Las cosas de Rosa relato erotico xxx

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Las cosas de Rosa

Categoría: Sexo con Maduras Comentarios: 0 Visto: 2111 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 11/09/2018, por: daninfiel

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Andaba en el trabajo sin muchas ganas. Con la mente puesta más, en lo que haría con la tarde libre que tenía, que en mis obligaciones.

A mi hija Lucia le tocaba pasar las vacaciones de Semana Santa con mi ex mujer. Asique no tenía que ir a buscarla como el resto de las tardes. Esther había quedado con sus amigas para comer y pasar la tarde, por lo que podía hacer lo que quisiera con mi tarde, sin obligaciones de hija o novia.

Decidí escribir a una amiga con la que tengo de vez en cuando momentos de desfogue, ya que solo me llama cuando su maridito la satura demasiado o esta aburrida de su vida. Le arreglo los bajos y hasta la próxima.

La conversación empieza como casi siempre, preguntándonos como nos van las cosas y si podemos hablar con calma. Hoy la pillé en un buen día. Estaba de vacaciones por la Semana Santa y su marido estaba más pesado de lo normal. Supongo que por la falta de costumbre de tener a Rosa en casa más tiempo de lo normal.

Me encantan los maridos así. Hombres que han perdido el interés por su mujer, prestando más atención a sus hobbies, ya sea la caza el fútbol pesca, etc. dejando a sus mujeres insatisfechas frustradas y cabreadas. Con ganas de que alguien las haga sentirse deseadas especiales, atractivas. David que así se llama el cornudo, es un fracasado como pareja, de los típicos hombres que creen saber de todo pero no demuestran nada, salvo su ignorancia claro. De todo sabe y de nada aprende. Así le pasa, no hay nada que más me guste que follarme a su mujer mientras le pone verde, -Tu sí que sabes y no ese inútil… -Si así dame más! Déjame relajada para que no mande a la mierda a mi maridito… -Joder vaya cuernos le estoy poniendo hoy y este no se va enterar de nada como de costumbre… Son alguna de las perlas que suelta mientras estamos en los previos o follando. Otra cosa que me encanta son los remordimientos de conciencia que Rosa tiene de vez en cuando, Es decir, según ella solo le engaña conmigo, ya que dice que no se puede resistir. -eres un cabrón y sabes muy bien cómo ponerme cachonda… son cosas que me dice instantes antes de dejarse follar. Y luego dice: esto está mal… No está bien que le engañe así. Casi siempre contesto con: la próxima vez lo haremos mejor. Ella se ríe y se le pasan los remordimientos.

Con Rosa he tenido momentos muy especiales, y el que hasta el momento es el momento más excitante de mi vida, que ya os contaré en otro relato. Es una mujer de 45 años madre de 2 hijos de veintitantos, ya que los tuvo joven. Trabaja muchas horas en un trabajo mal pagado, pero que le gusta y se lo pasa bien. Tiene una relación que mantiene por no verse sola (esto es lo que yo creo) porque no son una pareja bien avenida, casi siempre andan discutiendo, por casi cualquier motivo, incluso delante de familia o amigos. Cuando una pareja airea sus trapos sucios fuera de casa, es que la cosa es crónica. Pero hay aparejas que aprenden a convivir así.

Ella siempre saca un ratito casi todas las semanas para salir por la noche con su hermana y otra amiga suya, cuarentonas todas, a pasarlo bien, Obviamente cada vez que salen les tiran los trastos. Normalmente todos los hombres, se centran en su hermana o la amiga, solteras y de mejor ver, según dice ella, A la amiga no la conozco, pero su hermana es cierto que está muy bien. Se consuela diciendo que mejor así, me ahorro el explicar que estoy casada y que no quiero líos.

Yo no soy nada del otro mundo, pero no tengo complejos ni por dentro ni por fuera, y si es verdad que no destaco por un físico que haga girarse a las mujeres cuando paso, pero tengo mi público, que normalmente son fan de mi descaro y mi falta de vergüenza para según qué cosas (el sexo)

Como os decía la conversación empezó con los formalismos de siempre, le pregunte por el cornudo y ella me contesto con un tono de hastío bastante agudo

– ahí anda, trasteando en el salón.

-¿Y tú? repregunté.

-en la cocina haciendo la comida.

-¿a quién?-(Hay que ver el juego que da este doble sentido) Dije en tono de broma.

-Jajaja, como eres-

-¿Yo? Bueno ¿Y qué haces?

