Se la meti por el culo en la oficina relato erotico xxx

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Se la meti por el culo en la oficina

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Ajustar texto: + - Publicado el 10/11/2016, por: Anonimo

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Bea, como así la gustaba que la llamaran (Beatriz), trabajaba en la Oficina de Correos de una provincia cercana a Madrid. Era una muchacha de unos 24 años aproximadamente, muy delgada, pero tampoco muy alta, lo que la hacia una chica proporcionada, con las formas muy marcadas, morena, tanto su mirada, como su tez y su cabello; largo y lacio hasta prácticamente la cintura.

Sus pechos eran pequeños, pero parecían mas grandes debido a su delgadez, su culito muy marcado junto con sus caderas, las cuales siempre quedaban bastante señaladas en su cuerpo.

Bueno, a todo esto debo indicar que mi nombre es Daniel (Dani) tengo 33 años y trabajo en una gestoría, lo que continuamente me provoca desplazamiento a dicha oficina con el consiguiente calentón que sufro al ver a Bea. Tanto roce como podéis imaginar hizo que mi relación con ella pasara del simple “buenas tardes” al “hola que tal estas” y de ahí al “saludo por la calle” sin prácticamente habernos parado a charlar.

Pero todo cambio una tarde de noviembre del año pasado. Me acerque a la oficina de correos a enviar un Burofax y unos cuantos certificados, cogí mi numero de rigor, y esperé a que fuera mi turno En ese momento estaban dos personas atendiendo al publico y una de ellas era Bea (prácticamente no me fije) pronto fui atendido y tuve la suerte de que fuera Bea.

Todo marchaba como de costumbre, pero surgió un problema, el Fax no aceptaba mi envío tras varios intentos inútiles, lo que motivo que viniera el Jefe de Servicio, el cual me invitó amablemente a que viera como se realizaba el envío desde una sala contigua de clasificación de cartas, allí nos desplazamos los tres. Bea, estaba nerviosa e insistío a su Jefe realizar ella misma el envío, tras lo cual el mismo nos dejo solos a los dos. El ambiente era muy frío, pues la sala aproximadamente de unos 50 m2infundía a ello.

La muchacha repetía una y otra vez que no “entendía” porque no funcionaba su fax, que toda la tarde habia funcionado.

En ese momento, justo en ese momento, me fije detenidamente en ella, vestía unos vaqueros Levi´s 501 muy justos, cinto de piel marrón ancho, y un jersey de hilo de cuello alto muy ajustado, fino, tan fino que permitía metérselo por dentro del pantalón.

Yo situado detrás de ella no podía dejar de mirar su culito, “que coño de culito” CULO, porque era un señor culo, ajustado, (por cierto sin marca de braga) lo que me inducía a pensar que llevaba tanga.

Realmente no se como paso, pero cuando estaba agachada y se levantó la tome por la cintura de espaldas y la apreté contra mi pecho, (espere llevarme un guantazo), ella no dijo nada, realmente no hizo nada.

Se dejó llevar como si nos conociéramos de toda la vida, o como si lo estuviera esperando, tal vez por el ímpetu, pero así fue.

Yo también, me hubiera gustado poder dedicarla mas atención, pero las circunstancias, el lugar, la situación, no lo permitían y ella lo sabia.

Jamás la desnude pero me la folle, ¿como que si me la folle? Como dios manda (o asi creo).

Rápidamente, desabroche su cinturón, y baje a media altura esos jeans que llevaba (no sin trabajo, por lo ajustado que los llevaba), su tanguita, como ciertamente pensé, era negro, de esos de tira, fino, finísimo, que se introducía en la raja del culo y labios vaginales prácticamente sin notarse, y su piel era fina, finísima y suave como los melocotones.

Yo, sin mediar palabra, descendí rapidamente hasta su ano, el cual lamí, desesperadamente, prolongando la operación hasta su clítoris, fresco, muy fresco (“es una sensación que siempre me pasa con las mujeres que llevan tanga. Su coño tiene algunos grados menos de temperatura”). Rápidamente me bajé la bragueta, mi berga, estaba roja, hinchada, a punto de estallar,(“circunstancia que de pensar que nos pudieran pillar, nunca hubiera estado así”), jamás pretendí que me la chupara, pues no tenia tiempo, tenia de romper aquello, de una manera o de otra, pero romperlo.

Apunte mi glande sobre su raja, y apreté; tengo de reconocer que apreté, todo lo que pude y entre, entre en su coño.

Comencé a follármela, con fuerza, pero no me hizo falta; Bea tenia una cavidad vaginal, ampliamente dada de sí, pese a su reducido tamaño físico. En ese momento yo me encontraba ya sentado en una silla giratoria y Bea encima de mi de espaldas y abierta, muy abierta. Mientras continuaba el “va y ven” yo la ayudaba al mismo agarrándola por las caderas, huesudas, marcadas por su delgadez, pero hermosas. Bea pese a parecer una muchacha limpia exteriormente, era una cerda, pues su coño desprendía un olor fuerte mientras follábamos, pero agradable; y su ano, cuando se lo comí anteriormente vislumbraba algún que otro resquicio de suciedad, pero no me importaba, estaba buenísima y este era mi momento.

