Experimentando en pareja

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Experimentando en pareja

Categoría: Zoofilia Comentarios: 0 Visto: 24402 veces
Ajustar texto: + - Publicado el 23/07/2009, por: Anónimo

Lo que voy a relatar sucedió hace algunos años una tarde en la que mi pareja y yo ardíamos de deseo. A pesar de los muchos años que ya llevábamos juntos, cuando hacíamos el amor era como si fuese la primera vez.

Ese día estaba ella vestida con una batola azul pegada al cuerpo que se le veía muy sensual; además no tenia sostén y sus senos talla 34 resaltaban de una manera muy provocativa. Yo salía de la ducha con la toalla envuelta a la cintura y al mirarla tan deliciosamente vestida en la cocina mi pene se puso duro de inmediato, parecía que se fuera a reventar.

Me acerqué a ella por detrás y la tomé fuerte contra mí haciendo que sintiera esa gran erección, ella de inmediato con una sonrisa picarona mandó su mano hacia atrás para coger ese juguete que tanto le gustaba, mientras yo acariciaba sus senos que ya estaban duros por la excitación. Me respondió con un gran beso apasionado donde nuestras lenguas se buscaban y se lamian una con la otra; bajé una de las manos acariciando sus nalgas y la deslicé por debajo hasta encontrar esa vagina húmeda y grande que tanto me gustaba. Metí uno de mis dedos dentro de ella y su respuesta fue un suspiro y un gran apretón a mi verga. No me pude contener y la empujé hacia el mesón de la cocina y me dispuse a penetrarla, su rica cosita ya estaba lo suficientemente húmeda para recibir a mi miembro erecto y de un solo envión entró hasta lo más profundo; la tomé por la cintura y empecé a bombear rápida y fuertemente.

De sus labios solo salían gemidos que despertaban más mis ganas y miré como el pene se iba llenando de una especie de leche que brotaba de sus entrañas, saqué mi verga erecta de aquella delicia y me dispuse a voltearla y sentarla a ella en aquel mesón; me agaché y puse mi boca en esa gruta de amor hinchada y con ese aroma que me enloquecía aún más, halaba sus labios vaginales al igual que su clítoris con mi boca, ella solo gemía, me cogía del cabello y me empujaba hacia dentro como queriendo meter todo mi ser.

Me levanté y volví a penetrarla un buen tiempo, luego la cargué sin sacar mi verga de ahí y me dispuse a llevarla al sofá que estaba en la sala; estábamos en ese frenesí sexual cuando nuestra perrita se acercó por detrás de nosotros y empezó a lamer los jugos que salían de aquel encuentro maravilloso. Ella trato de quitarla y yo le dije que la dejara, mi pareja temía una enfermedad y yo le dije que no pasaría nada, al final ella aprobó esa locura. Saqué mi miembro y puse a la perra que le lamiera todo mientras me masturbaba, para mi asombro lo hacia como toda una profesional; mi corazón se puso a latir fuertemente y mi pene más erecto que nunca y ella se revolcaba de placer al ver y sentir a su mascota como lamía cada rincón de su vagina. No me aguanté más volví a penetrarla y nuestra mascota se acomodó para poder seguir lamiéndole el clítoris, eso fue lo más emocionante; ella solo decía papi que rico mientras mi pene se hundía en ella y la perra lamía al tiempo hasta que me tomó muy fuerte de la cintura y dejó salir desde lo más profundo un grito de placer acompañado de otro gran orgasmo, al mismo tiempo que mi leche le inundaba todas sus entrañas.

Fue una gran experiencia pero a pesar de eso ella nunca quiso volverla a repetirla; sólo quedó en nuestro recuerdo y damos gracias por haber vivido algo que no todo el mundo está dispuesto a experimentar.

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