La conoci en un autobus relato erotico xxx

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La conoci en un autobus

Categoría: Hetero Comentarios: 0 Visto: 2568 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 06/06/2017, por: Anonimo

Fue un viernes y como todos los viernes iba a visitar a una amiga. No es una diosa entre las mortales, pero me gusta mucho pasar algún tiempo con ella especialmente cuando vamos a tomar unas cervezas a un lugar cercano de su universidad. Todo era como una rutina: salir de mi escuela, subirme al camión que me deja en la universidad de mi amiga, ir a un lugar cercano a tomar, platicar y después de unas cuantas horas cada quien se iba a su casa.

Pero ese día era especial. Me sentía raro, especialmente en la escuela, cuando muchas de las mujeres me miraban de una forma muy poco común. Creo que era sólo mi imaginación ya que no soy un tipo salido de una revista de modelaje, pero ese día todas las mujeres se me quedaban viendo. Sonrisas tímidas, miradas picaras y secretos entre amigas. Como dije antes, pensé que era solo mi imaginación así que decidí encaminarme para ver a mi amiga.

Subí al camión que me deja cerca de la escuela de mi amiga y volví a la rutina. Gente pasando, tráfico en las calles, lo común cuando uno viaja por la ciudad al medio día. En fin todo volvió a la normalidad hasta que la vi. Era una mujer de tez blanca, un poco más chica que yo (mi estatura es de 1.75 m) y también de edad como unos 18 años, vestido negro de tirantes que marcaban muy bien una figura fenomenal, pantalones pescadores negros, zapatillas casuales negras, y peinado “retro” (de fleco en la frente y todo hacia el lado izquierdo). Una combinación que le quedaba perfectamente.

Al principio mi reacción fue de indiferencia. Como si no existiera para mí, pero la verdad trataba de voltear disimuladamente para admirar su belleza. Pasó mucho tiempo, ya que el tráfico no era común, y yo seguía volteando a verla cada vez que podía. “Seguro ha ocurrido un accidente” me dije a mi mismo mientras la miraba directamente a los ojos. Ella volteo súbitamente y mi primera reacción fue desviar mi mirada. Pude notar que me seguía viendo a modo de reto. Le correspondí el reto y la miré directamente a los ojos. Sólo pude pensar “Dios mío, pero que bella es…”.

Se levantó de su asiento asegurando que se bajaría próximamente. Desde ese momento ya no pude ver sus ojos directamente pero sí pude apreciar su hermosa figura de perfil. Su figura era tal que podría excitar a cualquier hombre sobre la faz de la tierra. El tráfico se intensifico mucho más de lo normal. Ya no podía dejar de verla, se había convertido en toda una obsesión. En ese momento paso por mi mente que podría saludarla, preguntarle la hora, decirle lo bella que era, bueno cualquier cosa para poder llamar su atención. Pero como no soy muy audaz a la hora de tratar de conquistar a una mujer decidí bajarme antes de lo usual.

Tuve que pasar a un lado de ella para poder bajar y no decir una tontería delante de ella. Lo único que pude decirle en se momento fue “permiso” y bajarme súbitamente del camión. Me sentí relajado por un momento pero noté que la parada del camión estaba a tan solo unos escasos metros de donde me baje. Perdí la noción del tiempo y del espacio y seguí caminando como si nada hubiese pasado. Llegué a la parada al mismo tiempo que el camión. Se detuvo y bajo la mujer de mis sueños en carne y huesos. Me detuve un momento para revisar mi celular, aunque sabía que todo esta bien con él.

La chica siguió su camino como si yo no existiera y como si estuviera poseído seguí cada uno de sus pasos. Cruzamos la calle, caminamos unos pocos metros y empezamos a bajar unas escaleras que no eran familiares para mí. Todo esto lo hice detrás de ella. Llegamos a una zona totalmente desconocida. No sabía dónde me encontraba, lo único que sabía es que debía seguirla hasta el final. En eso se detiene en seco, voltea y se me queda viendo. Mi primera reacción fue seguir caminando y encarar lo que me podría esperar. “Tal vez notó que la he seguido desde el momento en que se bajo. Va a pensar que soy uno de esos chicos pervertidos que solo se dedican a mirarle por la espalda…” no pude terminar de formular mis pensamientos cuando escucho:

“¿Me estás siguiendo o algo por el estilo?”

“Hmmm… no sólo sigo mi camino porque me dirijo a la facultad de filosofía” Fue lo único que pude contestarle. Además era verdad ya que iba a visitar a mi amiga aunque no sabía en dónde estaba.

“Ah que coincidencia yo también estudio ahí.”

“¿En serio? En ese caso podríamos caminar hasta allá juntos no crees.”

“Está bien”

Durante el trayecto estuvimos platicando de nuestras vidas. Le tuve que confesar que yo no estudiaba ahí, que sólo iba a visitar a una amiga, no podría mentirle ya que su belleza era intimidante. Reímos y nos fuimos conociendo durante el trayecto a la facultad, era como un sueño hecho realidad. Nuestra conversación fue tan placentera que al momento de llegar a la facultad de filosofía me dijo su nombre, Paula. ¿Podría ser que acababa de conocer a una amiga? “No, sólo fue un día de suerte pero de ahí no va a pasar”. Me conteste a mi mismo.