La muchacha disfrutaba, pero debido al lugar donde nos encontrábamos contenía sus gemidos, cosa que yo también tenía que hacer.

Acto seguido, me decidí a romperla el culo. En la misma situación que nos encontrábamos, no me era difícil sujetar a Bea con una mano y con la otra apuntar mi glande sobre su ano.

Ella no dijo nada, yo esperaba que se negara, pero no dijo nada. Circunstancia que me hizo presagiar que no era el primero en explotar ese lugar. Efectivamente sin lubricación alguna, solo con los jugos vaginales que habían resbalado de la penetración vaginal, se la introduje, a media altura, hasta la mitad.

En ese momento Bea soltó las manos que tenia apolladas en mis piernas y las dejo en el aire, (yo estaba anonadado) y cual fue mi sorpresa que se quedo en vilo, solamente sujeta por su pies al suelo.

Sabia perfectamente lo que hacia.

Posteriormente se introdujo una mano por dentro del suéter y comenzó a acariciarse los pezones y con la otra se tocaba el clítoris, ella sola.

Sin decir nada comenzó a flexionar las rodillas para iniciar el “vaivén” respectivo. Yo alucinaba, “me estaba follando ella a mí”.

Para contribuir a su trabajo, levanté de un golpe seco la pelvis de la silla, y entro “valla si entro” toda de un solo golpe. El movimiento fue frenético, aquello era la gloria, su ano se ajustaba perfectamente a mi polla, estábamos acoplados de una manera integral, tanto que en un abrir y cerrar de ojos me corrí dentro de su ano. En ese momento pensé que aquello había terminado, pero no, ella seguía, necesitaba satisfacer su placer y yo no podía defraudarla.

Yo tenia una sensación agridulce dentro de mi, por un lado me estaba follando a una delicia de muchacha, pero por otro lado aquello no tenia ningún merito, ese ano había sido dilatado en muchas ocasiones pese a la corta edad de la muchacha, lo que unido al lugar donde estábamos y las circunstancias del momento indicaban que ella estaba acostumbrada a ese tipo de juegos.

Mientras seguía disfrutando de su ano, el cual por cierto, veía desde mi posición como se tragaba mi polla con facilidad, contemplaba como se desprendía una sustancia lechosa (cuando mi polla estaba en la posición mas alta y fuera del ano), de un color café con leche, era como “crema oscuro”, posiblemente producto de mi primera descarga de semen y residuos de excrementos que lógicamente se encontraría en sus intestinos. De repente ella hizo un movimiento brusco de columna hacia atrás. Concretamente hacia mi, lo que facilito que con una mano tocara por el interior del jersey sus pechos pequeños y firmes, bajo un sujetador de relleno; y con la otra mano acariciar el bello situado encima de su clítoris (Bello escaso, pero no depilado, de poca altura, posiblemente rapado, en alguna ocasión) el cual me llamó mucho la atención, pues, solo era de unos centímetros de longitud hacia el ombligo.

“Era una muchacha perfecta para llevar tangas o bragas de talle corto, pues su mata de pelo era testimonial. “

En ese momento el vaivén se hizo frenético y ella tuvo un orgasmo de fuerte caudal, tanto que mis canzoncillos y mis pantalones, situados a la altura de los tobillos, quedaron impregnados de aquella sustancia viscosa.

Sin mediar palabra, Bea, de desacopló, volvió a colocarse la tirita del tanga en su sitio, pues en ningún momento se lo quitó y se subió los pantalones, con una mirada picara me dijo “vamos que hay que poner un Burofax” y acto seguido conectó la maquina. Simplemente la enchufó a la red eléctrica. Me sentí engañado, con una cara de “gilipollas” cuando me dirigía a la salida que no os podéis imaginar; y para colmo los compañeros de Bea la saludaban muy amablemente.

La chica se tenia que haber “follado” a toda la dependencia del Servicio de Correos de la provincia, y yo era una muesca mas en su coño.

Los días pasaron y cuando yo me acercaba a Correos y ella estaba allí, todo era como al principio saludos y nada mas. Nada mas, porque una vez directamente en la ventanilla, donde ella atendía al público, la dije que deseaba volver a follarla, pero esta vez en mi casa, con calma y a mi gusto, pero nunca aceptó. Siempre se evadía.

Una de dos, “o no estuve a la altura de aquella muñeca” ó “Bea, era una ninfomanía, una putilla que no cobraba, pero en definitiva una putilla”.

Al poco tiempo deje de ver a Bea en Correos, meses después me la encontré con un muchacho, de la mano, por la calle, y ella con un abrigo largo, denotaba un cierto volumen en su cintura, ¡ madre mía, estaba preñada !

La saludé como de costumbre con un hola y adiós, y pensé “saldrá el bebe con una carta debajo del brazo”…

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