Todos los domingos por la noche en mi casa mirábamos los resúmenes de fútbol argentino con el hijo de mi vecino Roberto. Mi mujer, meses después caí en la cuenta; siempre, pero siempre, vestía calzas blancas o pantaloncitos cortos. Le gustaba provocar a como de lugar al pobre chico. Mónica supo ser una gata en la cama: le faltaba ronronear. Llevábamos siete años de casados. Disfrutábamos de todo lo que hacíamos los fines de semana. El show comenzaba el domingo a las veintiuna horas; cuando...
llegaba Matías.
La posibilidad de que Matías viera a una mujer atractiva y diez años mayor, fue en mi casa y en mi presencia. Matías fue un chico muy atento y respetuoso. Le faltaba la picardía de un chico que vive más en la calle. De cuando en cuando hablábamos de chicas que le gustaban. Sin embargo, en mi adolescencia
disfrutaba de ver a las mujeres mayores vestidas de trajes de secretarias, pues si usaban zapatos con tacos altos más todavía. Creo que a Matías le pasaba lo mismo pero la mujer mayor era Mónica. No obstante me percataba de lo que pasaba en la cabecita de Matías, y a propósito preparaba toda la posibilidad de que se fuera a su casa caliente como un radiador de auto que recorre todo un día sin parar. Pues entonces le decía a Mónica que saliéramos los domingos después del almuerzo a la plaza o al Shopping. Disfrutábamos comprando ropas formales y deportivas, ni hablar de lencerías. Le compraba ropas diminutas, como a ella le gustaba. Su cuerpo especial llamaba la atención a jóvenes, muchachos y grandes. Yo apropósito, cuando salíamos, la dejaba que se adelantara caminando para captar las miradas de los transeúntes. Esa morbosidad despertó en mí a partir de que Matías fue a mi casa más seguido a visitarnos. Matías vivía en el fondo de nuestra casa. Por lo que supuse que disfrutaba del show de Mónica haciendo ejercicios aeróbicos. De nuestros vecinos nos separa una pared de dos metros y del fondo ligustros de más de un metro y medio. Mónica ejercitaba todos los días a las cuatro de la tarde. Un buen día después de salir del trabajo, fui a la casa de mi amigo Roberto.
—Hola cómo estás —le dije a mi amigo. —Vengo a buscar a Matías para ir a jugar un partido de fútbol con mis compañeros de trabajo.
—Mira —me dijo pensativo. —Estuvo acá hasta hace un momento, creo que se fue para el taller que tenemos en el fondo, dale pasá a buscarlo —dijo sin rodeos.
Cuando salí para al fondo de la casa, crucé por entre medio de dos autos que estaban estacionados no sé por qué. Contemplé a Matías pegado a los arbustos del ángulo izquierdo de la casa. Quise llamarlo pero estaba tan entretenido que me escabullí por detrás de un auto para que no me viera. Despejé el ligustro para ver lo que sucedía del otro lado. Mónica con un micro-bikini disfrutaba del fulgor de la tarde. La reposera situada junto a la piscina, permitía divisar a mi mujer recostada de cuerpo entero. Provocó en mí tal morbosidad, que sin duda me excitó muchísimo. Me vino a la memoria la imagen de Mónica y Nacho. Puesto que no sabía que hacer, inmediatamente, retrocedí e hice como si recién llegaba. Grité varias veces hasta que salió Matías por un costado del taller. Lo vi sonrojarse. Le avisé que por la noche iríamos a jugar futbol con mis compañeros de trabajo. Más tarde, cuando estábamos ya en las duchas todos bañándonos, Matías avergonzado se acercó a mí, y me pidió shampoo. En ese momento advertí su miembro estaba erecto. No pude contenerme y le dije, eh… nene. ¿Eso le vas a dar las chicas? Carlos mi compañero se reía a más no poder. Al siguiente día, sábado a la noche, mientras preparábamos la comida con Mónica, ella me preguntó como la habíamos pasado en el club y si Matías jugó. Por supuesto le dije, sino va él perdemos. No obstante, le toqué el culo y cuando pasé cerca la apoyé. Esta provocación nos justaba y nos excitábamos. Pues volví a la conversación del futbol. Le comente lo que había sucedido en las duchas del club y que todos reíamos de Matías.
— Pobre Matías —dijo defendiéndolo.
— ¿Qué pobre? ¡Si se debe matar a pajas! —dije irónicamente.
— Bueno a su edad, creo que a todos le pasa lo mismo —dijo.
— Ah… ¿y eso te calienta? —le pregunté.
— No seas bobo —dijo como enojada.
— ¿Te gusta provocarlo no? —le pregunté.
— Vos sos loco —dijo. —Estás drogado —lo dijo enojada.
— Tengo confesarte algo —le dije.
— ¿Qué pasó? —preguntó.
— No sé si te va a gustar pero para mi es la única forma de que se me pare bien la verga —le dije sin dar importancia a como lo tomara.