Justo cuando se fue llegó mi amiga. Fuimos a un lugar cercano a tomar unas cervezas y me empezó a contar sobre sus desamores. De cómo ningún hombre le atrae como para comenzar una relación de noviazgo, aunque había muchos con los que le gustaría poder besarse. Por lo regular ese tipo de comentarios me encelan ya que a mi me gusta mucho, pero esta vez no pude despejar mi mente de Paula, así que todo lo que me contaba mi amiga esa tarde se me olvidaba a los pocos segundos.

Terminó nuestra “cita”, volvimos al metro caminando y cada quién regreso a su casa como de costumbre. Toda la siguiente semana no podía dejar de pensar en Paula, en su belleza, en su voz tan sensual que tenía, y en especial su figura tan espectacular. No podía concentrarme en clases y a veces en las noches soñaba con ella. Llegó el viernes, y para no romper la rutina, me dirigí a la universidad para visitar a mi amiga. Esta vez llegué un poco más temprano de lo usual y me fui recostar en un rincón de la universidad. La verdad es que no me gusta estar con mucha gente por mucho tiempo y ese espacio es ideal para relajarte y despejar tu mente un rato.

Fue ahí cuando la vi otra vez. Era Paula que venía caminando hacía mi. Me puse un poco nervioso al ver que se dirigía justo dónde estaba yo. Volteo súbitamente al suelo, como si no la hubiera visto, traté de calmarme y ordenar sus pensamientos cuando escucho un dulce y suave “¡Hola!”. Miro hacia arriba y fue como mirar el sol directamente con los ojos. Su belleza irradiaba por todo su ser, recorrí cada parte de su cuerpo que pude con mi mirada mientras volteaba hacia arriba y me enamoré de ella. “Hola” le conteste y se sentó junto a mí.

Estuvimos platicando el tiempo suficiente como para que mi amiga me mandara un mensaje preguntándome en dónde estaba. Paula lo pudo leer y lo único que me dijo fue:

“¿Por qué no le contestas que no pudiste venir hoy y nos vamos tu y yo a tomar unas cervezas como lo haces con ella?”

¿Estaba escuchando bien o mis oídos me engañaban? ¿Me estaba invitando a salir esa mujer espectacular? No lo podía creer y lo único que pude contestar fue un “Ok”. Le respondí a mi amiga y ya no supe nada de ella. Cuando nos levantamos Paula me tomo de la mano y nos fuimos caminando así hasta el lugar más cercano. Me sentía en las nubes, y todos los hombres en la calle que me vieron con Paula me miraban con envidia. El poder estar con una mujer tan bella como ella, ni yo lo podía creer.

Llegamos al lugar, nos asignaron una mesa y pedimos el primer par de cervezas. Mientras pasaba el tiempo, y mientras el alcohol recorría mis venas, yo me sentía más en confianza con ella. Supongo que ella también ya que me tomaba de la mano o me apretaba de una forma muy sensual mi pierna. Seguimos platicando y llego el tiempo de irnos a nuestras casas, fue cuando supe que vivía por mi casa y decidí acompañarla. Total nada perdía y hasta podría ganarme un beso suyo, pero para mi sorpresa fue más que un beso.

Tomamos el camión que la dejaba cerca de su casa. Pasamos un parque y me empezó a decir de lo bien que so la había pasado ese día en mi compañía. Sus comentarios fueron tan lindos que yo me sentía en las nubes. Llegamos a su casa y cuando me disponía a despedirme me tomo por sorpresa y me beso justamente en los labios. Me quedé totalmente paralizado y mi primera, y única, reacción fue corresponderle el beso.

Nos fundimos en beso tan romántico que hasta el momento puedo saborear sus dulces labios. Nuestros labios recorrían cada milímetro de nuestras bocas, nuestras lenguas se encontraron y empezaron a jugar de una forma formidable. Mis manos se posaron sobre su cintura y las suyas sobre mis hombros. Fue tan romántico ese beso que no quería que se acabara nunca. Nuestros gestos empezaron a subir un poco de tono y nuestras manos a recorrer cada parte de nuestros cuerpos. Fue en ese instante que me invitó a pasar a su casa ya que sus padres estaban de viaje y la única en casa era ella. Accedí al instante.

Mientras subíamos a su cuarto nuestros besos eran cada vez más pasionales. Llegamos a su cuarto y me sorprendió lo ordenado que estaba. Todo como si tuviera un lugar específico dentro del mismo. Me tiro sobre su cama y me dijo: “Desde el momento en que te vi supe que eras para mí…”. No supe que contestarle ya que todo esto era como un sueño para mí. Se acerco a mí y le ayude a quitarse la blusa que traía ella me despojó de mi playera. No tenía ningún tipo de sostén así que pude contemplar dos hermosos senos justos para la palma de la mano con unos pezones chicos, rosas y muy erectos por los besos que nos habíamos dado desde afuera de su casa.