– Lasaña, la verdad es que me está quedando muy rica-

– ¡uhmm qué bueno! Llevas delantal para no mancharte,

-Claro- contesto ella,

-¿solo el delantal?

– noooo

– si me hicieras a mí la comida solo te dejaría llevar el delantal.

– ya sé qué tipo de comidas te gusta a ti que te haga. (Estaba claro que hoy entraba al trapo)

– Jajaja, si es que tú cocinas muy bien y siempre te salen unas comidas muy ricas.- dije con un tonito fácil de entender

– ¡Que tonto eres!

– Bueno pues si no estás solo en delantal, ¿qué más llevas?

– Estoy en leggins y camiseta, negras las dos, jajaja hoy lo veo todo muy negro.

-¿qué pasa que David te está tocando el coño más de lo normal?

-Ya quisiera ese tocármelo. Lo que pasa es que hoy justo que podemos estar juntos y que podríamos hacer cosas o ir a dar una vuelta, ha decidido ponerse a chapucear. Asique me tiene la casa empantanada y a mí de los nervios.

-Bueno ¿y qué vas a hacer estos días?

-No tengo nada fijo, poca cosa, descansar, iré a ver las procesiones de Madrid, tengo muchos pecados que limpiar.

– jajaja,… ya te digo si los tienes. Pues seguramente yo también me acerque a ver alguna procesión pero las del pueblo. Paso de ir a Madrid es un follón.

– ¿También tienes pecados que limpiar?

– jajaja… si alguno hay.

– ¿tu? Pero si eres muy buena, que pecado vas a tener.

– los que tú me haces cometer.

Estaba claro que hoy Carmen necesitaba desfogarse y yo no iba a dejar pasar la oportunidad de desfogarla.

-Tengo la tarde libre, asique en cuanto salga del trabajo, voy a tu casa.

-¡Si claro! ¿Y qué más?

-¿no quieres?

-no, no es eso, es que esta David aquí. Y aunque hoy me está tocando mucho los… bueno ya me entiendes. No creo que follar delante de él haga mejorar la situación.

-él te toca los cojones a ti y tu me los tocas a mí, es un acuerdo muy justo, en el que todos ganamos. Los amantes estamos para eso.

-jajaja, no creo que él lo vea como un acuerdo justo. Pero la verdad es que hoy esta para mandarlo a la mierda.

-Carmen, dentro de una hora salgo, en una hora y media estoy en tu casa, y dos minutos más tarde estaré en tu coño.

Ella se dedicó durante los siguientes 10 a mandarme mensajes tratando de que desistiera en ir. No conteste a ninguno. Estaba convencido en ir, aunque llegado el momento, quizás me quedara a dos velas, pero no sería un viaje en balde. Como poco conseguiría que Carmen se sintiera alagada de verse tan deseada. O al menos así sonaba en mi cabeza.

Tal y como me propuse, a la hora y media estaba allí, aparqué 5 o 6 chalets antes de su casa. Podía ver que el coche de Carmen y el de David estaban en su puerta. Y desde allí hice una foto a la calle. Se la mande a Carmen y a los dos minutos recibí la respuesta.

-¡Estás loco! ¿Cómo se te ocurre?

-tengo ganas de follarte, y el que tu marido este en casa me da más morbo.

-¡Ya! Pero no puede ser, si nos pilla se lía la de Dios.

– Carmen estoy muy cachondo tengo la polla dura a menos de 20 metros de ti pero quiero estar a tu lado, quiero morder tu cuello, sobarte las tetas mientras miras por la ventana y friegas, quiero que mi polla correando manche tus leggins negros y que cuando te los vuelvas a poner veas la mancha que mi liquido pre seminal dejo en la zona de tu culo. Para que recuerdes que eres mía que te marque como a una yegua y que te monte en la cocina mientras tu marido andaba por casa sin enterarse de nada. Yo tengo ganas de ti, tengo ganas de comerte ese coño peludo que tienes mientras sigues haciendo lasañita para el bueno de tu marido. Tengo ganas de meter la cabeza entre tus nalgas y respirar tus aromas de mujer cachonda mal follá. Y tengo ganas de ensartarte mi polla cuando pongas tu culo en pompa para meter la lasaña en el horno.

-¡Madre mía! Dame unos minutos, salgo y hablamos.

-no, no, no. No quiero que hablemos. Si usas tu boca va a ser para chuparme la polla después de correrme y no quiero follarte en un descampado como dos quinceañeros cachondos. Quiero follarte en tu casa, porque tú eres una señora y no una puta de descampado.

-pero ¡es que esta David!