— ¿De qué estás hablando? —me preguntó.
— Te lo digo de una —hablaba con la vos entrecortada. — Qué me caliente que lo provoques a Matías, por ejemplo: cuando caminas, cuando te agachas o cuando vas y venís de la cocina, me recaliente —volví a afirmarlo.
— En serio me lo decís —dijo sorprendida.
— Sí, estoy hablando de verdad —le dije. — Te lo repito, me recaliente todo lo que hagas.
— ¿Y qué querés hacer? —preguntó.
— Voy a invitarlo a comer y que te cambies de ropa y finjamos que voy hasta la cocina o alguna parte de la casa y lo provoques —se lo dije decidido.
— Bueno estoy dispuesta a hacer lo que quieras.
Pues lo llamé a la casa por teléfono para invitarlo, le dije que habíamos preparado comida como para cinco personas y que nosotros éramos solamente dos. Aceptó sin ningún problema. La noche ayudaba la ocasión. Empecé a tiritar de los nervios y a la vez reía. Mónica miraba con una sonrisa cómplice. Quizá no fuera lo conveniente lo que hacia, pero la idea me calentaba. La ropa de Mónica y la mía era la de todos los días. Puesto que Matías había llegado media hora más tarde pues tuvimos tiempo de prepararlo todo. Ya juntos en la mesa, comimos, bebimos y hablamos hasta horas de la madrugada. La cuarta botella de vino, nos dejó alegres. Mónica jugaba de cuando en cuando con el hielo en la boca y reía. Matías sin inmutarse, seguía sentado y riendo. Una vez que me di cuenta y que podía proseguir con el plan, pues me levanté de la mesa y les dije que iba hasta al baño y que no me extrañaran. Ambos rieron. Cuando me oculté detrás del mueble que está en living, pude divisar todo. Mónica enseguida se levantó y se acercó y le hizo señas con el dedo índice en la boca que no haga ruido. Lo besó y con la mano le frotaba la verga. Matías desorientado y sorprendido e hizo el menor movimiento para que la putita pudiera seguir con trabajo. La situación me calentaba. Fui hasta el baño y simulando que estaba allí, apreté el botón del depósito para que Matías creyera mi ausencia. Tan pronto como volví me senté como si no hubiera pasado nada. .Destapé otra botella de vino y nos la bebimos toda. Mónica ya borracha lo besaba a Matías sin descaro. Noté que Matías tenía la verga parada.
— ¡Voy a buscar más bebidas! —le dije a Matías.
— ¿Pero mira como está Mónica? —me dijo.
— No pasa nada, en media hora vuelvo, tu cuídala, Ok. —le dije.
— Bueno… voy a intentarlo —dijo resignado.
Así que me escondí afuera y por la ventana los contemplé a los dos. Mónica desde la silla donde Matías estaba sentado le bajó el pantalón hasta las rodillas. Matías excitado la miraba a mi mujer como se la chupaba. Mónica de un suspiro se bajó el pantalón de jogging y se subió encima y se acomodó de espaldas a Matías. Los movimientos bruscos de Mónica lo enajenaban de expresión. De momento, Mónica de reojo lo mirada y balbuceaba no sé qué palabras. Mónica se inclinó una vez más hacia delante dejando culo bien abierto. Meneo y meneo y meneo hasta que Matías se puso tenso en la silla. Una vez que terminaron dejé pasar varios minutos. Entré bailando con las botellas que había ocultado temprano en el jardín de la casa. Matías se levantó apresurado gesticulando y trabándose con las palabras que costaban salir de su boca y se despidió diciendo:
— Me voy porque es muy tarde —dijo nervioso.
— Vení que la noche recién empieza —le dije.
— No, no, me voy, chauuu —salió casi corriendo.
— ¿Te gusto mi amor? —le pregunté a Mónica.
— ¡Me regusto!… gracias por complacerme —lo dijo como desganada.
— Ahora me toca a mí —le dije.
— Ahora no… estoy muy cansada… bueno está bien… me pongo en cuatro así me terminas enseguida ¡si mi amor! ¡te amo Lucho! —me lo dijo emocionada con los ojos cristalinos.
Quizá fue una de la historia que más disfrutamos, sin embargo Mónica la pasó bastante bien, aunque fui yo el que disfrutó más.
Ah excelente ese relato pues pobre matias imaginate hacerlo sufrir tanto asi, pero en fin el placer mas bonito es el morbo de ver como tu pareja lo experimenta y tu nada mas observas... Zeus
Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar
Registrate Aquí





© RelatosEroticos.com 2010 Relatos Eroticos no tiene vinculación alguna con los links exteriores , y se exime de toda responsabilidad respecto a sus contenidos. Web para uso exclusivo de adultos. Todos los relatos de RelatosEroticos.com son enviados por los navegantes y usuarios de la web.