Empecé a jugar con ellos, a besarlos, manosearlos con una delicadeza que la volvía loca. Cuando los mordía, ella emitió gemidos que me excitaban bastante. Seguimos así por un tiempo hasta que nuestras bocas se volvieron a encontrar. Nos quitamos los pantalones y ahora lo único que traía puesto era un boxer y ella una tanguita de locura. Era tan delgadita que me volvía loco de tan solo verla. Seguimos con el recorrido de nuestras manos por todo nuestro cuerpo y fue cuando decidí bajar mis manos hasta sentir ese par de nalgas hermosas. Mientras más las apretaba, más le gustaba. Mi pene rozaba su vientre y ella restregaba cada vez más su cuerpo para sentir mejor mi erección.

Una de las cosas que más me fascinan es hacer gozar a una mujer. Escuchar como gime a cada sensación que le proporcionas me excita demasiado, así que decidí voltearla. Ahora mi pene era el que sentía ese par de nalga que tenía, mis manos se dedicaron a recorrer sus piernas y sus senos nuevamente, y mi boca se encargó de besar todo cuello y en algunas ocasiones lamer el lóbulo de su oreja. Sus gemidos eran cada vez más notorios así como mi excitación. Fue cuando le dije: “Mira como me tienes” agarré una de sus manos y la puse justo sobre mi pene. Me empezó a masturbar de una forma torpe pero al mismo tiempo excitante.

Fue el momento en que decidí avanzar al siguiente nivel. Decidí recorrer su vagina con uno de mis dedos sobre esa tela tan delgada de su tanguita, noté que estaba bastante mojada por la excitación que tenía. Sus gemidos se volvían cada vez más fuertes. Jugué con ese movimiento hasta que se puso boca arriba y fue cuando baje y empecé a besarle sus piernas. Le baje su tanguita y fui directamente a sus muslos. Subí poco a poco hasta encontrarme con aquella vagina con la que había jugado anteriormente. Abrí sus labios y probé por primera vez sus jugos. Era como una bebida afrodisíaca que no podía dejar de beber. Mi lengua recorría cada parte de su femineidad, concentrándome en su clítoris principalmente. Después, metía mi lengua simulando me penetración. Eso le encantaba ya que ahora sus gemidos se volvieron en gritos de placer.

Cambiamos de posiciones y ahora ella fue la que jugo con su lengua sobre todo mi pene. Me encantaba como jugaba y marcaba todo el contorno de mi pene con su lengua. Estaba en la gloria. Nuestras miradas se cruzaron por un momento y pude notar que realmente era una experta en ese tipo de trabajos. Se lo metía todo en la boca sin producirme ningún daño con sus dientes y ejerciendo una presión exacta con sus labios. Era fascinante. Le dije que parara en ese momento si no me iba a terminar corriendo en su boca, cosa que todavía no quería hacer.

Se monto sobre de mí y de un solo golpe dejo caer todo su cuerpo introduciéndose todo mi pene en ella. Fue sensacional sentir el calor que alojaba dentro de sí. Su ritmo y sus gemidos empezaron a aumentar. Mientras ella se movía sobre de mí, me dedique a manosear sus senos. Después cambiaba mis manos a posarlas sobre sus nalgas y controlar su movimiento. Era espectacular como montaba a un hombre ese pedazo de mujer.

Cambiamos de posición y se puso en cuatro. Volví a jugar con mi lengua en su vagina pero ahora la recorría toda hasta su culo. Primero penetré con la lengua para luego introducir un dedo. Le encantaba ya que me pedía que no parara. En un momento de distracción cambie mi dedo por mi pene y grito de dolor que poco a poco se convirtió en placer. Primero lo aloje la mitad dentro de ella. Cuando se acostumbro a él me dijo: “Métemela toda de una buena vez”. Sin pensarlo dos veces la embestí con fuerza y escapó otro grito de dolor por parte de ella.

Primero empecé a moverme poco a poco. “¡Más fuerte que me encanta!”. Sin oponerme a su petición me moví más rápido y se la metía lo más que podía. Pensé que nos podrían escuchar los vecinos por los gritos de ella. No me importo demasiado y seguí con mi labor. Fue estupendo poder sentir como me presionaba cada vez que se la metía. Pude notar que tuvo un orgasmo espectacular ya que al mismo tiempo jugaba con su clítoris con una de mis manos. Nos coordinamos de una manera espectacular que estuve a punto de correrme dentro de ella.

En ese momento la voltee y le pedí que se tragara todo mi semen. Se metió todo mi pene dentro de su boca y empezó a jugar con él con su lengua. Me encantaba su forma de hacer sexo oral. No tarde mucho en correrme dentro de ella y sin desperdiciar ni una gota se trago todo mi semen. Siguió limpiando hasta no dejar rastro de lo que había hecho.

Nos recostamos un rato abrazados sobre la cama y comentábamos lo bien la habíamos pasado los dos. Después nos metimos a bañar, y jugamos con nuestros cuerpos enjabonando hasta la última parte. Cuando terminamos, me di cuenta que era muy tarde y me fui a mi casa. Creer que eso me pasó después de conocer a una mujer tan hermosa en tan sólo dos semanas es como un deseo hecho realidad.

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