-mejor así hay más morbo, ya es hora de que vea y aprenda como te tiene que follar.

No supo que contestar, se quedó en silencio, sabía que en estas situaciones nos podía más el morbo que la lógica. Me la imaginaba dando vueltas por la cocina desquiciada notando como sus bragas estaban empapadas muerta de miedo por lo que pueda pasar y cachonda por lo que quería que pasase.

Finalmente a los 3 minutos de espera sonó el tono de un wasap

-Eres un cabrón.

-y tu mi puta, Abre la puerta o llamo al timbre.

-Puf está bien espera.

Me acerque a la puerta junto al telefonillo. Escribí.

-Estoy a 10 metros de tu coño, ¿me vas a dejar pasar?

No llego al minuto y se abrió la puerta que daba al jardín delantero.

Carmen con la cara descompuesta muerta de miedo y de los nervios. Me hacía señas para que pasara.

Pasé y no la dije nada, me limite a cerrar la puerta con el talón mientras la daba un beso en la boca, con autoridad, dando a entender que no me iría sin lo que había venido a buscar.

– ¡Estás loco! David está en el jardín de atrás. Pero tú te tienes que ir ya. Mi mano derecha la cogía del pelo haciendo que el siguiente beso fuera más fuerte y dejara poco margen a sus suplicas. La otra mano fue directamente a su coño por debajo de los famosos leggins y de sus bragas. Lo tenía empapado, se me escurría flujo entre los dedos y ella se echó hacia atrás poniendo el culo en pompa, tratando de huir del placer que le producía mi tacto.

– Déjame, por favor que nos va a pillar.

– pues date prisa en correrte y así me voy antes.

Cedió, me llevó a la planta de arriba de la mano y me puso frente a la ventana en uno de los cuartos de sus hijos -mira por la ventana todo el tiempo, está en el cuarto de la depuradora, arreglando una fuga pero si le ves salir, me avisas. El estor era blanco y dejaba ver el jardín aunque no creo que desde fuera se viera lo que pasaba en la habitación Mientras yo vigilaba ella se había puesto en cuclillas y me desabrochaba el pantalón, -¡Dios esta polla me va a traer más de un problema!

Y diciendo esto se la metió en la boca, entera, no estaba erecta del todo y le entro sin dificultad, le encanta sentir como se hace grande en su boca. No tardó mucho en conseguirlo. Siguió chupando dejando salir gemiditos de satisfacción, ni me miraba, con la mano izquierda me acariciaba los huevos, con la derecha me pajeaba al ritmo con el que metía y sacaba la polla de su boca, el ¡chup! ¡chup! que provocaba la saliva y sus labios me estaba poniendo a mil. No podía no mirar, allí en cuclillas con la cabeza moviéndose adelante y atrás era una imagen que tengo grabada a fuego. Sus ojos dejaron de mirar mi polla para clavarse en los míos. Sonrío y separó la boca de la cabeza de mi polla dejando ver un hilo de saliva que recogió con su mano para extenderlo sobre lo largo del tronco.- Como te gusta lo bien que me como tú polla ¿verdad?- Si bien Carmen no es una mujer despampanante físicamente, no hay nadie que me ponga más cachondo, y me dé más morbo que ella, principalmente por las frases soeces que constantemente dice mientras follamos. Ya que no suele gemir, sino que se dedica a hablar de manera guarra.

Tras dedicarme esa sonrisa y esa frase de viciosa se incorporó y se apoyó dejando sus tetas de tamaño considerable aplastadas en la mesa que había junto a la ventana, se bajó los leggins y las bragas a la vez, dejándolos a la mitad de la pantorrilla.- Venga, toma ya por lo que has venido, fóllame, cabrón, que estoy que me corro, sin que me toques… Me haces sentir muy puta… ¡ah! ¡Ah! ¡Así! Dios que bien entra… Joder con tu pollita, me llega hasta arriba… Intercalaba sus jadeos con mi entradas y salidas de su coño, con cada empujón un ¡ah! de aprobación. Y entre medias más frases de auténtica puta.

Yo la tenía cogida por las caderas y empezaba a subir de intensidad, cada vez más rápido y más fuerte, mi polla estaba ya dura, y eso la hacía gemir – Fóllame, fóllame vamos… Asiiiii asiiii revienta me… Joder que bien me follas, no sé porque me tengo que conformar con la mierda de mi marido, teniendo esto, soy gilipollas, y una puta, haz conmigo lo que quieras… quiero que te corras en mi coño, como la última vez. Me eché un poco encima de ella para que mi mano pudiera llegar a tocar su clítoris mientras la penetraba. Tenía el coño empapado, y chapoteaba cada vez que metía la polla hasta el fondo, cogí parte de ese flujo y se lo unte por el culo. Metí un dedo sin problemas, ya lo tiene más que acostumbrado por mí, ya que su marido dice que el sexo anal es un asco el muy gilipollas.

