Mi amada gran danes

Buscador de relatos ( Busqueda avanzada )

0.00 / 5 ( votos)

Mi amada gran danes

Categoría: Zoofilia Comentarios: 0 Visto: 38632 veces
Ajustar texto: + - Publicado el 27/04/2010, por: Anónimo

Tenía 22 años y unos tíos se fueron a Europa por tres semanas y no tenían con quién dejar a su perra Gran danés. Tenemos una casa con un buen patio y podíamos tenerla, aunque a mis padres no les gustan los animales. Me ofrecieron una paga por limpiar el patio y darle de comer. Yo estaba en mis épocas de estudiante, así que el dinero me convenció.

Era una perra muy dócil y tranquila, tenía unos dos años, era negra azabache con un pelaje muy suave y brillante.

La primera semana transcurrió normal, le daba de comer su comida de funda, le ponía agua y con una pala recogía sus grandes tortas a lo largo del jardín, un proceso tedioso, pero lo hacía por la paga. Pero llegó el fin de semana y la servidumbre tenía descanso y mis padres estaban invitados a una matrimonio, así que me quedaría en casa solo todo el día. Calenté la piscina desde el día anterior y a las 11h00 de la mañana me encontraba plácidamente acostado leyendo una revista de modelos y disfrutando del sol. Tenía una tanga pequeña, ya que como no había nadie no habría problema de que me vieran. Me metí a la piscina un par de veces para refrescarme. Tomaba mi vodka tonic y el día transcurría delicioso.

En un momento, decidí sacarme la tanga para quemarme uniformemente. Tenía las piernas dobladas y abiertas con lo que dejaba mi verga totalmente expuesta. Cuando de pronto siento un lengüetazo en la verga, retiro la revista y estaba la cabeza de Negra, así se llamaba, entre mis piernas y lista a darme otro lengüetazo. La sensación fue de escalofrío. Sentir la textura entre áspera y babosa de su lengua, con un rico calor que rozó desde mis huevos hasta la punta de mi pene. Sentía aún humedecida con sus babas, y me retire hacia arriba, ella se acercó y me metió otro lengüetazo. Me paré, y mi primera reacción fue que de que asco. Me metí en la ducha para lavarme el lamido. Me comencé a bañar, ella me miraba desde la tumbona en la que me lamió. Al sobarme para lavármela, sentí que ya estaba de un tamaño producto de una excitación. Me acabé de lavar y la tenía bien erecta. Perra hija de perra, me dije, hasta me arrechaste desgraciada.
Hasta ese momento nunca había tenido pensamientos zoofílicos, pero había oído hablar de aquello. Regresé a la tumbona y le dije a la perra que se estuviera quieta. Abrí mi revista y me acomodé el pene, ya estaba excitado y me lo acomodé. Pensamientos extraños mezclados con más excitación comenzaron a rondarme. Me rasqué un poco y de reojo le ví a la Negra que me miraba fijamente. Después de un rato me dije, dejémosle a ver que hace. Tenía miedo de que me la mordiera, pero le llamé y se acercó. Comenzó sin pensarlo a lamermela, con mayor intensidad. Yo abrí poco a poco mis piernas hasta quedar totalmente expuesto. Ella aprovechó y me lamió hasta lo que no podía. Yo comencé a disfrutar como condenado. Comenzó a darse la vuelta ofreciéndome sus “nalgas”. Yo comencé a sobarle y note que su vagina estaba hinchada y se le veía levemente abierta con un brillo de líquidos. Le acerqué mi mano y ella se hizo hacia atrás rozándome la mano con ella. Mi mano quedó impregnada de sus jugos, sentía el calor de sexo. Le comencé a sobar lentamente y ella paró de lamerme y se puso totalmente expuesta hacia mi. Yo le introduje uno de mis dedos y ella doblaba un poco sus patas como disfrutándolo. Entró todo mi dedo índice y luego el otro, y fueron tres. Se los metía y sacaba con mucha facilidad y el sonido de sus líquidos era impresionante. Cuando casi sin pensarlo me incorporé y le coloqué mi verga en su vagina, un poco de fuerza y entró hasta adentro. Un placer incontenible mezclado con un temor a lo desconocido me comenzó a hacer vibrar, el ritmo fue aumentando junto con el mayor placer. Su vagina se contraía y sentía como que me absorbía, sus pareces ardían y al roce sentía que mi verga iba a explotar. Pasarían unos diez minutos del mete y saca, hasta que saqué mi verga por temor a cualquier cosa y exploté en su lomo, ella se dio la vuelta a lamerse su vagina y me lamió mi verga también, estaba tan exitado que su lengua me rozaba y tenía que quitarla de tan sensible que la tenía.
Ella cuando se acabó el semen, se retiró hacia una lado como si nada hubiese pasado y se recostó al costado de la tumbona. Ese día hasta que llegaron mis papás me la culié unas tres veces, mi pene ya no aguantaba más.
De ahí en adelante pasé un par de semanas zoofílicas espectaculares hasta que se la llevaron a su casa. Siempre les preguntaba a mis tíos si me puedo ganar otro billete cuidándola. Hasta los 26 en que murió la perra por lo menos una vez a año la tenía para mí.

Últimos Comentarios Agregados

No hay comentarios para este relato

Escribir comentario

Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar. Registrate Aquí.
CYBERSEXO

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

Aceptar
X

Reportar relato