en todos los idiomas, dialectos y lenguas muertas el hecho de tener que esperar por volver a coger.
Obviamente, no le pude contestar nada y asentí con la cabeza.
Quedé agotado y me puse boca abajo para que ambas mujeres hagan lo que quieran. Comenzaron a hacerme un masaje a dos manos que me relajó en extremo. Sentí cuatro manos que recorrían mi espalda, hombros y piernas con expresiva magia. Semejaban sutiles descargas de sensualidad y causaban una sensación de bienestar que hacía tiempo no percibía. Tras unos minutos de éxtasis, miré para el espejo del costado y veía la imagen de Roma y Florencia arrodilladas con sus manos extendidas sobre mi cuerpo. Hablaban sobre el masaje en sí y sobre sus vidas, me elogiaban, y cada tanto me preguntaban si me había dormido... Justo a mí, que padezco de insomnio.
En un momento advierto que comienzan a darse un beso tierno. Después se agarran ambas de la cara y comienzan a devorarse las bocas. Literalmente, a matarse. Quería sólo ver ese espectáculo, pero mi pija ya estaba al palo e imploraba a gritos ingresar a las profundidades de Flor.
Me doy vuelta, y al verme, ambas se avanlanzan sobre mí. Empiezan a chupar con fuerza mi pija, que estaba hiperdura y latiendo. Así un rato, itercalandose entre el amiguito y los gemelos, llenándola de baba, entre una boca y la otra. Roma se me viene hasta el cuello y empieza a chupármelo, a meter la lengua en mi oído, a chuparme las tetillas. Yo transpiraba, y eso que estaba abajo.
-¡Ahora le toca a la rubia!- dijo Roma.
Y la rubia se me sentó encima. Se acomodó la cabeza de mi chota en la entrada de su tesoro rosado, hizo unos leves movimientos laterales y se dejó caer, entrándole toda. Dio un alarido que nunca le había escuchado, ya que Flor tiene un perfl bajo. Se quedó así como saboreándola y unos instantes después empezó a bombear. Primero lento, luego medio, y enseguida rápido. Cabalgaba como una diosa, y estaba tan mojada que no pensé que iba a durar mucho.
Se me vino encima y me empezó a comer la boca, mientras Roma le realizaba una besoterapia por toda su espalda. Casi no podía respirar. Sentía como las tetas de Flor estaban casi por estallar, pero no podía alcanzarlas. La abracé con fuerza sin desprenderme de su boca, pero ella se retiró y se puso de cuclillas...
-¿Te gusta así?- me preguntó entre jadeos. Los ruidos de las bombeadas calentaron aún más ese infierno que vivíamos. Ese inferno, nuestro infierno, que estaba encantador.
Al yo quedar al descubierto, Roma volvió a mi cuello y luego a mi oído. En un exceso de maldad, comenzó a hablarme sucio y a incitarme.
-¿A ella también la vas a llenar como a mi? ¿Eh? ¿Sí? Creo que la rubia también quiere tu leche... ¡Dásela!
Y así siguió calentándome hasta que pensé que era inminente la acabada. La agarré de la cara y le di un beso enorme que me hizo sentir que también estaba adentro de ella. De fondo se escuchaba "soy tu rey, soy tu perro, soy tu esclavo y soy tu amor...". Y pensé y supe que era así, eran mis reinas, mis perras, mis esclavas y mis amores.
-¿Querés venir arriba?- preguntó Flor. Creo que supo que así le podría acabar con más fuerza.
Se levantó y se puso al lado mío, sobre las almohadas del respaldo de la cama. Abrió las piernas, yo me puse delante de ella y me las acomodé en los hombros.Con las manos acomodé mi pito y otra vez estaba adentro de Flor.
-¿Me la vas a dar toda como a la morocha? ¿Sí?
Me llamó la atención lo que me decía porque ella es un poco más tranqui. Me llamó la atención y me encendió todavía más. Empecé a bombear con fuerza, mientras ella gritaba y Roma pedía que le acaba adentro, que la llene toda. Mis empujones hacían un ruido exagerado con cada golpe en las nalgas de Flor, mientras la morocha cada vez arengaba con más fuerza y obscenidad.
-¡Dale mi amor, dásela toda! ¡Llenala toda como a mi! ¡Acabala toda que es tan rica...! ¡Ahh... yo quiero, sí!
En eso siento como Flor se empieza a mover acelerada. Empezó a ponerse en extremo colorada, las tetas hinchadas, los pezones se le salían... se contorsionaba, los ojos se le perdieron, sentí como se le entrecortaba la respiración y comenzó a tener movimientos espasmódicos.
-¡Ahhhhh! ¡Acabame Lenny! ¡Acabame, por favor! ¡Ahhhhh!!!
No aguanté mas y sentí como me saliá mi posible descendencia y terminaba en el fondo del túnel del amor. Con una fuerza inuscitada, sentí escalofríos en la espalda, la cual estaba empapada. La estaba llenando tanto como a Roma. Dejé de bombear e igual continuó saliendo leche muy líquida acompañados de espasmos en mi pelvis.
Por unos segundos no entedí nada. Pensé que había muerto y estaba en presencia de dos ángeles. Que era Adán en el Jardín del Edén, pero que el Creador me había bandecido con dos Evas, una rubia y otra morocha, pero sin que tuviera que elegir con cual quedarme... Flor me habló y volví a este terrenal mundo.
-¡Ahora sacala que tenemos que convidarle a Roma!- dijo la rubia.
Así que saqué mi satisfecha pija de la concha de Florencia y me corrí a un costado. Y Flor hizo lo mismo que antes había hecho Roma: le ofreció toda mi esencia masculina a la morocha en la boca. Roma se puso por debajo de la rubia almeja y recibió casi toda la leche que yo había dejado con esfuerzo en esa cuevita.
Roma se llenó la boca, se incorporó, me mostró ese blanquecino y abundante líquido que tenía y se lo tragó completo. Hasta la última gota.
Ambas se acercaron a mi, se besaron y me besaron hasta que en un momento no supimos quién estaba con quién.
Había pasado el mejor día de mi vida.
Con dificultad me vestí. Roma nos trajo una copita de champagne y brindamos por el año que se iba, por el que venía y por otros encuentros como estos. Tomé a Flor de la mano y bajamos la escalera. Nos despedimos de la anfitriona, y fuimos a la esquina a tomar un taxi. Flor parecía una adolescente enamorada que había hecho el amor por primera vez.
-¿Vamos a juntarnos otra vez no?- dijo con una sonrisa luminosa en la cara.
-¡Por supuesto amor!- le contesté. Por primera vez podía articular una horación coherente.
-¡Te prometo entonces que la próxima va a ser más hot!- dijo. No sé si fue expresión de deseo o una amenaza. Por lo pronto, ya me puse a pensar en el próximo encuentro.
Paramos un taxi, subimos y Flor se acomodó apoyando su cabeza contra mi cuerpo. Estábamos en un estado de éxtasis mágico. Llegamos al destino, bajé con Flor, nos besamos con mucha pasión y me hizo prometerle que habría repetición.
Era la tercera persona que conocía el Paraíso. Pero tanto Adán como Eva lo habían desperdiciado todo. Yo no; no apareció ninguna serpiente para tentarnos y pude aprovechar realmente el Edén. Y tenía la certeza de que volvería a visitarlo. Porque ahora sabía que el Paraíso queda a mitad de camino entre Roma y Florencia.
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