-ya te veo las intenciones cabrón, quieres follarme el culo ¿verdad? Eres un pervertido.

-Sí y tu mi puta, y como parece que hoy se te ha olvidado que soy tu dueño voy a follarte el culo.

-sí sí fóllame por todos los lados, no dejes ningún sitio sin penetrar.

Empujaba con el dedo en el culo mi polla levemente hacia abajo, aumentando el roce interno. Metí un segundo dedo en su culo y empecé a tratar de separarlos para dilatarlo. Así estuve follándola con los dedos en el culo hasta que empezó a empujar ella hacia a tras señal de que se iba a correr, saqué los dedos del culo y puse mis manos en sus caderas y la empecé a follar lo más fuerte que pude.

-Sí reviéntame, párteme, tu polla dentro… por favor no te corras dentro, quiero untarme tu leche encima de mi coño… más, más, así, así, más fuerte, más fuerte, quiero que me hagas daño quiero que me revientes, trátame como a una puta por favor… Oh así, así, me corro cabrón… que puta me haces sentir, haces conmigo lo que quieres y… uh me encanta, Dios tu también te quieres correr ¿verdad? Lo noto, noto tu polla enorme ardiendo… Pues córrete en tu putita cabrón, vamos hazlo… Lléname el coño de leche.

-Todavía no Carmencita. Te tengo que follar tu culo para que aprendas a que la próxima vez si te digo que quiero follarte no me pongas tantas pegas.

Yo no aguantaba mucho más asique la saque de su coño empapada en flujos y la puse en la entrada del culo, ayudándome con la mano metí la cabeza de la polla sin problemas y finalmente con las manos en sus caderas fui metiéndola despacio pero sin pausa. -joder Carmen que culo tienes, me vuelve loco. Ella se incorporó un poco ladeando la cabeza, podía ver su cara tratando de acostumbrarse al dolor sin quejarse, aguantaba, ya no era como al principio, sabía que ese dolor inicial se transformaba en placer

-Espera, así me está doliendo mucho.

No me dio tiempo de negarme, se puso de pie y se tumbó boca arriba en la cama que estaba nuestras espaldas, levantó las piernas y las abrió hacia los lados se tocó el coño con la mano y arrastró los flujos de su corrida hacia el culo metiéndose el dedo índice, la agarre por los tobillos y acerque como pude la polla a sus caderas, la levante más a modo que la cabeza de la polla se posara en la entrada del ano.

– ¡metete la polla¡ ordené. Ella cogió su mano izquierda y cogiendo mi polla se la introdujo en el ano. Empuje tratando de mantener la postura y al final entro del todo cuando mis huevos llegaron a los cachetes de su culo Carmen me clavo la mirada

-En el culo la noto más grande todavía, fóllamelo anda relléname de polla este culo de puta desobediente… oh así… más fuerte… revienta a esta perra…

Es escuchar sus soeces me excita más que nada y me vuelve loco. Solté una de sus piernas y la empecé a acariciar el clítoris. Carmen dejo de mirarme, se mordió los labios y empezó a menear las caderas con golpes de secos tratando me meterse más mi polla

-Joder Carmen me voy a correr ya.

-Dame un segundo… uh… espera cabrón reviéntame un poco más.

Dos embestidas más de mi polla y empecé a correrme, Notaba su culo arder, mi polla fluía fácil de dentro a fuera y de fura a dentro dando embestidas secas y duras con cada latigazo de placer.

-Oh cabrón me corro, me corro, otra vez- decía entre suspiros, agarrada a las mantas de la cama, con el cuerpo en tensión, se movía eléctricamente, en uno de esos movimientos de cadera salió mi polla del interior arqueo la espalda y se derrumbó sobre la cama. Se dejó escurrir por el lateral de la cama y acamo de rodillas a mis pies. Levanto la mirada y beso mi polla.

-¡estamos locos! ¡locos del todo! Pero tu polla me da la vida te lo tengo que reconocer, estos polvos me quitan años, me hacen sentir súper deseada y muy guarra.

-Ja, ja ,ja Gracias esa es la intención. No sé porque te obcecas con que no nos veamos más, si luego te lo pasas genial y además estos polvos te des estresan David.

-además de verdad, puf. Hoy me tiene el cabrón este desquiciada con sus gilipolleces, te juro que le mandaría a la… ¡UY!

Dio un pequeño grito y miró hacia abajo, se echó hacia atrás, pude ver pequeño un charquito con los restos de mi lefa que había salido de su culo.

-Ja, ja ,ja ¡que guarra soy! – Y poniendo cara de reflexiva dijo. -Se me ha ocurrido una idea-.

Mojó toda su mano en el charquito y se lo empezó a untar en la pelambrera de su coño.

– ¿qué estás haciendo?

-una maldad por el día que me está dando David. Estoy todavía cachonda del morbo que me produce esta situación. Me voy a quitar este calentón con David. Hoy voy a humillar a este cabrón de inútil que tengo, le voy a pedir que me coma el coño como Dios manda, le voy a decir: David cariño porque no me comes el coño; le encanta que le hable así, conque le daré lo que le gusta. Y el a mí y así se come tu corrida, a ver si de lo que se come se cría – se río, tenía cara de juguetona.

Me has tenido desde que me escribiste con el corazón en la boca y el coño empapado, pero ahora te tienes que ir.

– ¿CARMEN?, ¿CARMEN? – esa voz tronó en mi corazón, me dejo helado, David llamaba a su mujer desde la planta baja, nos habíamos olvidado de él. Mire a Carmen, tenía la cara blanca desencajada por el susto. Pero se recompuso rápido y con la voz temblorosa le contestó –Ahora bajo que me estoy dando la crema-

-JODER CARMEN, TENGO HAMBRE Y LA MESA NO ESTA PUESTA-

En un susurro me dijo- ves lo que te dijo este se va a comer hoy tu leche mezclada con mi mierda como está mandado- Parecía que se había olvidado del pequeño detalle, que yo continuaba en su casa, y que salvo que saltara por la ventana no se me ocurría otra forma de salir. Carmen me saco de los pensamientos de huida. – ahora te esperas un momento, yo cerrare la puerta del salón, baja con cuidado abre la puerta del jardín con el telefonillo y sal por la puerta de la cocina al garaje y de ahí a al jardín por donde entraste. –

Mientras yo me ponía los pantalones y me recomponía la ropa, ella se fue a su baño cogió una toalla y un bote de crema, se untó rápida algo de crema por el cuerpo y se enrolló la toalla.

-YA BAJO ¿HAS PUESTO LA MESA? Gritó mientras bajaba.

Nadie contesto, y la oía farfullar. Me acerqué a la escalera con los zapatos en las manos, y escuchaba a Carmen protestar tratando de saber dónde andaba su marido. Tras uno instante de silencio, la oigo decir. Forzosamente dulce y melosa – Por fin, ¿dónde te habías metido?

-Pues me estaba lavando las manos, pero no se para que si no está la comida.-

Carmen aguantando el tono agradable le contesto, -sí que está cariño-

-¿vas a comer con la toalla?

Dejó caer la toalla -No cariño, no voy a comer con la toalla- Carmen hablaba de la manera más melosa y seductora que la conozco.

-Joder Carmen que puta eres, como te va la marcha-

-anda tonto ven a comer tu comidita. Pero antes cierra la puerta del salón que hace corriente y me enfrío.

Oí la puerta cerrar, conté hasta diez y me puse a bajar las escaleras con la sangre helada y tratando de hacer el menor ruido posible. Al llegar al final de la escalera oí al marido –uhm que puta eres Carmen, tienes el coño empapado y todavía ni te he tocado, aunque huele diferente-

-es una crema nueva, que me ayuda a lubricar, anda cabrón calla y come el coño a tu putita, que me tienes abandonada.

Hice lo que me indicó y unos instantes después estaba en el coche, di un suspiro profundo, para sacar toda la tensión. Arranque el coche y me fui a mi casa. Mientras conducía sonó un wasap. Al terminar de aparcar en el garaje de casa, mire el móvil. Era una foto enviada por Carmen. Se veía a su marido de rodillas a los pies del sofá con la cabeza entre las piernas y comiendo con ojos de placer el coño de Carmen. Me sonreí y contesté.

-Qué mala eres, lástima que me tenga que ir. A ver si un día hacemos de tu marido un cornudo consentidor.

Me fui con ganas de más, pero es lo que tienen este tipo de polvos, que crean adición, y esa emoción es difícil de calmar.

Os agradezco los comentarios críticas etc. Si me quieres escribir mi correo es qseadp@gmail.com

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